Renata Wimer no esquiva la política, pero su discurso nace de la ética. “El genocidio en Gaza continúa y es tremendo. No puedo creer que haya gente que justifique matar niños. Lo que pasa con Palestina es el colapso moral de Occidente. La ONU está paralizada, los gobiernos callan, pero los pueblos están despertando.”
Ciudad de México, 31 de octubre (MaremotoM).- En tiempos de genocidio, cuando la crueldad parece haber vencido a la compasión, la música vuelve a recordarnos que todavía es posible imaginar un mundo distinto.
Así lo cree Renata Wimer, artista mexicana y fundadora —junto a la percusionista iraní Sara Ahmadi— del Kaliveh Ensamble del Mundo, que este 3 de noviembre de 2025 presentará en la Capilla Gótica del Instituto Cultural Helénico el Concierto por la Paz, una experiencia sonora que une a músicos de Irán, Senegal y México en un llamado urgente por la vida.
Kaliveh Ensamble del Mundo no es una orquesta convencional, sino un encuentro de culturas que dialogan a través de los instrumentos más antiguos del planeta: el daf y el tar iraníes, el esraj del norte de India, la kora senegalesa, las flautas bansuri y ney, junto con el violonchelo, el violín y el contrabajo occidentales. Cada uno de estos sonidos, explica Wimer, “carga la memoria de los pueblos antiguos” y, al reunirse, produce una ofrenda musical que simboliza la unidad humana.
“El daf tiene más de 2,500 años de historia. En Irán es mucho más que un instrumento: es resistencia y espiritualidad”, dice Sara Ahmadi, directora del ensamble. “Queremos compartir un mensaje de paz que trascienda las diferencias culturales. Cada nota, cada ritmo, es una manera de tender puentes”.
El ensamble está integrado por Babou Diebaté de Senegal; Sara Ahmadi de Irán; la cantante mexicana-canadiense Gitanjali Jain; el multi-flautista mexicano Santiago Ruiz; el contrabajista Rodrigo Valenzuela y Renata Wimer, a cargo del Esraj, el violonchelo y el Tar iraní. Cada uno aporta su raíz y su territorio, pero todos confluyen en una misma certeza: que la música puede sanar donde la política fracasa.

La música como respuesta ante el horror
El concierto nació de la indignación y el dolor. “Fue en marzo de este año”, recuerda Wimer. “Estábamos consternadas por la situación humanitaria en Gaza. Con el corazón hecho pedazos dijimos: tenemos que hacer algo y decidimos hacerlo desde nuestra trinchera: la creación musical.”
Desde entonces, el proyecto se ha convertido en una reflexión colectiva sobre la paz. “Para algunos, la paz implica justicia; para otros, libertad, pero todos coincidimos en que no puede haber silencio frente al genocidio”, afirma la artista. “El arte tiene una función política profunda: recordarnos que los niños que mueren en cualquier parte del mundo también son nuestros hijos.”
La Capilla Gótica del Helénico —con su atmósfera íntima, de piedra y resonancia espiritual— será el espacio donde el público podrá sumergirse en este viaje musical. Las composiciones son originales, creadas para esta ocasión y mezclan improvisaciones con estructuras de ensamble que evocan la idea de una plegaria colectiva. “No se trata solo de un concierto”, aclara Wimer, “sino de una ofrenda. Una invitación a pensar qué hacemos cada uno de nosotros por la cultura de la paz.”

Renata Wimer no esquiva la política, pero su discurso nace de la ética. “El genocidio en Gaza continúa y es tremendo. No puedo creer que haya gente que justifique matar niños. Lo que pasa con Palestina es el colapso moral de Occidente. La ONU está paralizada, los gobiernos callan, pero los pueblos están despertando.”
Sus palabras remiten al espíritu del West-Eastern Divan Orchestra de Daniel Barenboim, pero con un carácter más visceral y global. “Lo nuestro no busca fama, busca sentido. Queremos recordar que no hay razas superiores ni pueblos elegidos. Todos somos una misma familia humana.”
Renata Wimer acaba de regresar de China, donde —dice— comprobó “el triunfo del socialismo y la dignidad humana frente al caos occidental”. Habla con una mezcla de indignación y serenidad: “Estamos en el colapso total de una civilización, Pero también en el momento en que podemos construir otra. Gaza simboliza eso: la ruina, pero también el despertar.”
Por eso, el concierto no será un cierre, sino un comienzo. Kaliveh planea grabar su presentación y llevar su mensaje a festivales internacionales. “Vamos paso a paso”, explica Wimer. “Queremos que más músicos se sumen, que el ensamble crezca. Ojalá llegue el día en que no tengamos que hacer conciertos por la paz, sino conciertos para celebrarla.”
Las entradas están disponibles a través de Boletópolis (https://boletopolis.com/es/evento/36841/funcion/244592), con un costo de $450 en preventa y $500 el día del evento. El aforo es limitado —solo 170 lugares—, una razón más para no perder la oportunidad de ser parte de este encuentro que recuerda, en medio del ruido y la barbarie, que la música sigue siendo el último refugio de la humanidad.











