Hollywood le tiene mucha bronca a Demi Moore y ama a Brody, el eterno perseguido

Pensé que Demi estaría pagando algún pecado cometido en la juventud, por la cantidad de la gente que la odia en Hollywood. La imaginamos borracha hasta las trancas puteando contra todos los malos que no votaron por el premio para ella. ¿Cuándo le vendrá otro papel para dirimir con justicia por el Oscar? Salvo No other Land, triste la ceremonia. El año que viene no la veré.

Ciudad de México, 3 de marzo (MaremotoM).- Otra vez vimos los Oscar. Creo yo que hace más de 40 años que veo la ceremonia intacta y que después digo, como los borrachos contumaces, el año que viene no la veo. Sin embargo, luego de presentar a Iván Cherem en la Feria Internacional de Minería, con su novela magnífica Siento la furia bostezar (Reservoir Books), me dirigí a mi casa y, claro, ahí estaba.

Por los líos con la traducción no pude determinar si eran chistes los que hacía Conan O’Brien, en un contexto donde ya no estamos para reírnos de ellos. Hay un cambio de humor con respecto a los Oscar, que no sé si sólo me pasa a mí o es general. Para las ceremonias, me gustó mucho la del BAFTA, aunque podría haber faltado David Tennant, mucho más rápida.

Fue una fiesta más de los Grammy que del cine, con chicas cantando a doquier, la mejor sin duda, Queen Latifah, en homenaje a Quincy Jones. Claro que hablaron poco del rey del jazz y del pop y las dos presentadoras, Oprah Winfrey y Whoopi Goldberg, dijeron casi a dúo: me descubrió a mí.

Hay que ver lo que Eduardo Aragón define como “el patético homenaje a James Bond”. “Deberían despedir al que hizo el casting de esas mediocrísimas intérpretes y las puso a cantar unos temazos de Shirley Bassey y Adele que, sin esas potentísimas voces, nomás no. Estas pobres chamacas no llegaron a las notas, se quedaron sin aliento, quisieron hacer sus “versiones” pá tapar que no daban el ancho y pues en resumen, uno de los peores momentos de la gala de los Oscar en muchos años”, dice el periodista.

En una ceremonia despojada de lo político, vale la suma infinita que recibió No Other Land, en un Oscar más que justo en el campo del infierno, porque es sabido que Hollywood comparte en muchos paradigmas los del sionismo (muchos ejecutivos del espectáculo defienden a Israel a capa y espada.

Hoy, el periodista Temoris Grecko lo resalta en su periódico Mundo abierto (https://www.mundoabierto.info/p/otheroscar) afirma que “es tal vez la única producción en competencia, en esta y en muchas otras ediciones de los Oscar, que no ha encontrado una distribuidora en Estados Unidos que se atreva a llevarla a las salas de ese país, donde solo ha tenido unas cuantas proyecciones aisladas”.

“Basel Adra, el joven codirector palestino, dijo en su discurso que “hace unos dos meses me convertí en padre y tengo la esperanza de que mi hija no tenga que vivir la misma vida que yo vivo ahora, siempre temiendo a los colonos, la violencia, las demoliciones de viviendas y los desplazamientos forzados que mi comunidad vive y sufre todos los días bajo la ocupación israelí”, y le pidió al mundo “tomar medidas serias para detener la injusticia y detener la limpieza étnica del pueblo palestino”.

Después, uno de los tres codirectores israelíes, Yuval Abraham, sostuvo que “la atroz destrucción de Gaza y su gente debe terminar. Los rehenes israelíes, brutalmente tomados en el crimen del 7 de octubre, deben ser liberados”. “Cuando miro a Basel”, continuó, “veo a mi hermano, pero somos desiguales. Vivimos en un régimen en el que yo soy libre bajo la ley civil y Basel está bajo leyes militares que destruyen su vida y él no puede controlar” e insistió en que deben tomar otro camino, el de una “solución política sin supremacía étnica, con derechos nacionales para ambos pueblos”.

Es una ruta, advirtió, que Estados Unidos está bloqueando pero que es la única vía: “¿No ven que estamos entrelazados, que mi pueblo solo puede estar verdaderamente a salvo si el pueblo de Basel es verdaderamente libre y está a salvo? No hay otra manera. No es demasiado tarde para la vida de los vivos. No hay otra manera”.

No other land trata la actividad de Basel Adra, un joven activista palestino que lleva prácticamente toda su vida luchando contra el desplazamiento forzado de su comunidad, en Masafer Yatta, por parte del ejército israelí. Al conocer a Yuval, un periodista israelí interesado en documentar la resistencia palestina, ambos se sumergirán en una lucha política y social. Al tiempo que reconstruyen casas derrumbadas y escuelas saqueadas, Basel y Yuval intentan reconstruir también la esperanza del pueblo palestino, utilizando solamente una cámara.

Sobre Adrien Brody

Sobre Adrien Brody, que fue otro momento destacado en la ceremonia, cuando ganó el Oscar a mejor actor (gustos son gustos y desde mi punto de vista se lo merecía hondamente Ralph Fiennes por Cónclave), hay que tener memoria y concidir con Alfredo Peñuela Rivas quien dijo en Facebook que “por primera vez los Oscar le dan dos veces el premio a mejor actor al mismo actor por interpretar el mismo papel”. Es cierto.

Adrien Brody recibió el Oscar por El pianista, de Roman Polansky en 2002 y 23 años después lo obtiene por The Brutalist Huyendo de la Europa de la posguerra, el visionario arquitecto László Toth llega a Estados Unidos para reconstruir su vida, su obra y su matrimonio con su esposa Erzsébet tras verse obligados a separarse durante la guerra a causa de los cambios de fronteras y regímenes. Solo y en un nuevo país totalmente desconocido para él, László se establece en Pensilvania, donde el adinerado y prominente empresario industrial Harrison Lee Van Buren reconoce su talento para la arquitectura.

Los tiempos han cambiado mucho y cuando en los Globo de Oro se premiaba a The Brutalist, mientras Israel invadía y mataba a los palestinos de Cisjordania. Cualquiera puede seguir el relato de la Segunda Guerra Mundial, pero como los chistes de los Oscar, es algo de lo que también nos cansamos. El discurso de Brody lo destaca Temoris Grecko: “Estoy aquí una vez más para representar los traumas persistentes y las repercusiones de la guerra, la opresión sistemática, el antisemitismo, el racismo y la otredad”, declaró Brody. “Creo que rezo por un mundo más saludable, más feliz y más inclusivo, y creo que si el pasado puede enseñarnos algo, es un recordatorio de que no debemos dejar que el odio siga sin control”.

¿Quiénes son para Brody las víctimas y quiénes los perpetradores? Minutos antes que él, Yuval Abraham mencionó claramente la destrucción de Gaza y su gente y los cautivos que falta por liberar, así como la violencia que ejerce Israel y una ruta de liberación común.

Brody hizo una sola singularización, con la palabra antisemitismo, que identifica a las víctimas judías. Por lo demás, habló con generalidades y una idea vacua: la de rezar por un mundo más saludable, más feliz e inclusivo.

Sin embargo, nada más injusto que la premiación por mejor actriz. La segura era Demi Moore, quien bordó su personaje en La sustancia. Si no hubiera pasado lo que pasó con Karla Sofía Gascón, la actriz transexual española, protagonista de Emilia Pérez, era la rival, pero no fue así. Cuando vimos la sonrisa de Demi y presta a subir al escenario, escuchamos el nombre de Mikey Madison, protagonista de Anora (una película independiente, pero no para ganarle por ejemplo a Cónclave) y suponemos que el gran sueño de la actriz veterana se vino abajo.

Pensé que Demi estaría pagando algún pecado cometido en la juventud, por la cantidad de la gente que la odia en Hollywood. La imaginamos borracha hasta las trancas puteando contra todos los malos que no votaron por el premio para ella. ¿Cuándo le vendrá otro papel para dirimir con justicia por el Oscar? Salvo No other Land, triste la ceremonia. El año que viene no la veré.

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