Hay niños, hay gente muy adulta, hay la gente de las preparatorias, las secundarias, adolescentes. Ahorita la gente es más abierta a la música. Ya no existe ese prejuicio musical que nos puedan confrontar en el sentido de por qué están tocando así, por qué mezclan esto. Ahorita ya al lado de nosotros tenemos una gran cantidad de grupos muy interesantes que lo hacen. Y de la misma generación de nosotros que han ido reforzando esta bandera de que no existan prejuicios musicales.
Ciudad de México, 12 de febrero (MaremotoM).- Era el 2000. Todo el país gritaba al compás del sonido chúntaro. El Gran Silencio, Control Machete, toda la banda “regiomontana” eran los padres y compadres del rock mexicano.
En 1998 se llevó a cabo la primera edición del Festival Vive Latino. Entre los grupos convocados estaba El Gran Silencio, una banda que en los primeros años del milenio, no sólo hizo su obra “chúntara”, sino que contagió a todos con su cumbia, su acordeón y ese notable disco con Celso Piña, donde hicieron “Cumbia poder”.
Hoy, Tony Hernández recuerda los años aquellos no con mucha nostalgia, sino con la seguridad que le otorgan los 34 años transcurridos con una banda que dice “ha sufrido muchos cambios” en su historia. Ya no usan acordeón y es probable que la cumbia no sea lo central, pero siempre está la voluntad de producir “el sonidero nacional” que hace a esta banda tan pero tan mexicana.
El entrañable Tony, dando cuenta de cómo está la música, siendo un superviviente de otros éxitos y mirando siempre para el futuro, cuando aún quedan muchas cosas para dar.
El Gran Silencio se presentará el sábado 15 de marzo en el Vive Latino, done en una conferencia de prensa adelantó que la banda tocará sus temas clásicos y muchos otros de los nuevos materiales discográficos.
Dice Hernández que va a haber sorpresas en el Festival, para que ese día el concierto sea dinámico y muy energético.
–¿Qué les sigue generando al Gran Silencio este festival?
–Es el festival emblema de todo México, la verdad. Cuando se inició, estuvimos en el festival y para nosotros es muy importante. El acercamiento con el público, el reencontrarse con mucha gente que tal vez ya pensaba que El Gran Silencio ya no estaba en los medios y cosas de esas. Va a ser el momento adecuado para tener este reencuentro y disfrutar. El Gran Silencio va a cumplir 34 años. Más de lo que cumple el festival y se volvió como una zona de festejo.
–¿Alguna anécdota que quieras del Vive Latino que te haya conmovido?
–Era muy difícil tocar una cumbia, por ejemplo, en el Vive Latino. Entonces pensábamos que nos iban a crucificar cuando nos aventemos un cumbión. ¿Lo hacemos o no lo hacemos? Comenzamos con el cumbión bañado y si hubo un público renuente a la cumbia. Empezaron a aventar algunos objetos y cosas de ese tipo al escenario. Y nosotros, ¿qué hacemos? Dejamos que llegara la parte de la mezcla de la cumbia con el rock y la gente va a cambiar de sentimiento. Y así fue para el tercer tema. Ya la gente estaba muy eufórica, todos cantando, brincando. Y además participa con nosotros Rubén de Café Tacvba. Era impresionante la cantidad de gente bailando. El festival ha ido creciendo y es mucho más diverso ahora, pero nosotros nos llevamos los cocolazos al principio.
– ¿Qué pasó en ese tiempo y cómo ustedes enuncian ahora el discurso para las nuevas generaciones?
–El grupo en treinta y tantos años que tenemos ha ido evolucionando constantemente. Hemos ido agregando más estilos, no solamente mexicanos, sino también música del mundo. Y eso nos abrió las puertas para irnos de gira por todas partes del planeta. Desde el momento en que nos hicimos independientes, también dejamos de estar en ciertos medios, pero estuvimos en otros. Y nos fuimos a Europa, estuvimos en República Checa, Rusia, Bélgica, España, Alemania. Y después fuimos a Sudamérica y Estados Unidos. También hubo un momento renuente de la gente decir: es que casi ya no los veíamos en México, pero al regresar acá a México, pues ya volvimos a retomar con el público. Y nos dimos cuenta que había nuevas generaciones con nosotros.
Hay niños, hay gente muy adulta, hay la gente de las preparatorias, las secundarias, adolescentes. Ahorita la gente es más abierta a la música. Ya no existe ese prejuicio musical que nos puedan confrontar en el sentido de por qué están tocando así, por qué mezclan esto. Ahorita ya al lado de nosotros tenemos una gran cantidad de grupos muy interesantes que lo hacen. Y de la misma generación de nosotros que han ido reforzando esta bandera de que no existan prejuicios musicales. Ahora tenemos el debate de que las nuevas generaciones prefieren la música más nueva de El Gran Silencio. Tenemos gente que le gusta lo norteño, la música norteña, lo grupero y hay en el público una cantidad de gente que le gusta ese estilo. También tocamos muy hardcore punk y también hay muchos punks ahí metidos. Ver el público tan diverso en un concierto, El Gran Silencio, de los que les gusta la cumbia, el hardcore, el punk, el hip hop, el ragamuffin y toda esta onda tipo sound system.

–Ayer entrevistaba a una rapera y me decía que se inspiraba muchísimo en ustedes y hablaba precisamente de ese vértigo que ustedes tienen a la hora de tocar. ¿Lo siguen teniendo como allá en los 2000, como es ahora el grupo?
–Sí, la verdad sí lo seguimos teniendo. Estamos iniciando año y que hemos ido haciendo los playlists para la gira del año, seguimos siendo aventados. Siempre damos un paso al vacío. Agregamos temas o modificamos canciones a otro ritmo, a otro estilo y decimos, algo va a pasar, algo va a suceder con el público. Tratamos de que sea melódicamente más apegado al tema original, pero al momento que entra el hardcore o que de repente se mete un trip-cop o una onda más regamufera, la gente hace gestos de que así no era. Entonces el público empieza a volver a tener, como cuando le inicio, de menos a más, siempre esa energía. Y a mitad de show ya tenemos a un público todos brincando y bailando. Y para nosotros la adrenalina que se genera en el escenario, aún y a pesar de que ya tenemos suficientes años, ya pasamos la gran mayoría del quinto escalón, pues sigue siendo una gasolina para nosotros. Y ese vértigo es como que el alimento de seguir arriba del escenario. Si no lo sintiéramos, pues ya hubiéramos tomado retirada.











