Las viudas de los jueves

Con algunas imperfecciones, Las viudas de los jueves sale muy bien librada en su versión mexicana

Dice Netflix que es una serie de suspenso, pero en cierta medida la historia en realidad deja una reflexión intensa acerca de esos núcleos sociales que viven separados del resto, hacia el que solo se unen cuando necesitan un servicio.

Ciudad de México, 18 de septiembre (MaremotoM).- Una serie basada en el libro homónimo de la escritora argentina Claudia Piñeiro ha dado un éxito de Netflix esta semana.

Se trata de Las viudas de los jueves, una historia sencilla, pero al mismo tiempo tenebrosa y que refleja la calidad de las personas que pueblan la clase media alta de Argentina y ahora de México.

Dice Netflix que es una serie de suspenso, pero en cierta medida la historia en realidad deja una reflexión intensa acerca de esos núcleos sociales que viven separados del resto, hacia el que solo se unen cuando necesitan un servicio.

En primer lugar, aquí hay muy poca clase media. Casi todos somos pobres, diríamos en México y la clase alta a ver si se adecua a esta historia donde ese mirar por encima de los demás cae como desde un precipicio. Es cierto que desde la clase alta, esta caída representa un estruendo mucho mayor y ahí radica lo bueno de esta versión.

Por otro lado, también ver si esta historia, después de haber hecho una gran película (con el gran actor Pablo Echarri a la cabeza), podría diseminarse en una serie de seis episodios. Lo cierto es que más allá de ciertos baches (como la historia de la chica adoptada, que no está bien contada y se diluye en la serie o como los dimes y diretes de los alumnos en la escuela), el programa está muy bien. Uno puede dedicar todo el sábado a la tarde para ver el elenco maravilloso y la producción de este país.

Familias aparentemente perfectas del barrio privado Los Altos de Las Cascadas viven su día. Cualquiera envidiaría vivir ahí: lujosas mansiones, canchas de tenis, incosteables relojes, las escuelas más exclusivas. Todo cambia con una tragedia que amenaza con desatar una serie de misterios. Cinco familias ejemplares se ven amenazadas por un escándalo.

Las viudas de los jueves
Las viudas de los jueves, por Netflix. Foto: Cortesía

Ahí está Cassandra Ciangherotti, que es más o menos la voz cantante en la serie, la que vende las casas, las que somete a los nuevos vecinos a ser aceptados por un conjunto que domina Zuria Vega (impecable en su perfecta e imperfecta Mariana Andrade), con otra líder que es Teresa Scaglia (Irene Azuela), esposa del Tano (Omar Chaparro) que es el que desencadenará el escándalo y las muertes.

Hay que decir algo en honor de Chaparro, los prejuicios y su trayectoria es cierto que plantean cosquillas antes de ver su rol protagónico en un programa con tantas expectativas. Él responde con mucho talento y realiza escenas de sexo, de violencia, de mucho contacto visual y táctil, con una gran solvencia.

Las mujeres, ni hablar. Son todas actrices de primer orden y desde Azuela hasta Ciangherotti (esa mujer aparentemente tranquila, que todo lo domina y finalmente tiene dos caras, como todas), constituyen un elenco maravilloso en el que sobresale Juan Pablo Medina, en el rol de Ronnie Guevara. Un hombre sin cerebro, al que todos bromean por su falta de inteligencia útil, que al final termina salvándose de la gran tormenta con que termina la serie.

La dirección de Humberto Hinojosa es correcta y la serie, con muchas imperfecciones, logra convertirse en el gran producto que ahora todos miran en Netflix.

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