Por eso me gusta lo insólito, es algo que raras veces ocurre pero puede ocurrir y la interpretación depende de la perspectiva desde dónde se mire. En Al final del miedo (Editorial Páginas de Espuma) no es sólo llegar a lo que se encuentra al final de esos miedos sino a lo que hay de fondo: más miedos, reconciliación, tristeza, confrontación.
Ciudad de México, 27 de mayo (MaremotoM).- En la V Bienal Mario Vargas Llosa se han dado cita grandes personalidades nacionales e internacionales del mundo literario. La escritora Cecilia Eudave estuvo presente, moderando una mesa titulada Todo esto estaba escrito, junto a los autores Olga Merino, Maruan Soto Antaki y Gustavo Rodríguez.
Al finalizar pude acercarme a ella y pedirle una entrevista para platicar más a fondo sobre sus libros, la literatura no mimética y el tema que le da título a este encuentro: Literatura para tiempos recios.
—La realidad ya no nos alcanza, esta realidad pactada y unilateral no es única, hay muchas realidades. Cuando se habla de literatura no mimética es precisamente aquella que no se apega a esta realidad pactada. Es otra manera de representar las problemáticas sociales, pero también a nivel de los individuos. Me he decantado en la narrativa de lo inusual, una narrativa que finalmente está en el límite, es una literatura de umbral que por lo tanto puede mirar de manera muy efectiva esa realidad que nos han enseñado y todas esas otras posibilidades. No tienes esta sensación del fantástico tradicional dónde todo parece inexplicable. Lo que a mi me gusta de estas nuevas tendencias de los géneros no miméticos es que están ahí en la realidad que conocemos y pasan muchas cosas que nos obligan a poner más atención a esos detalles extraños e insólitos que por lo mismo nos representan de cualquier manera.
—En tu libro Al final del miedo (Editorial Páginas de Espuma) describes a los personajes desde lo íntimo y nos das acceso a partes escondidas del ser humano. ¿Cómo dibujas tan nítidamente a estos individuos?
—Disfruté mucho el trabajo que hice con todos esos personajes. Hay un juego con el lector, los personajes brincan a otros cuentos, de pronto ves a un secundario en otra historia y vas conformando una especie de universo. Me gusta la literatura más íntima, la literatura que nace de lo más profundo de nuestra condición humana, que nos conmueve. Me gusta crear personajes a los que te puedes acercar y con los que te identificas. Personajes a los que les pasan cosas que también nos pasan, pero en un contexto que se vuelve exacerbado por la excepción, por algo que es posible. Por eso me gusta lo insólito, es algo que raras veces ocurre pero puede ocurrir y la interpretación depende de la perspectiva desde dónde se mire. En Al final del miedo (Editorial Páginas de Espuma) no es sólo llegar a lo que se encuentra al final de esos miedos sino a lo que hay de fondo: más miedos, reconciliación, tristeza, confrontación. El miedo moviliza a los personajes y la metáfora de los grandes agujeros que están en todos los cuentos es sobre abismarse uno en la propia oscuridad, buscando distintas rutas para confrontar las relaciones humanas. Los cuentos de este libro hablan sobre rupturas de esposos, de amantes, de amigos, de hermanos, porque es humano siempre estar rompiendo con algo.

— Todo mientras ocurre una especie de Apocalipsis. ¿El final del mundo es una preocupación como autora?
—Cuando empecé a escribir este libro fue en el 2012, cuando se decía que el mundo se iba a acabar y era el fin de la civilización. No pasó nada, llegaron pandemias y tampoco desaparecimos. Todo el tiempo estamos pensando en fatalismos, todo gira en torno a lo negativo, es una especie de conciencia de que somos malos, de que como humanidad no hemos funcionado y todo lo que nos sucede es consecuencia de nuestras malas decisiones, no sólo a nivel personal, también social. En el libro hablo de apocalipsis personales, los personajes están inmersos en sus propios fracasos y eso ha logrado que el libro tenga esa proximidad con el lector para que pueda ver su reflejo a través de esos espejos negros de la condición más miserable como seres humanos.
—¿Quiénes han sido algunas de tus influencias literarias más importantes?
—Virginia Woolf, es una escritora que me ha marcado mucho sobre todo por su capacidad para construir personajes impresionantes. Amparo Dávila, cuando la descubrí me di cuenta que había una mujer en México haciendo lo que yo quería escribir. Shirley Jackson es maravillosa con todo ese mundo inusual, como el texto de La lotería, que raya en lo insólito pero posible. Leonora Carrington y todo este imaginario surrealista y onírico que me apasiona. Elena Garro, una de las mejores plumas de México y la escritora de una de las novelas más importantes del siglo XX en lengua castellana. También hay escritores hombres nacionales y extranjeros. Por supuesto hay un antes y un después de Edgar Allan Poe, H.G. Wells, Conan Doyle, Ítalo Calvino, Arreola, Rulfo, Ibargüengoitia, Carlos Fuentes sobre todo con su obra oscura y fantástica que me parece fenomenal y por supuesto Borges, soy Borgiana y estoy releyendo algunos de sus libros a propósito de primeras ediciones, para recuperar centro. También leo a gente contemporánea como Daniela Tarazona, Brenda Navarro, Cristina Rivera Garza, Bibiana Camacho, Lola Ancira y muchas otras nuevas voces. Uno no puede ser escritor sin ser antes un gran lector.











