Eduardo Piastro

La alegría por la música no acaba: Eduardo Piastro

Ay, ¿qué te digo? Son dos caras de la misma moneda. Incluso, agregaría la tercera, que es la de la composición. La labor docente, esa idea de mantener una discusión continua, un hablar en voz alta y estar como intercambiando y dilucidando para dónde caminar, qué tradiciones nos interesan más y dónde rompemos, me parece apasionante. Estar tocando tiene una magia que es doble, porque por un lado está la relación que se produce con los colegas y esa otra magia que tiene que ver con lo que proyectas hacia la audiencia.

Foto de la portada: Cortesía Fernando Aceves

Ciudad de México, 4 de noviembre (MaremotoM).- Entrevistar a Eduardo Piastro es hacerlo en el centro de la música contemporánea mexicana, no sólo porque es un excelente guitarrista de jazz, sino porque es un docente incansable y además un compositor que investiga y aporta para los sonidos de esta ciudad bulliciosa y energética.

Integrante fundador de los proyectos Astillero (1983) y Montage (1986) y como sideman en los proyectos de Tania Libertad, Gerardo Batiz, Betsy Pecanins, Hernaldo Zúñiga y Lila Downs, entre otros, cursó la Licenciatura en Jazz de La Escuela Superior de Música de donde es egresado y en 1994 es contratado como maestro. En 1998 estudia composición con el director de orquesta canadiense Dave McMurdo y en 1999 graba su primer disco como líder, La Banda de Moebius.

En 2002 graba All de Songs You Are y en 2004, Doce Tonos de Azul (URTEXT). En 2009 es nombrado Coordinador de la Licenciatura en Jazz de la ESM, puesto que ocupa hasta el año 2016, en el que desarrolla el proyecto 21 Estudios para Guitarra. Ha recorrido la República dando cursos, trabajando como divulgador, promotor y presentando sus proyectos musicales, editoriales y radiofónicos.

ENTREVISTA EN VIDEO A EDUARDO PIASTRO (VE, ESCUCHA)

En 2019 apareció su grabación Feet On The Grass, del Eduardo Piastro Trío, con apariciones de John Snauwaert. Es invitado a componer la música de la obra del dramaturgo mexicano Sergio Magaña, reposición del primer musical mexicano de la historia de nuestro teatro. En el 2024 termina su proyecto de composición 5 obras para Big Band y cumple 30 años como docente en la ESM.

El 8 de noviembre empieza la gira mexicana de su trío con el saxofonista invitado John Snauwaert, conciertos que hacen año tras año y que en esta edición también contará con la colaboración de la cantante y compositora Emilie Mover.

–Los músicos tocan y tocan, ahora traes a un saxofonista belga y el jazz sigue, ¿verdad?

–Siento que en estas últimas fechas, la Ciudad de México adquiere un carácter cosmopolita muy impresionante. Toda esta idea del carácter cosmopolita, repercute en el tema de la música y de los lugares para tocar. Hay una efervescencia, cada vez hay más lugares, es más fácil grabar discos y el movimiento es muy intenso. El orgullo es que no solamente es de jazz, sino que en realidad es de todo. Cada estudiante de estas escuelas va adquiriendo una especialidad, a algunos les gusta una cosa, a otros la otra, va ampliándose mucho.

Eduardo Piastro
La alegría por la música no acaba, independientemente de todo lo que puedan ser los movimientos y las facilidades o dificultades, pues ahí estamos. Foto: Cortesía Facebook

–Hay muy buenos músicos, además. Estás tú, Aarón Cruz, Álex Mercado…

–La alegría por la música no acaba, independientemente de todo lo que puedan ser los movimientos y las facilidades o dificultades, pues ahí estamos. Yo estoy todo el día dándole a la música y tengo tres proyectos. Uno de ellos es el Eduardo Piastro Trío, que funciona todo el año. Luego lo de noviembre, cuando llega Jon Snauwaert, de Bélgica, que esta vez llega de Nueva York. En esta ocasión también viene con Emily Mover, que es una cantante con la que vamos a estar trabajando también.

–Antes de hablar del concierto, me gustaría mucho hablar de educación. Me parece que hacen falta muchas escuelas de música en México…

–Tenemos solamente tres universidades en la República que meten programas de jazz. Está la Unicach, en Chiapas. La Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, en Xalapa y la Escuela Superior de Música, aquí en la Ciudad de México. Hay varias escuelas de música a nivel estatal y establecen un movimiento muy interesante.

–¿Ahora hay paro en tu escuela?

–Sí, es un paro que hacen los estudiantes. Ellos piden a la Universidad un mayor enfoque de las autoridades, que las autoridades los vean, nos vean. La austeridad en la que hemos vivido durante tantos años, donde la pasión siempre ha estado, pero con un poco de apoyo, iría mejor. Tampoco es que sea una cosa enorme la que se pide, no dejar caer edificios tan bonitos como los de Coyoacán, por ejemplo. Que los estudiantes puedan ir encontrando facilidades y sean parte también de este boom de las escuelas, pues las plataformas digitales han acercado mucho a la gente al interés por otro tipo de música.

–¿Cómo te estás llevando con el instrumento, teniendo en cuenta que en estos últimos años has crecido mucho como compositor?

–Para mí todo es lo mismo. Siempre encuentro espacios por todos lados para lograr lo que me propongo. Tengo la fortuna de ser un maestro de tiempo completo en la Escuela Superior de Música y eso tiene ciertas atribuciones, ciertas facilidades, que me apoyaron. En el 2017 tuve mi primer año sabático y seis años después, en el 2023, tuve el segundo. Son años completos, en el primero dediqué a escribir veintiún estudios para guitarra y en el segundo hice seis piezas para Big Band. Investigué lo que significa la escritura para orquesta, lo que significa la composición desde un punto de vista más sólido. La gente a veces se imagina que el año sabático es como descansar, pero no es así.

–¿Hay una editorial que imprime tus productos?

–Eso también tiene que ver con que yo mismo me concentre en un momento extra. No solo es la hora de la composición, sino la hora de la revisión, ver cómo lo haces con la editorial. Muchos amigos han encontrado espacios en Japón. Otros, en España.

–¿Qué te seduce más, tu labor docente, o tu labor de intérprete?

–Ay, ¿qué te digo? Son dos caras de la misma moneda. Incluso, agregaría la tercera, que es la de la composición. La labor docente, esa idea de mantener una discusión continua, un hablar en voz alta y estar como intercambiando y dilucidando para dónde caminar, qué tradiciones nos interesan más y dónde rompemos, me parece apasionante. Estar tocando tiene una magia que es doble, porque por un lado está la relación que se produce con los colegas y esa otra magia que tiene que ver con lo que proyectas hacia la audiencia.  Esas son magias que solo el escenario te regala. Luego está la investigación, que es maravillosa. Si me voy a decidir por alguna, sería la de tocar, por supuesto.

–¿Qué va a pasar el 8 de noviembre?

–Hay un restaurante divino que se llama Tristán, en La Condesa. Carlos López Beltrán y sus socios le estuvieron dando impulso al jazz y se va creando un ambiente muy bonito. Yo prácticamente he estado tocando una vez al mes desde junio. Ya tienen claro de cómo suena el Eduardo Piastro Trío. El 8 de noviembre estaremos allí con John Snauwaert y renovaremos gran parte del repertorio.

–O sea, vamos a escuchar música y vamos también a comer rico y a tomar también

–Sí.  Además, eh, hay como un orden, es bonito eso, porque tú entras, comes primero y después ya te vas al fondo, a escuchar la música. El sábado 9 vamos a estar también ahí, pero esta vez con Emily Mover. Seremos un trío, ella, John Snauwaert y yo. Luego John se va a Oaxaca y al final de su estadía en México, tocaremos en Jazzatlán y en El Convite.

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