Amores perros

DIONISIO SIN MALETAS | Amores perros

Los perros se apoderaron del tiempo y las acciones de los humanos. Hoy ya no somos libres, estamos atados a un ser que no pide, sino que reclama nuestro día a día.

Ciudad de México, 14 de junio (MaremotoM).- Escribo esto con el culo en la mano. Sabedor del linchamiento que me espera por parte de algunos de mis seres más cercanos, y, quizá también, exponiéndome a que algún lector/lectora se anime a mencionar a mi amada progenitora, con miedo, escribo esta teoría que traigo dentro y que ansía salir: el amor de los humanos hacia los perros está totalmente fuera de control. Es un absurdo, un despropósito. Punto.

Nos están dominando, estamos atrapados en una especie de Matrix Perruna donde no alcanzamos a percibir en qué nos han convertido, y, al parecer, un sometimiento del que pareciera no queremos salir. El momento nodal de esta malsana relación se dio en pandemia. Recluidos en el fondo de un escritorio, teletrabajando con un amoroso can a nuestros pies, alfombrita cariñosa pero maquiavélica, así inició la etapa en la que los perros se adueñaron de cada uno de nuestros instantes, se apropiaron de nuestros corazones, de nuestros pensamientos, de nuestros días, de nuestros bienes. Los perros se apoderaron del tiempo y las acciones de los humanos. Hoy ya no somos libres, estamos atados a un ser que no pide, sino que reclama nuestro día a día.

“Ya no puedo, cariño, me tengo que ir, debo ir con Maxi, no me ve desde hace tres horas”. “Alineamos los chakras a su mascota”. “No puedo ir, Compa, me toca llevar a Firulais a terapia, creo que anda algo estresado”. “Hoy, seis p.m., recuerde escuchar su programa Sabuesos al aire”. “Cuando le cuento mis problemas me entiende y a veces me responde, tenemos un idioma común, muy nuestro”. “Natural Gourmet Carne con frutos del bosque y Finas Hierbas para su can”. “Me voy de vacaciones con Melenas, al Caribe, a un hotel de perros, te llamo luego”…

Regresemos a los días, por favor, en que los perros cuidaban casas, jugaban y se enlodaban con niños, obedecían órdenes de su amo y no al revés. Sal del Matrix, escucha la voz humana. Recuerda, querido lector/a, cuando los perros dormían afuera cuidando la luna y las estrellas, persiguiendo gatos pardos desde una casita de madera donde vigilaban nuestro entorno y no, como ahora, en la cama dentro de casa, justo en medio de la maroma que tenía ganas de hacer con mi novia pero que es imposible porque el Señor Firulais se puede traumar, mirando lo que no debería de estar mirando, queriendo oler donde ellos huelen lo que han comido otros perros. Además, en ese oscuro sentido, sostengo: ningún ser que se alcance a lamer el ano debería estar en cama humana alguna. Guácala.

Amores perros
Dirán, quienes defienden a los sabuesos, que el amor de perro no tiene comparación. Foto: Cortesía

Cuando hablo del Matrix de los perros no exagero. Diferencias familiares casi irreconciliables cuando un perro osa agredir al perro de otro primo. Parques para perros, mientras los juegos de los niños lucen abandonados. Idiotizados por los chuchos, las grandes cadenas de marketing hicieron ya a un lado los productos de niños, ¡humanos!, para enfocarse en los perros, ¡animales!. Tiendas departamentales del tamaño de un supermercado en donde uno encuentra comida que ya quisiera tener en la mesa la mitad de este país.

Dirán, quienes defienden a los sabuesos, que el amor de perro no tiene comparación. Ello es una quimera, el perro mueve la cola y se te acerca porque tiene hambre. Sabe que el humano le dará todo lo que quiere con tan solo lamer lo que uno confunde con amor de mascota. Migajas de amor. Ergo, es más creíble el apego ocasional de un gato, que viene cada que se le pega la gana, a contrapelo del increíble amor de los perros que dizque siempre están de cariñosos. Abre los ojos, amiga/amigo, antes de que sea demasiado tarde.

Mensaje de cierre, con mucho cariño, para los adorados canes: salúdenme a su perra madre, la porra les saluda, fi – fi – fi – fi – fin.

 

One Comment

  1. Llegar al punto de escribir sobre esto, es en realidad el punto cariño. Lo que nos ha dominado no son precisamente los perros, ellos son solo el síntoma, la vía de escape menos imaginativa. Piénsalo!
    Te mando un abrazo desde lo profundo.
    Marina