“Para mí era una forma de dar testimonio de lo que vivimos y al mismo tiempo que otra de las razones es por la que volvemos al arte, a la literatura, para transformar a partir de la imaginación esto que nos duele y nos mata. Algún día esto se tiene que terminar”, afirma.
Ciudad de México, 26 de diciembre (MaremotoM).- Casi al final del año, otra sorpresa trajo la literatura mexicana con la publicación de Feral, la primera novela de Gabriela Jáuregui, que trata sobre una mujer asesinada, las causas y las consecuencias de un crimen que se produce en forma reiterada en México y en casi todo el mundo occidental.
“En la primera novela de Gabriela Jauregui, el lenguaje genera un espacio de turbulencia y tensión entre el pasado de lengua domesticada y la posibilidad feral y desaforada del futuro. Feral es un viaje por los túneles del tiempo desde donde se construye el saber que explica las ruinas de nuestro presente. Un saber que es preciso reconstruir y recontar porque, como dicen las archivistas, algún día este archivo será jardín”, es la sinopsis de la que habla la casa editorial, Sexto Piso.
“Feral es mi primera novela. Es una novela que empieza en un grupo de amigas y a una de ellas la asesinan. Las otras amigas intentan saber quién la asesinó. Para mí era una forma de contar desde nuestro presente la tragedia de Ifigenia. Desde ahí parte y me tardé ocho años dándole vueltas, en lo que termina también se cuenta desde un futuro que sobrevivimos a esta epidemia de muerte”, afirma Gabriela en entrevista.

“Para mí era una forma de dar testimonio de lo que vivimos y al mismo tiempo que otra de las razones es por la que volvemos al arte, a la literatura, para transformar a partir de la imaginación esto que nos duele y nos mata. Algún día esto se tiene que terminar”, afirma.
El arte y la política se combinan entre sí, ¿qué es el arte y qué es la política para Gabriela Jáuregui, autora del libro de cuentos La memoria de las cosas (Sexto Piso, 2015), así como del libro de ensayo y poesía ManyFiestas (Gato Negro, 2017), de los poemarios Leash Seeks Lost Bitch (Song Cave, 2016) y Controlled Decay (Akashic Books, 2008) y co-autora de Taller de Taquimecanografía (Tumbona, 2011). Además es editora y autora de Tsunami y Tsunami 2 (Sexto Piso)?
“Es la pregunta que siempre me vengo haciendo. ¿Qué es el arte, donde están los límites de ambos territorios, de la ética y de la estética? ¿Cómo se combinan y cuándo no? La novela intenta responder esa pregunta. Esta novela es como mi pregunta y un ensayo posible de respuesta”, expresa.
Política es para Gabriela Feminismo.

“El feminismo lleva en México el encuentro de mujeres en Mérida, pero en años recientes tuvimos el gran privilegio de ver cómo salimos a las calles cantidades sin precedentes de mujeres. Gente a la que no le interesaban estos temas, salir codo a codo, brazo con brazo, con chavas muy jóvenes. También hemos visto después de la pandemia procesos de desarticulación, desde dónde nos organizamos cuando estamos encerradas en casa. Todo eso al mismo tiempo. Ha cambiado el panorama, hay que seguir pensando y juntándonos a discutir, a escucharnos, a desaprender, a interrogarnos”, agrega.
Hay cada vez más feminismo activo y en México en paralelo a eso la violencia no cesa en contra de las mujeres, pareciera que crece.
“Eso nos rebasa en el sentido que tiene que ver con la militarización, con procesos económicos y políticos. Rebasan el tema de género, el neoliberalismo extremo nos está matando. En México se ha vuelto una especie de campo que se pone eso en forma muy clara, una especie de muerte y despojo absoluto, que no sólo es un problema de género. El patriarcado está ligado al liberalismo”, afirma.

“Desde el feminismo estamos reaccionando a lo que nos impone el patriarcado, en vez de juntarnos a imaginar otras cosas”, agrega.
Gabriela Jáuregui recientemente estuvo enfrentada a los dichos en tuiter de Carolina Sanín y ambas se vieron como representantes de visiones absolutamente diferentes.
Dice Gabriela que ella no estuvo enfrentada a Sanín, “lo que me puede mucho es el discurso que ella y otras personas con un altavoz muy grande para decir eso. Lo que es muy doloroso es como no poder mirar que ese discurso tiene efectos reales en la salud y en la vida de personas reales, que tienen una condición de vida muy difícil”, afirma.
“Hay personas que las padecen mucho más que nosotras, hay que mirar con un poco de empatía”, agrega.
Hay una teoría y hay personas reales, esa es la diferencia en los discursos que se enfrentan.
“Yo me pregunto por qué obsesionarnos o volvernos la policía de los genitales de las personas. Me resulta sorprendente, extraño y doloroso. Hay jerarquías como quienes tienen que tener derechos y quiénes no. ¿Qué es eso sino la prueba del patriarcado feroz? Los derechos humanos no son un pastel, que si nos comemos una rebanada no alcanzan para los otros. No es así. La cuestión es que se refuerzan los derechos humanos”, dice.











