El texto muestra la amplia diversidad que tiene Padilla como escritor, al ser un miembro de lo que se conoce como los ortodoxos del género de novela negra y ser al mismo tiempo un periodista que cuenta crónicas de sangre de su pueblo, Bavispe y de otros lugares cercanos.
Ciudad de México, 18 de junio (MaremotoM).- El escritor norteño Carlos René Padilla ha entrado a la colección Vientos del Pueblo, del Fondo de Cultura Económica, con el libro Comala y otros relatos.
Los tres relatos contenidos presentan tres formas de mirar a la muerte. “Comala”, el pueblo de la ausencia, no es sino un reflejo de aquellos lugares en el país que han perdido a sus hijos. “Aquella noche”, es un relato que envuelve la posibilidad de la muerte al cruzar la frontera y la nostalgia por los que se fueron antes. Finalmente, “Plañidera” nos habla de los vacíos provocados por la muerte y como estos persiguen a quienes los evitan hasta encontrar una salida.
El texto muestra la amplia diversidad que tiene Padilla como escritor, al ser un miembro de lo que se conoce como los ortodoxos del género de novela negra y ser al mismo tiempo un periodista que cuenta crónicas de sangre de su pueblo, Bavispe y de otros lugares cercanos.
Para Carlos este fue como “otra forma de contar. Hacía mucho que no escribía cuentos y quería retomarlo. Ilusamente, muchos escritores, en los inicios, creen que la brevedad, como el cuento o la poesía, es lo más sencillo. Y lo fuerte vendría siendo una novela o algo así, cuando es todo lo contrario”, afirma.
“Con Comala y otros relatos, no me fui por la novela negra, sino que quería justo eso, escribir cuentos, escribir las cosas que pasan tangencialmente, entre la violencia o la criminalidad. Por ejemplo, en el segundo cuento, que trata más de la migración, quería buscar más una profundización de los personajes que la acción por sí”, agrega.

Carlos René Padilla, nació en 1977, en Agua Prieta, Sonora, es narrador y periodista. Ganador del Concurso del Libro Sonorense en los géneros de novela, crónica, ensayo y cuento en diferentes años con los libros Amorcito Corazón, No toda la sangre es roja, Los crímenes de Juan Justino y Rodrigo Cobra, Hércules en el desierto y Bavispe, todos publicados por Nitro/Press. Autor de Un día de estos, Fabiola y de Yo soy el Araña, que fue galardonada con el Premio Nacional de Novela Negra “Una vuelta de Tuerca” 2016. Fundador de SoNoir, movimiento encargado de difundir la literatura policial y negra en todo el país. Sus cuentos han sido incluidos en antologías a nivel nacional, latinoamericano y en España.
Cree con convicción de que cada autor lo que es contar la mejor historia posible. “Aquí, en Comala y otros relatos, quedan más patentes esa maduración o ese avance que tiene uno como narrador. En el cuento, cada que se termina uno, es iniciar de nuevo, tratar de convencer al lector de que se quede, volver a construir un universo totalmente diferente al que vieron en el cuento anterior, entonces eso también me motiva”, dice.

–Ahora, por supuesto que Comala remite a Juan Rulfo, uno de los mejores escritores mexicanos, sin ninguna duda. ¿Por qué te vino a ti, digamos?
–Comala me llegó de una manera muy orgánica. Todos tenemos un Comala en la cabeza.
–Aunque hay un Bavispe también, ¿no?
–Sí, exacto. La génesis de este cuento es muy triste porque tiene que ver con este descubrimiento de hace cuatro o cinco años en Guadalajara, en Jalisco. Abandonaron a dos tráilers llenos de cadáveres porque la morgue municipal no se hacía abasto. Eso me voló la cabeza. ¿Cómo puede pasar una situación así en un país? Sabes que tenemos tantos muertos que ya no nos caben. O sea, ya estamos rebasados. Y la mejor idea que tengo es subirlos a un trailer refrigerado, empezar a dar la vuelta por toda la ciudad, pensando no sé qué cosa, porque al final de cuentas o se te cae la gasolina o no sé qué sucede. Como al final de cuentas sucedió. Me acuerdo que leí esa nota y me cimbró porque de repente empecé a ver que estos cadáveres tenían vida, tenían nombres, tenían familia. Y de inmediato te brinca esa vena de periodista. Esa historia siempre se me quedó dando vueltas en la cabeza y que tristemente se junta con lo que acaba de pasar hace un par de meses en el rancho, ahí justo también en Jalisco, que encontraron estos crematorios clandestinos.
“Comala” es un cuento que se trabajó durante cuatro años y luego lo empiezo a unir con este universo justo que dices de Bavispe, de todo esto. En algún momento mi revelación fue eso: es Comala. De repente somos nosotros ya los fantasmas caminando, buscando a Juan Preciado, buscando a nuestros Juan Preciado, buscándonos entre nosotros, entre los mismos fantasmas, en un país tan surrealista como puede ser México.
–La decepción que describes con respecto al padre es tremenda
–Sí, es una tristeza. Ahora el cuento es el padre yendo a buscar al hijo. Entonces también es esa crítica, ahorita las madres buscadoras están buscando a sus propios hijos. Esa crítica al gobierno, no a las madres buscadoras, obviamente. Me quise poner en los zapatos de ese padre, que como dices, es una decepción tras decepción tras decepción de todo lo que va pensando. Lo que quería es hacer este descenso a los infiernos, viajar desde la Sierra de Sonora y atravesar medio país y llegar hasta Jalisco y encontrarte con esta tragedia. Los otros dos cuentos que hablan de una funeraria, hablan también de lo que pasa con los desaparecidos. En un libro de cuentos debe ser muy importante también el acomodo. Es un poco el sentido anímico del lector. Los tres cuentos tienen que ver un poquito con esta forma de ver la muerte. En el primero, en “Comala”, es esta crítica a nuestros desaparecidos, a estos jóvenes que están desapareciendo y que no sabemos dónde quedan. Bueno, en general a todos los ciudadanos mexicanos. “En aquella noche” es abordar el tema de la migración y de cómo la violencia te está obligando de repente a tener que irte del lugar o del espacio en el que vivías tan feliz. Y el tercero, que es el de “Plañidera”, sí tiene mucho que ver con esta violencia de género que se da dentro de estas cuatro paredes. Vamos viendo la transformación de esta mujer que paradójicamente en los velorios, en este ambiente un poco lúgubre, encuentra un poquito esa tranquilidad o esa paz que no tiene en su casa.
–El libro tiene las ilustraciones de BEF
–Con Bef he tenido la fortuna de que nos leemos mucho. Lo conocí primero como lector, luego ya lo conocí como amigo y ahorita como colega. Él me ha leído manuscritos, me ha leído ya libros publicados y bueno, sabe mucho por dónde me muevo o lo que me gusta. La imagen que logra BEF dialoga muy bien con el texto.











