Más allá de los títulos y los reconocimientos, Gabriela Lara sigue pensando en el futuro del libro. “La edición es producir contenidos que le hablen a un lector, que lo acompañen. Aunque cambien los soportes, la esencia sigue siendo la misma: hacer circular ideas, historias, conocimiento. Esa sigue siendo, después de 30 años, mi mayor pasión”.
Ciudad de México, 19 de septiembre (MaremotoM).– Gabriela Lara lleva más de tres décadas trabajando en el mundo de los libros. Editora de oficio y de vocación, está hoy al frente del Proyecto Editorial de Rectoría de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Cuajimalpa, en un entorno donde se editan decenas de títulos al año y donde, en medio de la inteligencia artificial y los múltiples distractores digitales de los estudiantes, el libro impreso sigue librando una batalla.
“Yo empecé muy joven, todavía en la carrera en la UNAM. Mi primer trabajo fue en la coordinación de los CCH, ahí descubrí el oficio y ya no lo solté. Llevo más de 30 años en este negocio”, recuerda Lara, con la certeza de que ser editora significa coordinar, cuidar y preparar contenidos para que lleguen al lector: “Ya no se trata solo de libros impresos; ahora hablamos también de audiolibros, electrónicos, publicaciones digitales. El oficio se ha diversificado, pero sigue siendo fascinante”.
Una editora entre lo académico y lo comercial
Lara sabe que el mundo universitario ha cambiado: “Antes los libros académicos eran únicamente para investigadores, ahora tenemos que pensar en títulos de divulgación, en coediciones con editoriales independientes o comerciales que ayuden a que estos textos lleguen a públicos más amplios”.

De ahí experiencias como la coedición con Grano de Sal del libro sobre Plotino Rhodakanaty, precursor del socialismo en México, presentado en la FIL de Guadalajara. “Fue un proyecto compartido con el INEHRM y con Tomás Granados, que nos permitió expandir el alcance de un material que de otro modo hubiera quedado reducido al ámbito universitario”, explica.
Lo mismo ocurre con la colaboración con editoriales como Elefanta —con la novela La canción detrás de todas las cosas, de Gabriela Damián— o con el diálogo constante con Sexto Piso, “que ya son como los abuelos de las editoriales independientes”.
El trabajo editorial en la UAM no es sencillo. Cada unidad académica tiene su propio consejo y sus propias líneas y la selección de materiales pasa por múltiples filtros. Lara lo resume con claridad: “En la UAM se producen libros desde todas las divisiones: Ciencias Sociales y Humanidades, Comunicación, Diseño. Mi trabajo en Rectoría es coordinar y dar salida a proyectos transversales. Siempre nos preguntamos lo mismo: ¿quién es nuestro público?, ¿qué mensaje queremos dar? Esa es la brújula”.

Lara no ignora la competencia feroz en el campo editorial, tanto entre universidades como frente al mercado comercial. Sin embargo, para ella lo importante es tener claro el nicho: “El secreto de las editoriales que funcionan es encontrar a quién le hablan. Ese es nuestro desafío en una época en la que los jóvenes tienen la atención fragmentada y los libros parecen correr un gran riesgo”.
En ese sentido, proyectos como la colección Ecocrítica, que recoge textos de fuera de la universidad o títulos como Ciudad de México, siete categorías materiales —coordinado por María Moreno con la colaboración de la Mellon Foundation de Berkeley— son ejemplo de cómo la UAM busca tender puentes entre la academia y la sociedad.
De la rizografía a la música como resistencia
Entre los títulos recientes que menciona Gabriela Lara están La vida en rizo, una guía práctica para imprimir en rizografía hecha por los propios estudiantes y Música y resistencia de Francisco Mata Rosas, un libro de fotografía que explora la relación entre música y movimientos sociales. “Es hermoso ver cómo las nuevas generaciones recuperan el gusto por lo físico, por hacer ellos mismos sus materiales”, dice.
Más allá de los títulos y los reconocimientos, Gabriela Lara sigue pensando en el futuro del libro. “La edición es producir contenidos que le hablen a un lector, que lo acompañen. Aunque cambien los soportes, la esencia sigue siendo la misma: hacer circular ideas, historias, conocimiento. Esa sigue siendo, después de 30 años, mi mayor pasión”.











