Imanol Caneyada

IMANOL CANEYADA | LA LITERATURA ES UNA TRINCHERA PARA NO OLVIDAR

En un país herido por la desaparición y la impunidad, donde los laberintos burocráticos asfixian más que el crimen mismo, la nueva novela de Imanol Caneyada, Cuerpos sin nombre (Tusquets), emerge como un acto literario profundamente político, cargado de rabia, humor y humanidad. No es solo una novela sobre desaparecidos. Es, en palabras del propio autor, “una distopía que ya es realidad”.

Ciudad de México, 10 de julio (MaremotoM).- “No necesito inventar nada. Basta con mirar los camiones refrigerados llenos de cadáveres dando vueltas por Jalisco, porque ya no hay espacio en los servicios forenses. Esa es nuestra distopía cotidiana”, afirma Imanol Caneyada, autor de la novela Cuerpos sin nombre (Tusquets).

Caneyada no escribe por entretenimiento, ni se refugia en lo abstracto. Tiene claro su lugar en el mundo y en la escritura: “Me cuesta entender la literatura desde otro lugar que no sea político. La novela es, por naturaleza, un género social. Los Miserables, Guerra y Paz son textos profundamente políticos.”

Y lo dice con conocimiento de causa. Su obra —que incluye títulos como Un camello en el ojo de la aguja, Tardarás un rato en morir, Espectáculo para avestruces, Las paredes desnudas y Hotel de arraigoacreedora al Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares en 2015— ha puesto el foco en los temas más duros de la vida pública mexicana: violencia, corrupción, represión y olvido.

“En México se construyó una idea elitista y despolitizada de la literatura. Pero la realidad nos atropelló y la literatura tuvo que sacudirse ese aburguesamiento para hablar de lo que importa.”

Imanol Caneyada
Editó Tusquets. Foto: Cortesía

Los monstruos somos nosotros

En Cuerpos sin nombre, Caneyada retrata una familia común que atraviesa la desaparición de su hija, pero lo hace desde lo grotesco, lo farsesco y lo simbólico. El tono de la novela alterna entre la denuncia y la sátira, sin perder el foco en el horror: “La burocracia mexicana es una fábrica de monstruos. Te borra como persona. Te convierte en trámite, en silencio, en impotencia.”

El autor insiste en que los verdaderos monstruos ya no asustan porque están normalizados: El monstruo ya no está en las sombras. Está institucionalizado, tiene nombre, firma oficios, viste de traje. Ya no nos asusta porque no lo reconocemos.”

Imanol Caneyada
El monstruo ya no está en las sombras. Foto: Cortesía

Una distopía que ya llegó

Aunque el tono parezca de ciencia ficción, Caneyada se resiste a esa etiqueta. Lo suyo es más real que cualquier realismo mágico. “Vivimos fuera de la ley. Las madres buscadoras ya no denuncian: excavan. Porque el Estado no busca, ni quiere buscar.”

Y en esa indiferencia generalizada, donde lo insólito ya no sorprende, el autor ve un peligro mayor: “Hemos perdido la capacidad de indignarnos. La brutalidad cotidiana ya no nos conmueve. Y ese, Mónica, es el gran triunfo del monstruo.”

¿Por qué escribir sobre esto?

La pregunta es directa: ¿qué sentido tiene escribir novelas sobre temas irresueltos como la desaparición forzada?: “En un mundo donde somos testigos de un genocidio en vivo y seguimos pagando la tarjeta de crédito o yendo al concierto de Shakira, la literatura puede sacudir, recordar, poner rostro a las víctimas.”

Imanol Caneyada lo tiene claro. Para él, la novela no reemplaza al periodismo, pero tiene una herramienta única: el personaje. “La literatura no da datos. Da empatía. Y eso es lo que más necesitamos.”

Patriarcado, justicia y otras ficciones

El universo de Cuerpos sin nombre es profundamente masculino, como lo es el sistema que lo sustenta: “El capitalismo es un invento patriarcal. Y este necrocapitalismo que vivimos en México genera violencias múltiples —incluso contra los hombres— pero sobre todo contra las mujeres, los cuerpos disidentes y racializados.”

Cita a Rita Segato y reflexiona sobre los feminicidios, la trata y el abandono institucional: “En México desaparecen niñas porque son mercancía sexual. Y el Estado mira para otro lado. Esa es la verdad más terrible.”

Cuando escribir duele

Sobre su trabajo en torno a la Guardería ABC —una tragedia que dejó 49 niños muertos en Hermosillo—, Caneyada se sincera: “Escribir esa novela fue un dilema ético. ¿Tengo derecho? ¿Es legítimo contar esto? Pero no lo hice desde la comodidad, sino desde el dolor.”

Ha recibido amenazas, pero no por sus novelas: por su periodismo. Porque, como él mismo dice: “La literatura no les inquieta. No les parece peligrosa. Y eso también dice mucho de cómo la miran.”

Imanol Caneyada escribe desde el filo. Su literatura es, al mismo tiempo, trinchera, espejo, puñal y refugio. En un México sembrado de fosas, sus palabras buscan lo más difícil: no olvidar. Y quizá, algún día, despertar.

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