Más de 1,500 cineastas italianos han firmado una petición bajo el lema Venice4Palestine, en la que exigen a la organización del festival adoptar una postura más firme frente a la guerra en Gaza y el genocidio.
Ciudad de México, 27 de agosto (MaremotoM).- El Festival Internacional de Cine de Venecia, uno de los certámenes más antiguos y prestigiosos del mundo, se prepara para su nueva edición en medio de un clima de tensión política y cultural.
Más de 1,500 cineastas italianos han firmado una petición bajo el lema Venice4Palestine, en la que exigen a la organización del festival adoptar una postura más firme frente a la guerra en Gaza y el genocidio denunciado por organismos internacionales y activistas.
El documento, que circula desde principios de agosto, acusa a la Bienal de Venecia de “guardar un silencio cómplice” frente a la crisis humanitaria palestina. Los activistas sostienen que, más allá de incluir películas que aborden el tema, el festival debería pronunciarse públicamente contra las violaciones de derechos humanos.

En este marco, el foco de las críticas se centró en dos figuras de Hollywood: Gerard Butler y Gal Gadot. A ambos se les cuestiona por su apoyo público a Israel. Los organizadores de la campaña reclamaron que se retiren sus nombres del programa oficial.
Un portavoz de Gadot aclaró que la actriz nunca estuvo confirmada para asistir a la Mostra, pero la polémica persiste porque su nombre aparece en el elenco de En la mano de Dante, dirigida por Julian Schnabel, junto a Oscar Isaac, Al Pacino y el propio Butler, quien sí tiene previsto caminar por la alfombra roja.
La Bienal, institución responsable del festival, ha intentado defenderse de las críticas destacando la inclusión de títulos como La voz de Hind Rajab, documental que narra la historia de la niña palestina de seis años muerta en Gaza tras quedar atrapada en un automóvil tiroteado. Según la dirección, esta selección prueba la apertura del certamen a narrativas incómodas y urgentes.

“Necesitamos un posicionamiento ético, no solo curatorial”, señalaron en un comunicado, reforzando la convocatoria a una marcha de protesta el próximo 30 de agosto en Venecia, con el fin de visibilizar el sufrimiento palestino y la presunta indiferencia del mundo cultural europeo.
La tensión llega en un momento crucial para Venecia, que tradicionalmente ha equilibrado su imagen de glamour cinematográfico con la discusión de asuntos sociales y políticos. Sin embargo, la presión de activistas, cineastas y organizaciones de derechos humanos podría convertir esta edición en una de las más politizadas de los últimos años.
Mientras el Lido se prepara para recibir estrellas, estrenos mundiales y la mirada de la prensa internacional, la pregunta es inevitable: ¿podrá el festival seguir refugiándose en el cine como arte y espectáculo o deberá asumir un papel más frontal en los debates globales sobre la guerra, la ocupación y la justicia?











