“Yo pensé que la cuestión de la carne es una metaforización en donde el capital, el cuerpo y el consumo están interrelacionados. Llevé al paroxismo ciertas cuestiones que están en el presente. El consumo de carne humana está relacionado con el consumo del tiempo y del trabajo, cierta posesión que el extractivismo tiene sobre ciertos cuerpos”, afirma Héctor Celis, en entrevista.
Ciudad de México, 22 de agosto (MaremotoM).- Hay veces que los libros sorprenden, no sólo por su calidad de prosa, sino también por la imaginación y el riesgo que han corrido al escribirlo. Así pasa con Mar es la Tierra, donde el joven Héctor Celis ha recreado un poco el mito de Blade Runner, película basada en la novela ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?, de Philip K. Dick, convirtiendo la historia en algo real, no de ciencia ficción.
Héctor dice que no leyó a mucha ciencia ficción para escribir su novela, pero sí hay un mundo de privilegiados flotando sobre una periferia que trata de sobrevivir en medio de la carne, de los cuerpos amolados sobre una maquila, los cuerpos, en definitiva, son partes de la maquila.

Ha dicho Diamela Eltit, una de las lectoras de esta novela magnífica: “Un excelente narrador que no renuncia a internarse en los dilemas que atraviesan a toda prisa la complejidad de un presente que porta toda la extensión de su futuro”.
ENTREVISTA EN VIDEO A HÉCTOR CELIS
Un hombre que vaga por los desiertos con una parva de cuervos y un puñado de niños buscando un oasis; dos mujeres que hacen un pacto para tejerse juntas una hamaca y morirse acunadas en una pensión; un niño que espera con su familia el advenimiento de la marea negra; un artista que vende sus ideas de “obras de arte” a cambio de comida y techo en un hotel abandonado; voces de comunidades fragmentadas que trazan la geografía de lugares que siguen operando en las ruinas.
Mar es la Tierra recorre intensos escenarios una vez que se ha desencadenado la debacle. Los cuerpos humanos son devorados por humanos, en una conjunción del neoliberalismo que hoy condena a nuestros propios cuerpos a vender un órgano para sostenernos, para mantenernos vivos.
Los diversos poderes emergen y se manifiestan para controlar los restos. Lo hacen mediante prácticas letales que se desencadenan destruyendo cuerpos, espacios, en medio de territorios terminales incapaces de contener a los cuerpos.
Héctor Celis Martínez (Texcoco, México) estudió teoría del arte en la Universidad del Claustro de Sor Juana e hizo estudios de posgrado en letras comparadas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido becario del FONCA Jóvenes-Creadores (2012). Es maestro por la Universidad de Nueva York, donde actualmente da clases y realiza estudios doctorales.
“Yo pensé que la cuestión de la carne es una metaforización en donde el capital, el cuerpo y el consumo están interrelacionados. Llevé al paroxismo ciertas cuestiones que están en el presente. El consumo de carne humana está relacionado con el consumo del tiempo y del trabajo, cierta posesión que el extractivismo tiene sobre ciertos cuerpos”, afirma Héctor Celis, en entrevista.
“La composición de la novela fue largo, la escribí durante seis años y la forma final que ahora tiene está ligada por un universo ficcional que es lo que le da sentido a todas las historias que están por ahí flotando, como si fuera un caos marítimo. Lo que une esto es la marea, el universo que está delineado ahí”, agrega.

Aparentemente parece ser desde el título una novela poética. Nunca pensaría lo que se va a encontrar en el texto. “El título tiene varios significados. El primero sería hacer referencia a la problemática ecológica que padecemos. También hay una acepción más lírica, todos los personajes que transitan por la novela se caracterizan por una liquidez. La novela busca flujos de personas, de personajes y hay una búsqueda por pensar que toda esa solidez del mito tierra, al final está permeado por una liquidez que es la del mar”, explica.

“La acción narrativa ocurre en la periferia. Hay un espacio que se llama Las Nubes, que tiene a un grupo privilegiado que vive por encima de la marea. Nunca se enteran, están por encima. Al no enterarse de dónde viene lo que comemos, lo que consumimos, no sabemos de dónde vienen las baterías, por ejemplo, que viene del Congo y tiene unas consecuencias que están anestesiadas por un producto que elimina su origen”, afirma.
A Héctor Celis le interesó más la periferia. “Yo he leído poco a ciencia ficción, claro, algunos autores son mi influencia. La ciencia ficción se vale de ciertos artefactos tecnológicos para imaginar un futuro tecnócrata. En la novela eso no aparece”, expresa.
El universo que se plantea en la novela establece que el futuro está en la periferia. “El futuro está en la periferia de Latinoamérica, de África”, dice con un sentido optimista.
¿Qué pasa con los testigos de los crímenes, del consumo, de quienes determinan el ambiente en el que vivimos? ¿Por qué un drogadicto jamás se cuestiona por los crímenes del narcotráfico?
“El universo que hay en el libro busca golpear al lector, para hacerle preguntas sobre el presente”, afirma.
“El aporte de una novela como esta es que la violencia se ha tratado de muchas maneras, pero he visto muy pocas veces que esa conexión de violencia extrema se enarbole con la desgracia ecológica que estamos viviendo. Y no es poca cosa”, agrega.











