Titila sangre (Periférica) es para esta experta en artes plásticas, nacida en Ciudad de México en 1985, gestionadora de Mantarraya Ediciones, La Chula Foro Móvil y Hostería La Bota, una mirada a su ser femenino. Dice en el boletín de prensa que no es una mujer feminista, pero que todo su ser “tiene la comprensión íntima del mundo desde esta posición”.
Ciudad de México, 26 de agosto (MaremotoM).- Melisa Arzate presenta Titila Sangre, un poemario de Periférica que reivindica el lenguaje. Cuando éramos niños la palabra titila se usaba mucho. Decían que titilaban las estrellas, era como un estado límbico. Ese alivio en el paisaje que predecía un brillo total, una hecatombe.
Titila sangre es para esta experta en artes plásticas, nacida en Ciudad de México en 1985, gestionadora de Mantarraya Ediciones, La Chula Foro Móvil y Hostería La Bota, una mirada a su ser femenino. Dice en el boletín de prensa que no es una mujer feminista, pero que todo su ser “tiene la comprensión íntima del mundo desde esta posición”.
ENTREVISTA EN VIDEO A MELISA ARZATE (Ve, Escucha)
En el marco de una nueva escritura, la de la poesía, Arzate se vislumbra como una autora decidida a mostrar sus ideas y a defender un lado del mundo más sensible, más auténtico. En Arde, un libro con Antonio Calera Grobet, había ya unos poemas de Melisa y pronto estará Entera nueva, con Elefanta Editorial. Mientras, disfrutamos Titila sangre, con edición de Periférica.
“Ambos son libros son escritos de manera paralela, como un camino de bifurcación que derivó en dos poemarios diferentes. Titila sangre es una puerta de entrada de lectura más rápida, para atrapar a lectores más jóvenes”, explica Melisa Arzate.
Siempre había escrito ensayos sobre artes plásticas y la poesía siempre había aparecido la poesía desde chica. Sus poemas son como explosiones y al mismo tiempo una denuncia sobre los problemas sociales que nos atosigan.
“Hay fotografías que tomé en distintos momentos, pero que todas pertenecen al territorio de mi país en Titila sangre. La misma portada retrotrae a una cosa alveolar, pulmonar, una cosa corpórea también”, dice.
“Yo quería que se viera así, hay una veta donde lo que me interesa son los problemas sociales, de México y del mundo. El sinsentido de comunidades desde las ideas hasta lo físico que están cercenadas”, agrega.
“Hay un interés y una preocupación de hablar del amor, de la experiencia de la vida, de un ser que soy mujer”, dice.
Los poemarios tienen que ver con el lenguaje y también con la gente. Está la experiencia de las minas y al mismo tiempo la exploración de un idioma que siempre sorprende en el ejercicio del género.
“Fui criada en el seno de una familia con una abuela muy antigua, por decirlo de alguna manera, nacida en 1920 en un rancho de Durango, que hablaba con un decir antediluviano, con dichos, llena de un imaginario perteneciente a una religión con jaculatorias antiguas, donde la escuchaba cuando tronaba, cuando temblaba”, afirma.
“Ella se expresaba hacia nosotros con palabras antiguas y todos me preguntan cuando las pronuncio ahora, ¿qué es bitoque?, por ejemplo. Me interesa mucho volver ahí. Titila la elegí porque refiere a un estar y no estar”, expresa.

“No es necesario que yo tenga a un familiar desaparecido para que me interese por la mina Pasta de Conchos, sino hablar de qué estoy haciendo yo en el medio de este mundo”, agrega.
“Por un sentido de protección, la gente elige no mirar. Yo hablo en Titila sangre de las muchas mujeres que soy. De pronto hay espíritus refractarios que no miran” alrededor.











