“Cuando iluminas la obra de alguien que está pasando inadvertido y en cualquier caso dialogar con la literatura, dialogar con la tradición. Esas son las tres cosas que yo pienso que hay que hacer y cualquier otra cosa es vanidad”, dice el famoso autor peruano.
Ciudad de México, 27 de mayo (MaremotoM).- Fernando Iwasaki es uno de los autores más admirados y reconocidos por su amplia trayectoria como narrador, ensayista, historiador, gestor cultural y profesor universitario. Gracias a la Bienal Vargas Llosa y a su invitación a participar en la mesa “Literatura y violencia política” junto a los autores Santiago Gamboa y Soledad Álvarez, pudimos acercarnos a él y conversar.
—El tema de la Bienal este año es Literatura para tiempos recios, escribir es cada vez más complicado. ¿A ti qué te motiva a querer escribir?
—Yo ya estoy en una edad en la que debo quitarme importancia. Pienso que al final me motiva pensar que mis principales lectores son mis hijos y no lo digo porque me estén leyendo ahora. Sospecho que hay muchas cosas que ellos no han leído, pero sí pienso que muchas de las cosas que elijo, muchas de las cosas que me preocupan son sobre las cuales quisiera que adviertan que tengo un compromiso, probablemente ellos lo van a entender mejor que nadie, es lo que me lleva a ser minucioso y responsable con mi escritura y los temas sobre los que escribo.

—¿A lo largo de tu carrera quiénes han sido tus influencias literarias?
—Es una pregunta muy potente que no consiente una sola respuesta, porque nadie te ilusiona igual después de los dieciocho y a los treinta y tantos tienes otra visión de la vida, pero luego eres padre y otros libros adquieren protagonismo, pero respondiendo de una manera muy general a mí me interesa el humor. Por lo tanto reconozco como gran influencia en mí a Borges, porque no sólo era un humorista, era el gran escritor en lengua española después de Cervantes. En segundo lugar estoy en deuda con Julio Cortázar, el argentino, con el cubano Guillermo Cabrera Infante y con el mexicano Jorge Ibargüengoitia. A partir de allí ya vienen una serie de autores de varias lenguas, de varias épocas y no me parecería justo hablar de unos y no de otros porque cada uno merece una explicación. Pienso que al hablar de Borges, Cortazar, Cabrera e Ibargüengoitia he mencionado a los más importantes.
—¿Sientes alguna responsabilidad respecto a los textos que escribes?
—Ninguna, porque eso sería darme una importancia que no tengo. Creo que la función más importante que uno puede hacer cuando escribe es rescatar, por lo tanto sacas a alguien del olvido, dar a conocer, cuando iluminas la obra de alguien que está pasando inadvertido y en cualquier caso dialogar con la literatura, dialogar con la tradición. Esas son las tres cosas que yo pienso que hay que hacer y cualquier otra cosa es vanidad.
—¿Cuáles son los libros que tienes en tu mesita de noche?
—Varios, suelo tener algunos de ensayos, cuentos y memorias. Novelas estoy leyendo mucho menos. También estoy leyendo libros que voy a presentar como Enrabiados (Páginas de Espuma) de Jorge Volpi.











