“Me gusta esta idea del enamoramiento que dices, porque se podría decir que escribir es una especie de voluntad de enamoramiento de las cosas y que una de las maneras de enamorarnos de las imperfecciones del cuerpo es proponerse poetizarla. Ahí se genera un compromiso en la cercanía similar a la amorosa”, dice el escritor Andrés Neuman.
Guadalajara, Jalisco, 1ro de diciembre de 2023 (MaremotoM).-Andrés Neuman es un escritor que se pasea entre géneros, desde el ensayo y la narrativa, hasta la poesía. Sin duda uno de los autores contemporáneos que examina con minucia la realidad para traducirla a través de su escritura. Justo eso es lo que hace en su libro, Anatomía sensible (Páginas de Espuma), obra que fue el tema central de nuestra conversación en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
—Este libro, me parece, es un híbrido entre la narrativa y la poesía y tocas un tema muy importante, el cuerpo que habitamos, damos por hecho que está ahí y nos movemos gracias a él, pero no le ponemos la atención que tú nos obligas a prestar.
—Bueno, estoy de acuerdo con las dos cosas, por un lado, es un libro que deliberadamente juega con las fronteras entre los géneros, géneros entendidos desde el punto de vista identitario y desde el punto de vista formal de la escritura. La novela del cuerpo compuesto por pequeños cuentos, poéticamente escritos que ponen en discusión temas más propios del ensayo o de la no ficción. Participa de todos los géneros sin asentarse en ninguno. Supongo que es una especie de estrategia poética y sería empezar a mirar el mundo de nuevo, empezando por lo más próximo, No tiene que ver con Júpiter a través de un telescopio, sino mirar el lugar en el que estás parada, ¿qué es lo que más damos por sentado? Lo que llevamos puesto todo el día, el cuerpo. Este espacio sometido a restricciones, prejuicios, tradiciones, invisibilizaciones, opresiones, represiones, agresiones. El cuerpo a duras penas sobrevive parcialmente y de manera muy sesgada a todo ese cruce de intereses, miradas, violencias, costumbres y entonces nos damos cuenta de que en realidad miramos los cuerpos, propios y ajenos, siempre de las mismas maneras. Las únicas excepciones que a mí me parecen muy interesantes son los fetichismos, la filia, pero los fetichismos también llegan a un momento en que se fosilizan, la idea sería inventar nuevos fetichismos que procedieran de la discusión con los justos hegemónicos. Un ejemplo del libro sería la reivindicación que hay del codo. Podemos afirmar que si hay un lugar que no ha recibido amor atención y deseo, es el codo. A mí me parece simbólico y misterioso, porque es la única parte del cuerpo que dice siempre la verdad, el cuerpo nace viejo. No hay codo joven, es rugoso y áspero, oscuro y un poco hostil. El codo es un punto difícil y muy interesante. Fíjate lo que pasó en pandemia con él, el codo era, de pronto, nuestro punto de encuentro. Luego prohibieron hacer contacto con el de otras personas porque en el codo se ponían el tapabocas, estábamos tosiendo y estornudando en el reverso, por lo tanto, había gérmenes con los que podía haber contagio. El codo pasó de olvidado, a protagonista y de protagonista se creó un tabú, una censura. ¿No sería interesante pensar ese fenómeno accidental de la pandemia y el codo, para aplicar esa posibilidad al resto del cuerpo? De eso trata Anatomía sensible (Páginas de Espuma), mirar el cuerpo de pies a cabeza y someterlo a la misma descentralización y revisión de las jerarquías como las que vivimos con el codo durante la extraña era de la pandemia.

— A través de la piel es que nos acercamos a otras personas, sentimos frío, calor, las energías. Es de lo más hermoso que tenemos y a veces olvidamos el poder que posee, tú empiezas por ahí, pero recorres el cuerpo entero y engrandeces esos poderes que tienen.
—De eso se trataba. Por un lado, desdramatizar las zonas de las que hemos abusado en nuestro imaginario. Había que hablar de los genitales, del pecho, de las nalgas, pero hacerlo a contracorriente, parodiando nuestra obsesión y concediéndoles una importancia desmesurada a lugares como el tobillo, el codo, la sien. Ahí había un juego de redistribuir la atención, a modo de cuestionar y des automatizar nuestro gusto, pero también ampliar la perspectiva. El cuerpo se vuelve una obra de arte imperfecta, inagotable de pies a cabeza, es defender el cuerpo en toda su amplitud. Lo que Photoshop elimina, la escritura lo ilumina. Empieza por la piel y termina en el alma.
—¿Cómo surgió la idea de hacer un libro de este tipo, en el que utilizas el lenguaje para posar la mirada, ajena y propia, sobre las partes ignoradas del cuerpo?
—Me fui dando cuenta de que en mi obra cada vez se volvió más importante la presencia de cuerpos, no canónicos. Era una especie de presencia obsesiva, fracturas, cuerpos vulnerados, heridos, con cicatrices, cuerpos que hacen bandera de su imperfección, cuerpos que irrumpen en un marco de expectativas y las alteran. Y de pronto pensé ¿por qué no hago un librito sobre los cuerpos no canónicos? Estoy muy harto del bombardeo cosmético. Un día hice una búsqueda en Google y puse la palabra belleza y me escandalicé con los resultados. No es un paisaje, un atardecer, son modelos, rubias, delgadas. Un cuerpo canónico, elitista y doloroso, porque para alcanzar un cuerpo así tienes que exponerte a toda clase de trastornos psicofísicos y emocionales que a veces llevan a la muerte. Mi libro es una respuesta ante la imposición. Imagínate una búsqueda de la misma palabra que te mostrará una figura no canónica, lo revolucionario que sería. Todo canon es excluyente y problemático, es realmente uno de los grandes problemas de nuestra sociedad. ¿Cómo te sales de ese marco sin proponer uno alternativo? Me parece que, en la medida en que tengamos un repertorio de canciones, películas, poemas, libros donde se dignifique, celebre y visibilice todo lo que el Photoshop excluye, entonces nos vamos a sentir nombrados y representados por la historia de la belleza que se construye con cada foto. Este librito es un granito de arena que contribuye a intervenir el imaginario.

— Cuando estamos enamorados vemos esos detalles de las arrugas que se le hacen en los ojos a nuestra pareja, las cicatrices, la asimetría, las manchas en la piel, etc. Toda imperfección se convierten en una cualidad. Cuando leí el libro pensé en esa otra mirada que se despierta con el enamoramiento.
—La atención que les prestas, claro. Es una cuestión del punto de partida de la mirada y del vínculo de afecto. Esas imperfecciones en sí no son ni bellas ni feas, son un fenómeno sensorial que necesita ser interpretado y decodificado. Y cuando lo hacemos desde el afecto y la atención se produce ese efecto de belleza, entonces la belleza es el resultado de una voluntad de la mirada y de un vínculo con lo observado. Me gusta esta idea del enamoramiento que dices, porque se podría decir que escribir es una especie de voluntad de enamoramiento de las cosas y que una de las maneras de enamorarnos de las imperfecciones del cuerpo es proponerse poetizarla. Ahí se genera un compromiso en la cercanía similar a la amorosa.











