Hernán Bravo Varela

El lector a veces se siente desamparado porque quiere anécdotas: Hernán Bravo Varela

Explorador de nuevas rutas verbales, malabarista de ritmos y silencios, el caleidoscopio de su verso se ha transformado a ojos vistas de sus lectores, que lo tenemos por un hacedor singularísimo, un poeta indispensable, que añade nuevas figuras al fresco del presente.

Guadalajara, 10 de diciembre (MaremotoM).- El poeta Hernán Bravo Varela da una sorpresa a fin de año con dos poemarios que edita bajo el sello ERA: Ejercicios de respiración seguido por El Estado empresario mexicano muestra hasta qué punto el escritor tiene monstruos con el nombre de la salud el cuerpo y con ello la ansiedad y el dolor.

¿Quién es el padre, ése que ahora -inamovible tiempo del recuerdo- muere? ¿Qué ideas, qué secretos configuraron sus acciones, sus silencios? El Estado empresario mexicano gravita alrededor de este grave momento. El heredero se dispone a contarlo: recurre a momentos desperdigados, hitos de la memoria, piezas rodeadas de vacío que sin embargo conectan entre sí. El hijo que creció bajo la mirada escrutadora, extrañada, del abogado, del conservador, del esposo protector, del guía férreo; su deber es retratar al padre tan fielmente como lo permitan unos ojos llenos de amor y espanto.

Hernán Bravo Varela
León y Luis Felipe, me parece que son referencias obligadas, no solo de lo que se hace en poesía, sino en general. Foto: MaremotoM

Explorador de nuevas rutas verbales, malabarista de ritmos y silencios, el caleidoscopio de su verso se ha transformado a ojos vistas de sus lectores, que lo tenemos por un hacedor singularísimo, un poeta indispensable, que añade nuevas figuras al fresco del presente.

–Dos poemarios y creo que un solo tema, sobre todo el cuerpo, ¿crees?

–Son dos libros que están bajo la idea de que el poema es una exploración del cuerpo del lenguaje, pero, ¿qué pasa cuando ese cuerpo del lenguaje empieza a sufrir tropiezos, descalabros, desvencijamientos, pérdidas, mutilaciones? Esa es un poco, en resumidas cuentas, la historia de la poesía moderna y contemporánea. No lo digo para incluirme en esa tradición, sino para señalar un hecho que tiene que ver con cómo se entiende o se podría entender la poesía en estos tiempos, como una reconfiguración de un lenguaje que cada vez está diciendo menos realidad porque lo rebasa, porque desconfía en la vida cotidiana. Estos dos libros, en efecto, como tú dices, tratan de ser la configuración de un cuerpo que, como el de toda poesía, al menos la que me gusta leer a mí, no sé si sea la que yo escriba, es un cuerpo anómalo y que está lleno de rarezas, de accidentes y de perturbaciones en las que hay que indagar.

–Ya habías explorado este tema en tu poemario anterior, con el tema de la operación y todo eso

–¿Cuál es la esencia de esto que establecemos como poesía? La bronca es que también, en un momento como este, donde todo tiene que tener una identidad automática, es muy difícil que la poesía pueda ajustarse a ese esquema, entre otras cosas porque trata de romper necesariamente los propios corsés que ella misma se impone. Cuando hablamos de temas tan peculiares, porque estos dos libros son de alguna manera elegíacos. El segundo es una elegía a la muerte del padre, pero el primero es probablemente una elegía al aparente mundo de lo conocido, de lo que creíamos conocer como cuerpo, como memoria, como amor, como respiración, incluso. De ahí probablemente el título del primer conjunto.

–La poesía representa la realidad más real

–Sí, porque además es inevitable decir que la realidad está a la altura de lo que el lenguaje problematiza en el poema. Estamos en un momento en el que de veras el género de la poesía está creando una realidad absolutamente atroz, delirante, encontrada, llena de virutas, reblandecida como la que hay ahorita en el mundo y donde todo el peso está, podríamos decir, en una cripto-realidad, aunque la poesía siempre ha trabajado con eso y es un material de fondo del que vale la pena ir hacia el inframundo, bajar a veces a rescatar la manera de Eurídice y Orfeo del mito clásico, ir por Eurídice para traerla hasta la superficie de la vida, como dice Alfonso Reyes. Y eso es un poco el trabajo con el poema, sacar de la menuda experiencia cotidiana el temblor de esa misma experiencia que está queriendo formularse, concretarse y decirse de alguna manera. Al mismo tiempo, el lenguaje más claro, más complejo, más radical y el que aporta una realidad inédita a la realidad en la que supuestamente estamos, convivimos y creamos los poemas. Ahora, creo que en el fin del mundo la poesía va a poder decir algo, el resto no. Tienes mucha razón al respecto y también estoy de acuerdo contigo en el tema de que la narrativa, sobre todo la gran narrativa de estos tiempos, sigue la persecución de la linealidad, de una historia que pueda promover un chantaje sentimental e intelectual a los lectores.

Hernán Bravo Varela
Editó Era. Foto: Cortesía

–Uno queda más tremendamente solo, después de leer poesía

Es solamente a través de ese camino en solitario que podemos encontrar precisamente la palabra a solas, que creo que es, de alguna manera, lo que trata de buscar el poema. Sin muletas, sin plantillas, sin generalizaciones, tratando de encontrar en esa soledad una comunicación otra, distinta, que nos revela también una nueva manera de pertenecer y de entender el lenguaje como motivo de la realidad. Esto es muy extraño porque no necesariamente los narradores estarían de acuerdo, porque en general, cuando leemos una novela o un libro de cuentos, queremos que se nos cuenten historias, queremos personajes y en el poema, la historia, el personaje central, es el mismo lenguaje. El lector a veces se siente desamparado porque quiere anécdotas. El problema es que, como la poesía genera, entre otras cosas, aquello que nos da esas anécdotas, a veces el proceso es muy complicado y por eso los lectores también se sienten tan aludidos y tienen que hacer un trabajo tan activo que a veces también se echan para atrás y, entre otras cosas, eso ha motivado, no un abandono, pero sí una distancia a veces respetuosa o atávica con el género, porque nos da miedo. Como no me estás contando una historia clara, definida, con personajes, como no estamos hablando de poemas que cuentan una pequeña historia y acaban por darle el vuelco al final como en una especie de metáfora, patas para arriba, que explica todo lo que ocurre, el lector se siente muy desconcertado. De veras, a un lector problemático y crítico de nuestro tiempo es el género al que apuesta naturalmente, no hay de otra. Si quiere tener una conciencia crítica, si quiere saber qué es lo que está pasando verdaderamente con el estado eternamente fluctuante del lenguaje, necesita entrar a la poesía, con excepción de algunos narradores, ensayistas, dramaturgos, pero tiene que entrar a la poesía porque creo que es la mejor puerta y el gran ventanal a ese mundo eternamente inédito, a esa tierra ignota del mundo que es la poesía.

Hernán Bravo Varela
El segundo es una elegía a la muerte del padre, pero el primero es probablemente una elegía al aparente mundo de lo conocido. Foto: MaremotoM

–Tres poetas, Luis Felipe Fabre, Hernán Bravo Varela y León Plascencia, han presentado poemarios trascendentes y van a ser long seller. ¿Qué te cuestiona eso?

–Me da mucho gusto que pueda compartir espacio de novedades con dos autores que admiro profundamente, como los que señalaste, León y Luis Felipe, me parece que son referencias obligadas, no solo de lo que se hace en poesía, sino en general. También puedo pensar en la exploración multimedial de León Plascencia Añol e intergenérica y la manera en la que Luis Felipe Fabre ha transitado de la curaduría y la crítica de artes plásticas, de artes visuales a la recuperación de la Grecia clásica a través de un bofetón, a la manera en la que el poeta se concibe frente a la tradición. Entonces, me da mucho gusto que estemos en un año de extraordinarias novedades, entre ellas estas que acabas de señalar.

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