Con El hombre en el jardín, Gilma Luque entrega una novela poética y serena que, sin necesidad de estridencias, logra interpelar al lector sobre el amor, la pérdida y la reconstrucción íntima. Una obra que confirma que, a veces, lo más devastador y lo más bello pueden coexistir en el mismo territorio.
Ciudad de México, 19 de septiembre (MaremotoM).– Con una prosa limpia, intensa y deliberadamente contenida, Gilma Luque regresa a la narrativa con El hombre en el jardín (Hachette), una novela que confirma la madurez literaria de una autora que, tras quince años de camino, ha decidido abrazar el minimalismo y dejar que la metáfora hable por sí misma.
En conversación con MaremotoM, Luque reconoce que su escritura ha cambiado desde su primera novela, publicada en 2010. “Antes era muy rebuscada, quería decir muchas cosas al mismo tiempo. Con el tiempo aprendí a tomar decisiones respecto a cómo quiero que sea mi escritura. Me gusta que sea limpia, escueta, que diga con intensidad pero que sea ligera, que no atiborre al lector”, afirma.
La novela cuenta la historia de Inés, una mujer que observa cómo su esposo decide mudarse al jardín tras la separación. Lo que podría parecer un gesto excéntrico se convierte en metáfora del extrañamiento: el otro se transforma en alguien desconocido cuando deja de ser parte de la vida íntima. “Quería mostrar cómo, una vez que el amor se rompe, el otro se vuelve extraño, irreconocible”, explica Luque.
Autora de Obra Negra, Hombre de poca fe, Mar de la memoria. Miembro de SNCA. Premio Internacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2023, Gilma Luque es una autora deliciosa que vuelve a demostrar su talento con El hombre en el jardín, proponiendo que la novela no es contar una historia, sino traspasar la anécdota y fabricar un objeto de arte único, irrepetible.
Uno de los pasajes más conmovedores es el de la limpieza del agua, de la inundación, junto a la abuela: “Esa escena fue de las últimas que escribí. Quería mostrar cómo en esa limpieza hay una liberación, cómo el duelo familiar puede transformarse en un acto de continuidad. El jardín queda hermoso, pero también devastado. Como la vida misma después de una pérdida”.

Para Luque, la novela también es una exploración sobre la ambigüedad del amor. “El amor es confuso. Cuando se acaba, uno se aferra para que no sea un fracaso. La idea de que tal vez ya no quieras estar con alguien no significa que no lo quieras. El desamor también es afecto, es difícil separarse sin reconocer que el cariño persiste”, comenta.
En El hombre en el jardín resuenan ecos de la literatura japonesa contemporánea. “Mientras escribía la llamaba mi ‘novelita japonesa’. Me fascinó la forma en que narradores como Yuko Tsushima logran transformar lo cotidiano en algo bello, incluso lo feo. Ese minimalismo, esa manera de narrar la naturaleza, me inspiró a dejar que las escenas hablaran por sí mismas”, confiesa.
La novela Territorio de luz (Hikari no Ryōbun, 1979) narra la vida de una mujer divorciada que cría sola a su hija en un pequeño departamento. La cotidianidad, con sus dificultades y destellos de belleza, se convierte en una metáfora de la resiliencia.
Uno de los episodios más recordados ocurre cuando se inunda la azotea del edificio donde vive. La madre y la niña suben juntas y contemplan cómo el agua refleja el sol, transformando un problema cotidiano y hasta peligroso (la inundación) en una escena de belleza inesperada, casi mágica.

La autora asegura que el minimalismo es, para ella, un hallazgo: “Me gusta porque ayuda a que el lector entre más rápido en la historia. Lo que quería decir está ahí, sin atiborrar de palabras, sin metáforas innecesarias. Lo esencial permanece”.
Consultada sobre el ambiente literario actual, Luque no esconde sus reservas: “Creo que hay tendencias que privilegian ciertos temas sobre otros. Me parece que la literatura debería defenderse por sí misma. Los escritores trabajamos profundamente lo que hacemos como para depender de lo comercial. No hay tema pequeño en la literatura, lo importante es cómo se aborda”.
La escritora también cuestiona el machismo que aún persiste en el mercado editorial: “Se privilegia que las mujeres escribamos sobre maternidad o violencia de género, como si no hubiera otros temas. Y no es así. Podemos escribir de todo, desde el amor hasta lo político, porque lo importante es la mirada, no la etiqueta”.
Gilma Luque comparte su vida con otro escritor, Daniel Espartaco, con quien ha creado una dinámica creativa de apoyo mutuo. “Es muy fructífero, leemos lo que escribe el otro, nos damos retroalimentación, compartimos referencias. Claro que conviven dos egos, pero en general es mejor estar con alguien que entiende lo que significa vivir alrededor de la escritura”, admite.
Sobre su relación con Hachette, Luque se muestra agradecida: “He pensado que una editorial es una casa. Buscamos un lugar donde nos acojan y nos respeten. Con Hachette lo encontré. Siento libertad, respeto y acompañamiento. Es un proyecto sólido y profesional”.
Con El hombre en el jardín, Gilma Luque entrega una novela poética y serena que, sin necesidad de estridencias, logra interpelar al lector sobre el amor, la pérdida y la reconstrucción íntima. Una obra que confirma que, a veces, lo más devastador y lo más bello pueden coexistir en el mismo territorio.











