“Creo que de alguna manera, que todos estamos en una posibilidad del error, al estilo onettiano, y eso me gusta mucho. Me llena de un imaginario mucho más interesante que el de los exitosos. No me gustan los finales felices”, dice Héctor, que coincide con el hecho de que esta novela, a pesar de ser de formación, no es una historia para jóvenes.
Ciudad de México, 28 de marzo (MaremotoM).- Héctor Iván González (Ciudad de México, 1980) es un hombre inquieto y le gusta la literatura escondida (sobre todo de esos desconocidos de Argentina, como Barón Biza o Rodolfo Fogwill), a veces festeja los días patrios de allá y por otro lado estudia la Maestría en Lengua y Literatura Francesas en el Programa de Posgrado de la UNAM. Es decir, es un hombre cosmopolita, interesado en casi todas las culturas y además un escritor que ha sido becario del programa “Jóvenes creadores” del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el género de novela, durante el periodo 2012-2013. Para la entrevista que le hicimos, oh señor, se puso la de las tres estrellas, la campeona.
Compiló La escritura poliédrica. Ensayos sobre Daniel Sada (Tierra Adentro, 2012) y, junto con Adriana Jiménez, El Temple deslumbrante. Antología de textos no narrativos de Daniel Sada (Posdata Editores, 2014), además publicó el libro de ensayos Menos constante que el viento (Abismos editorial, 2015) y el ensayo La literatura comprometida y Jean-Paul Sartre. Una reflexión sobre el fenómeno literario y lo político (UANL, 2018). Es colaborador de la sección “El Cultural” de La Razón y los medios como Tierra Adentro, Voices of Mexico, Nexos, entre otros.

Ahora acaba de sacar, por editorial Carena, de España, la novela Una leona rampa en la noche, que es para él una novela de formación.
Dice la sinopsis: Una leona rampa en la noche trata del encuentro de Román con M, una mujer mayor, que lo vuelve su amante. Román, veinteañero impetuoso, ha dejado la escuela para conseguir dinero, abandonando así su sueño de ser escritor, mientras M es parte de la élite económica. Ella rehúye los problemas, Román los encara sin medir consecuencias. Esa diferencia va a generar un conflicto inesperado. Él sería capaz de todo por ella, lo cual resultará fatal.
Dedicada al escritor Guillermo Fadanelli, Héctor también tiene frente a la mujer una gran cuota de curiosidad y de extrañamiento. Como si fuera una criatura a explorar para saber cómo comunicarse y cómo ser en esa relación.
ENTREVISTA EN VIDEO A HECTOR IVÁN GONZÁLEZ
“Tengo un amigo en Barcelona, a Yabo Mora y me contactó a finales del año pasado y me dijo que estaba interesado en conocer mi narrativa. Yo había publicado Los grandes hits de Shanna McCullough, por Diecisiete y le dije que tenía una novela inédita. Carena Editorial es de Barcelona, tiene muchos géneros, muchos autores y Yabo está haciendo la Colección Iberoamericana”, afirma Héctor Iván González en entrevista.
Las editoriales después de la pandemia están muy lentas y los escritores tratan de buscar una casa que los publique. “Me pasó con mi editora Magaly Pinal que me decía, para qué imprimir libros si no hay ferias. Hubo un ejemplo que me sentía muy identificado con el de Mauricio Montiel, a muchos nos cambió la vida el covid radicalmente. No tengo tanta prisa en escribir, pero siempre trato de estar trabajando algo de creación, de ensayo de largo aliento”, dice.
Su novela, Una leona rampa en la noche, está dedicada a Guillermo Fadanelli y esta historia de formación se parece un poco a esa narrativa. Además, está dedicada a él porque fue Mario Vargas Llosa el que lo hizo dejar de ser fan de los escritores, porque no le recibió una carta que él le llevaba. “Después de una entrevista que le hice en la Casa de Francia, donde hice una comparación textual de la traducción de Educar a los topos, hemos crecido como amigos con Fadanelli. Hubo una proximidad en la pandemia y siempre ha sido un hermano querido”, expresa.

“La historia se me empezó a dar porque hay una frase en Proust sobre la multiplicidad. Empecé a concebir esta novela después de que dieron una FONCA en el 2013. Tenía muchas historias que me enteraba en los bares. Cuando uno es joven, creemos que el mundo es nuestro, que conoce a una mujer mayor que él y esta mujer le empieza a revelar cosas. El más joven es el que va a equivocarse, porque parte de premisas reales”, afirma.
Luego está el profesor al que lo sigue una alumna muy hermosa y él que trata de escapar. Otro personaje que se llama Daniel Cuadrado, que habla del pasado. “Son tres perspectivas, están tres tiempos, tres historias que confluyen. Y en el personaje de Daniel Cuadrado, hay una chica uruguaya que me sirve para hacer un homenaje a Onetti”, agrega.
“Creo que de alguna manera, que todos estamos en una posibilidad del error, al estilo onettiano, y eso me gusta mucho. Me llena de un imaginario mucho más interesante que el de los exitosos. No me gustan los finales felices”, dice Héctor, que coincide con el hecho de que esta novela, a pesar de ser de formación, no es una historia para jóvenes.
“Me gustaba mucho una frase de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. Cuando un joven se refleja en el espejo de un lago y al mirarlo, no se reconoce. Claro que hay muchas cosas que estamos aprendiendo todo el tiempo, pero en el momento que te pones a pensar cómo soy, cómo llegué aquí y te das cuenta de la frase de un amigo mayor, de un profesor, de una chica que te gusta, han sido definitivas para ver quién eres ahora”, afirma.











