“¿Qué salvaríamos en un naufragio? La pregunta vuelve una y otra vez. Me obsesionan las imágenes del equipaje de los migrantes: mochilas, maletas, bultos sobre la cabeza. Lo útil. Lo amado. Lo que alcanzamos a guardar a último momento. Pregunto: ¿qué trajeron? ¿Con qué llegaron?”, se pregunta la autora.
Ciudad de México, 5 de noviembre (MaremotoM).- Entrevistar a Sandra Lorenzano es hacerlo a una carrera, pero también a una poeta. Siempre dice que ella lo único que es, es poeta y como tal ha hecho este ensayo Herida fecunda (Páginas de Espuma), una frase robada a la misteriosa y siempre propositiva Clarice Lispector, en donde –dicen- cuenta su vida.
Lo importante aquí es obviamente saber por qué cosas ha pasado Sandra, pero al mismo tiempo es por qué cosas pasarán los migrantes futuros, los que busquen en estas letras un consuelo y un porvenir más allá de la circunstancia.
He leído este ensayo, Premio de Málaga, con tintes personales. Llevo exactamente la mitad del exilio en México que Lorenzano y ella es mucho más generosa e integrada al país en que vive, al que siempre regresa como si fuera su casa.
Sandra Lorenzano, desde la Argentina de la dictadura hacia México, pero también de las historias de otros miles y miles de migrantes, del Mediterráneo a las fronteras de Centroamérica, de los Andes a la selva colombiana, deambula por el fracturado sur del mundo. La geografía es una y múltiple.
ENTREVISTA EN VIDEO A SANDRA LORENZANO (VE ESCUCHA)
“¿Qué salvaríamos en un naufragio? La pregunta vuelve una y otra vez. Me obsesionan las imágenes del equipaje de los migrantes: mochilas, maletas, bultos sobre la cabeza. Lo útil. Lo amado. Lo que alcanzamos a guardar a último momento. Pregunto: ¿qué trajeron? ¿Con qué llegaron?”, se pregunta la autora.
–Leer Herida fecunda es ponerte en contacto con tu poesía
–Yo siempre digo que en realidad básicamente escribo poesía, después aparece, digamos, como con distintos formatos. En este caso es un ensayo, a veces es una novela, pero siempre la base de la creación con la palabra es la poesía, en ese sentido estoy de acuerdo con lo que dices y sí, sin duda tiene que ver con eso.

–Y luego lo de la herida
–Me gustó mucho el concepto de Clarice Lispector: “de la herida fecunda”, porque parte de la idea de que esa herida no se cura nunca, de que esa herida no desaparece. Está ahí y es constitutiva de lo que somos. Eso me interesa mucho, justamente porque una puede estar muy feliz en el lugar donde está, sentirse muy parte de ese lugar y sin embargo ese haber sido arrancada del propio hogar, de los orígenes, de la familia, de los amigos, es algo que se mantiene siempre. No tiene que ver con la felicidad o la infelicidad, porque la verdad que después de 48 años y tú sabes que siempre lo digo, me siento totalmente parte de este país, de esta sociedad mexicana. Este es mi lugar, cuando yo pienso: “vuelvo a casa”, vuelvo acá, a mi casita de la Colonia del Valle. La propuesta de Clarice Lispector me sirvió como para pensar qué pasa con esa herida y cómo se transforma en algo fecundo, en algo productivo, creativo. Tiene mucho que ver con esta idea de los japoneses del Kintsugi (El kintsugi es una técnica japonesa que consiste en reparar objetos de cerámica rotos con barniz de resina y polvo de oro). Esa idea que ya la he trabajado en otros textos como que puedo pegar los fragmentos y al mismo tiempo esos lugares donde se pegan, no pueden ser disimulados. Como proponen los japoneses, hay que destacarlos, mostrar que tenemos esa herida y que con esa herida vivimos. No es una herida que nos impida seguir viviendo, pero es algo que forma parte de cada uno de nosotros. Me quise dar el permiso para que a partir de esa idea, explorar por un lado mi propia historia. Al mismo tiempo, historias similares tanto de exilios como de migraciones. El exilio es una migración particular, pero no deja de ser una migración y somos quizás más parecidas a las migrantes centroamericanas que pasan por este país a alguien que nunca tuvo que dejar su casa. El mío fue un exilio privilegiado, los exilios del Cono Sur de los 70 fueron privilegiados.
–Sí, yo tengo la mitad de tu exilio y también un exilio privilegiado porque fui yo la que decidió venir, pero precisamente en esta herida, tú haces un homenaje a los padres en ese ensayo
–Fíjate que debe ser porque durante muchos años sentí que yo estaba muy enojada por el exilio y de alguna manera eso lastimó nuestra relación. Después se recompuso, no es algo gravísimo y sí me parece que siempre vengo intentando en el zurcido y siento que en cada uno de mis libros, incluso sin buscarlo, me la paso zurciendo. Esto es parte de mi zurcido íntimo, trabajar también sobre la memoria de mis padres, porque quizás tardé muchos años, en pensar que si para mí era una herida, para ellos debía ser mucho mayor.
–Tanto que volvieron…
–Tanto que volvieron, exacto, habían dejado a sus propios padres, amigos, pero además casi 40 años de vida. Eran jóvenes, con cuatro hijos, además de edades muy diferentes y este no es un país fácil y esta no era una ciudad fácil para llegar, sobre todo con los dos que éramos adolescentes, mi hermano Pablo y yo y me imagino que ellos la pasaron fatal. Yo quería descubrir este mundo y a ellos les daba mucho miedo, ahí era como una cosa muy de generación también, además ellos eran los padres, tenían que cuidarme, yo era la hija, tenía que romper. Qué curioso que lo digas, me pasó con otro libro que tú conoces bien, que es El día que no fue (Alfaguara), que cuando lo grabé como audiolibro y que fue una experiencia hermosa, muy conmovedora, me di cuenta de que yo siempre decía que era un libro en el que hablaba de una ruptura amorosa y que en realidad era un libro que le escribía a mi mamá, como si fuera una larga carta a mi madre. Entonces tendré que volver a tu análisis para dejar de escribirles a mis padres, pero si tiene mucho que ver con lo que dices y a la vez si puedo retomar a una serie de padres y madres putativos que son los literarios y que están ahí con quienes el vínculo me resulta más fácil que con madre y padre real.
–Ahora yendo precisamente al literario, cuando hiciste este ensayo, que es un ensayo raro, ganó un premio en España, fue bien recibido…
–Es un libro que ha gustado, eso me da mucho gusto, ganó el premio Málaga de ensayo y la verdad es que pensé que ni siquiera lo iban a aceptar, porque es un ensayo poético. La primera persona, la emotividad, la afectividad de quien habla, están en primer lugar. Hablo poco del exilio argentino o de otros, me voy más a otros exilios que en lo personal parecerían más alejados y que sin embargo me parece que me ayudan a construir un campo de relaciones que está absolutamente entramado, me interesaba mucho explorar eso también.

–Ahora en el tema de la geografía, el libro sale de México, tiene un premio en España, sale editado por una editorial española que se llama Páginas de Espuma, en algún momento va a llegar a Buenos Aires, a Argentina, ¿cómo lo ves a esto?
–No sé, tardó en llegar a México, eso ya me preocupaba, porque es mi lugar, vivo acá y no tenía ni libros para regalar, pero ahora ya tenemos el libro en México y está en todos lados. El próximo año va a llegar a Argentina, en algún momento en que pueda viajar también para allá, seguramente será alrededor de Semana Santa, para acompañarlo un poco, porque no tengo demasiados lectores en la Argentina. Discutimos mucho tú y yo ese tema, no soy una escritora argentina para los argentinos, soy una escritora muy mexicana, a pesar de que hable mucho del tema argentino. Con este no sé qué va a pasar, no es un buen momento para la Argentina, no sé si hay ni tiempo, ni cabeza, ni corazón para pensar el exilio, que en este momento deben pensar qué suerte tiene Sandra que vive afuera, que suerte que tienen Sandra y Mónica que viven afuera, entonces no lo sé. Tengo muchas ganas de que llegue allá y que por lo menos la gente sepa un poco más qué hago cuando me siento a escribir.

–Ahora, más allá del ensayo, tú siempre viviste como esta situación que tienes de inmigrante, muchas veces me decías, es increíble cómo me ignoran en Argentina y a veces también pensamos cómo nos ignoran en México. Eliseo Alberto me dijo, siempre te van a cobijar, pero nunca te van a aceptar y lo veo siempre así…
–Yo lo vivo menos, quizás porque llegué más chica, me siento muy aceptada y muy reconocida en México, hay una cosa de mucha cercanía, no siento tanto eso, pero sí me ha pasado. El libro llega a México en un momento en que soy la responsable de la sede que la UNAM ha puesto en La Habana, Cuba, con lo cual el libro sale acá y tampoco estoy acá. No voy a estar 48 años allá, es un trabajo, no, como para ir a atender una editorial en Monterrey, qué sé yo, pero no genera esa inquietud, pero es curioso que sale el libro y tampoco lo puedo acompañar demasiado, estamos haciendo prensa y demás, pero ya sabes cómo es el tema de los libros, una tiene que estar en una feria tras otra y demás, pero yo tengo que volver a trabajar por supuesto a La Habana, que es mi lugar y mi proyecto institucional en este momento. Ahora que hablaste de Lichi, claro, de Eliseo Alberto, pienso eso, ahí hay un tema también muy interesante, hay muchos escritores y muchas escritoras cubanos, que son gente comprometida con la revolución, gente de izquierda, pero que viven fuera y que están haciendo una literatura muy potente. Entonces también me empieza a interesar eso. Estoy leyendo varios libros que tienen que ver con migraciones otras, por ejemplo, el libro de una francesa, hija de estos pies negros franceses que estaban en Argelia en el momento de la independencia y vuelve con su padre a Orán, porque ella quiere recuperar esa tierra que nunca fue suya y nunca conoció, más que a través de los relatos, sobre todo de los abuelos. Ahora estoy haciendo un recorrido, leyendo otro tipo de migraciones y exilios y vuelvo a la idea inicial de la herida fecunda, está ahí presente en todos y en todas y supongo que se me pasará este ataque de seguir leyendo migraciones y exilios, pero lo disfruto muchísimo, son textos en general muy desde la autoficción, muy desde la primera persona y me atrapan.
– ¿Qué te pasa con el cine?
–Bueno, vamos a poner en contexto. Me haces esta pregunta porque, por azares del destino, yo digo que es un regalo de la vida, Astrid Rondero y Fernanda Valadez, dos directoras de cine maravillosas, filmaron una película que se llama Sujo, que ha arrasado en los premios en Morelia, ganó Mejor Guion, Mejor Dirección, Mejor Película, se trajo el premio de Mejor Película Internacional del Festival de Sundance y es la película que la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas eligió para que represente a México en los Oscar y en los Goya. Ahí hago un papel en una película que me parece muy bella, más allá de que yo esté. La película la podríamos dividir en cuatro partes y yo aparezco en la última. Fue una experiencia hermosa, porque además te saca de esa cosa muy hacia adentro que tenemos y finalmente el cine es un trabajo de equipo. Descubres cosas que ni te imaginas que se hacen en el cine, como 20 tomas de la misma escena con diferente estado de ánimo, por ejemplo, que es fascinante, sería muy lindo pensar cómo se traduce eso en escritura. Es un papel que me gusta, una profesora extranjera que da clases de literatura en la UNAM.
–Estás en La Habana con la UNAM, acabas de sacar tu libro de ensayo, es un momento muy dulce para ti
–Sí, estoy contenta. Voy caminando hacia los 65 años con la alegría de lo que la cifra pudiera revelar y además estoy aprovechando la experiencia en Cuba, una experiencia dura, todos sabemos cómo es la situación allá y al mismo tiempo muy enriquecedora y creo que se va a transformar también en un trabajo de escritura, sobre todo las historias que escucho.











