Aquí podría terminar la nota, porque todo lo ha explicado y explica Villoro, pero también es lindo ir a los autores para explicarle por qué han escrito esta novela, tan clásica, tan perdurable, que ha ganado el Xavier Villaurrutia en 1977. ¿Cómo es esta novela leída a tantos años y que aparece ahora como un gran homenaje a José Carlos Becerra, ese poeta amado y muerto pronto, prontísimo?
Ciudad de México, 31 de agosto (MaremotoM).- Siempre aprendo de Silvia Molina. Una manera de aprender de un exiliado, tratando de conocer la vida literaria reciente, que no ha podido disfrutar en persona.
He leído el libro maravilloso La república española es un pañuelo (Cuadernos del Seminario), unos recuerdos de infancia por medio de los cuales hace honra a la herencia y a todo lo que nos ha dado los refugiados de ese país durante la pasada Guerra Civil.
“Mi padre, siempre mi padre. Sigo sentada en el pórtico de la casa, pero no llega. Quería contarle que murieron sus hermanos de pluma y aventuras y que dejaron unas palabras escritas para él”, dice en un libro pequeño pero que se hace gigante con la memoria de tantas personas importantes que han pasado en el siglo XX, entre ellas su padre, el político y escritor Héctor Pérez Martínez, subdirector del desaparecido periódico El Nacional y gobernador de Campeche.
“Aunque muchos españoles fueron a dar a la Argentina, el apoyo que recibieron en México fue increíble. Aquí se instalaron como si fuera su casa. Ya tenían ciertos contactos y pudieron echar raíces aquí, aunque desde luego el exilio es tremendo”, dice Silvia Molina, la autora.
Ahora leo con mucha satisfacción la novela La mañana debe seguir gris (Fondo de Cultura Económica), del que Juan Villoro ha dicho “es una novela entrañable” y ha dicho más: “En este sentido, aunque se trata de una novela generacional, cualquier joven de cualquier época se puede identificar con ella. Lo cierto es que esta novela nos deja ver la sensibilidad de esa joven que después se convertirá en una de las voces más nítidas de la literatura mexicana, la escritora Silvia Molina.”

Aquí podría terminar la nota, porque todo lo ha explicado y explica Villoro, pero también es lindo ir a los autores para explicarle por qué han escrito esta novela, tan clásica, tan perdurable, que ha ganado el Xavier Villaurrutia en 1977. ¿Cómo es esta novela leída a tantos años y que aparece ahora como un gran homenaje a José Carlos Becerra, ese poeta amado y muerto pronto, prontísimo?
“La novela se siguió reeditando –dice Silvia-. Ahora con el Fondo me da mucho gusto, porque la novela tiene mucha difusión. La tuve que releer ahora y no me reconocí en esa escritura. Esa novela se escribió en un tiempo y creo que la echaría a perder ahora si la reescribo. Sí reconozco ciertos rasgos de esa escritura sencilla que tengo yo. Cuando empecé a escribir yo quería hacer metáforas y un buen día me di cuenta de que no podía. En un taller con Hugo Hiriart me enseñó que escribir era borrar”.
La historia de amor contada por Silvia Molina tiene una cierta ligereza. Es una escritura sencilla que llega a los lectores de forma directa.
“En realidad esa novela es muy sencilla, pero tiene su chiste. Tiene una estructura pensada, como la cronología que hay al principio, en donde muestro que José Carlos había muerto, algo que ya sabían los mexicanos. Fui a la hemeroteca, de cosas que fueron pasando en ese tiempo, cosas fuera de lo común y también José Carlos no tenía voz en ese libro, la historia no fue la que yo viví, sino que inventé una ficción”, dice esta escritora que se califica como “solitaria”.
“Ni sé ni me importa la promoción. Escribes porque tienes la necesidad de escribir, de contar, la verdad es que no estoy pensando en la publicación. En los últimos años he escrito mucho para niños, lo que tiene una muy buena acogida, se vende muy bien, se traduce fácilmente, la verdad es que no estuve pensando en quién me va a publicar”, afirma.
Lo que es cierto es muchas de las escritoras jóvenes hoy deberían acordarse de esta generación, pues son escritoras dinámicas, muy jóvenes todavía y no olvidarlas ahora para recordarlas el siglo que viene.

Silvia Molina nació en la ciudad de México en 1946. Estudió antropología en la ENAH y es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Realizó estudios de posgrado en literatura prehispánica y perteneció al seminario de traducción de documentos en náhuatl dirigido por Víctor Castillo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Fue editora de libros especiales en PROMEXA, Directora Editorial de CIDCLI y Ediciones Corunda. Ha dirigido talleres de creación en Difusión Cultural de la UNAM y en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución, donde impartió las materias de Literatura Mexicana y Redacción durante varios años.
Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores (1979), del International Writing Program de Iowa, USA (1991), del Fideicomiso para la Cultura México-USA (1994) y del Sistema Nacional de Creadores de Arte (1995-1998 y 1998-2000). Fue agregada cultural de México en Bélgica (2000-2004), Coordinadora Nacional de Literatura del INBA (2004-2007), Coordinadora Nacional de Publicaciones de las Conmemoraciones del 2010 (2008) y Coordinadora de Publicaciones del INBA (2009-febrero 2011).
Ha escrito novela, cuento, ensayo, crítica literaria, teatro, crónica y literatura infantil. Recibió el Premio Xavier Villaurrutia (1977) por La mañana debe seguir gris, el Nacional de Literatura Infantil Juan de la Cabada (1992) por Mi familia y la Bella Durmiente cien años después, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (1998) por El amor que me juraste, el Premio Leer es Vivir de la Editorial Everest en España (1999) por la novela para jóvenes Quiero ser la que seré y el Antonio García Cubas por Álbum de la Patria. Su novela El amor que me juraste fue candidata en la Short List del Premio Internacional IMPAC de Dublin, Irlanda, en 2001. Fue vicepresidenta del Seminario de Cultura Mexicana. Actualmente es vocal de la Sociedad Alfonsina Internacional, pertenece al Seminario de Cultura Mexicana y miembro corresponsal por la ciudad de Campeche de la Academia Mexicana de la Lengua. Su obra ha sido traducida a varios idiomas.
“La literatura está en crisis, que es donde más se trabaja. Hay escritores jóvenes que nos están empujando porque les toca a ellos. Me llevo muy bien con las escritoras jóvenes, pertenezco a un grupo de escritoras que han hecho un camino interesante (Las hijas de Virginia Woolf), porque lo han hecho un poco solas. Doy talleres literarios, en donde descubro escritoras maravillosas”, expresa.
“La literatura es literatura, más allá del género. Admiro muchísimo a Margo Glantz, acaba de cumplir 90 años y es una escritora realmente joven. Vive, hace, come y duerme literatura. Entre las escritoras más recientes hay muchas que no están preocupadas por el género literario, sino por hacer literatura, como Mónica Lavín. Yo tenía una columna en el periódico Reforma, donde hablaba de mi lectura de mujeres. Hablaba de Jean Rhys, que fue la primera autora que descubrí que era muy cruda para tratarse a sí misma, lo que más me impresionaba era la literatura que hacía”, afirma.
La mañana debe seguir gris es la primera novela de Silvia Molina. La escribió en Londres, en los momentos que empezaba a tener conciencia de sí misma. “Eran los años 60, el rock, las vestimentas, mi relación con José Carlos, la amistad con Hugo Gutiérrez Vega y Lucinda, la sensación de que conocí a Becerra más como ser humano que como poeta. Estaba escribiendo su último libro, en esa época ni siquiera me leía lo que estaba haciendo. Éramos del sureste los dos, él había estudiado en Campeche, conocía a mi familia y era salir con alguien familiar. A él le gustaba descubrir el mundo, todo quería saber”.











