Al principio es una primera persona que a esta altura cansa un poco, pero conforme uno va leyendo el libro, cae en la cuenta de que ese yo comienza a ser uno mismo, teniendo en cuenta de que todas las personas tenemos algo para hablar de nuestro cuerpo.
Ciudad de México, 3 de febrero (MaremotoM).- La editorial Las afueras ha publicado recientemente El trabajo de los ojos, un libro al que llama fragmentario, hermoso e inclasificable sobre la mirada.
“Con un estilo elegante y depurado, Mercedes Halfon nos habla de la forma en que sus problemas de visión determinaron una cierta manera de acercarse al mundo y como eso ha condicionado su escritura”.
Me hizo acordar mucho a la novela El Huésped, de nuestra escritora Guadalupe Nettel, quien ha opinado sobre este material que es “un libro breve, fresco y sorprendente, que atesorarán los amantes de lo inclasificable”.
El periodista Carlos Olivares Baró, de La Razón, dice que El trabajo de los ojos “es una joyita” y creo que tiene sentido.
Al principio es una primera persona que a esta altura cansa un poco, pero conforme uno va leyendo el libro, cae en la cuenta de que ese yo comienza a ser uno mismo, teniendo en cuenta de que todas las personas tenemos algo para hablar de nuestro cuerpo.
ENTREVISTA EN VIDEO A MERCEDES HALFON
“Es un texto que fue escrito en primera persona, pero al mismo tiempo se abre a otras historias, a otras personas ligadas con los ojos. Me interesaba trabajar con una primera persona, que es lo que lo articula, pero al mismo tiempo que no quedara en una historia personal”, dice Mercedes Halfon en entrevista por zoom.
“El libro de Nettel lo leí al final, porque estaba agotado en Argentina y me resultó un libro hermoso. Claro, fue un descubrimiento tardío”, agrega.

“El tema del cuerpo y la literatura, como un gran tema. El texto cuando surgió es porque me habían invitado a un ciclo llamado Confesionario. Me costó mucho la consigna, hasta que me di cuenta de que mi historia tenía que ver con que el problema de mis ojos fue un tema tabú. En ese problema radica toda mi neurosis, el órgano de la vista es el más exigido en el presente. La vista es metáfora de tu manera de ser”, afirma.
El texto también tiene que ver con una escritora valiente. No mucha gente se anima a hablar de lo que le pasa en el cuerpo. “Ir al cuerpo implica ir a algunas zonas donde muchas veces no tenemos ganas de meternos. Es un texto que piensa la cuestión de la vista y que es atravesada por muchas variantes. Me costó al principio encontrar las palabras, no ponerme en un lugar autocompasivo”, agrega.
De chica Mercedes era muy estrábica, algo que con los anteojos se corrige bastante. “Tampoco es algo tan grave, me gustaba que fuera un pequeño problema, no algo tan dramático”, expresa.

Venir de un país tan juzgador como Argentina revela cierto condimento con el texto. “Hay algo de la imagen personal, sobre todo el tema de usar anteojos desde chica era algo notorio, diferente. Cuando era chiquita era la anteojuda. Siempre hay una que bullinean. Eso me generó una forma de ser y era eso lo que me interesaba investigar en el texto”, afirma.
La cuestión de ser argentina tiene que ver con pertenecer a una cultura donde se desprecia al otro. “Al mismo tiempo me gustaba hacer una reivindicación de las fallas que no están en el centro. Hay todo un universo que es más literario. En el camino paralelo hay una pequeña epopeya para contar”, agrega.











