El concierto del 5 de octubre en el Auditorio Blas Galindo del CENART será la oportunidad de escuchar cómo un músico veracruzano entrelaza tango, son jarocho y danzón con la música de concierto contemporánea, para recordarnos que la identidad latinoamericana es, ante todo, mestiza y viva.
Ciudad de México, 29 de septiembre (MaremotoM).- El próximo domingo 5 de octubre a las 13:30 horas, el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes recibirá a Carlos Matus, pianista, arreglista y compositor veracruzano, quien presentará junto a su quinteto el disco Tangos, sones y danzones.
La propuesta, que fusiona tradiciones como el tango contemporáneo, el son jarocho y el danzón, constituye la primera producción discográfica de un músico que ha sabido transitar entre la música de concierto, el teatro, la danza y el cruce entre géneros populares y académicos.
Egresado de la Escuela Superior de Música del INBA, Matus ha pisado escenarios de enorme prestigio: la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, la Sala Nezahualcóyotl, la Sala Carlos Chávez, el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris” y foros internacionales como The Kitchen en Nueva York, RadialSystem V en Berlín, Korzo Theater en La Haya, el Odeon en Bucarest o el Conservatorio Mihail Glinka en Novosibirsk.

Becario del FONCA en diversas categorías, ha sido músico residente de la Compañía Nacional de Teatro y director musical en homenajes como el dedicado a Ana Ofelia Murguía en 2024. También ha colaborado con la Compañía Nacional de Danza, el Taller Coreográfico de la UNAM y colectivos de vanguardia como La Fura Dels Baus.
El enamoramiento del tango
Aunque su formación es académica, el tango lo atrapó hace casi dos décadas. “Fue como un enamoramiento —recuerda—. En 2006 tocaba con un chelista y un violinista, hicimos un concierto con arreglos de Piazzolla y José Bragato. Yo aporté un arreglo de sones jarochos y lo llamamos del tilingo al tango. Desde entonces me enamoré de Piazzolla, porque todos los no argentinos entramos al tango por Piazzolla y por Gardel”.
El descubrimiento fue más profundo: “Vi que era un género plural y vivo. Había mucha gente joven componiendo, mezclando tango con zambas, chacareras, chamamé. Entonces pensé que nosotros, en México, también podíamos hacerlo con el son jarocho, con nuestros propios folclores. Así nació este proyecto de fusión”.
Entre el son jarocho y Piazzolla
Para Matus, las conexiones entre géneros son evidentes: “El tango y el danzón comparten una raíz común: la habanera. El danzón abrazó la percusión, mientras el tango se volvió más íntimo, pero en ambos hay un pulso compartido. Yo crecí con el son jarocho y después de estudiar composición quise reinterpretarlo con un lenguaje contemporáneo. No se trata de reproducir, sino de hacer sonar lo que a mí me provoca. Es una música que se vuelve espacial, galáctica, sin dejar de ser profundamente nuestra”.
El disco y el concierto
El álbum Tangos, sones y danzones incluye diez piezas, desde composiciones originales como “A partir de hoy“, “Leo y Tuki” o “Mocambo”, hasta versiones de clásicos de Macedonio Alcalá, Lorenzo Barcelata, Abelardo Valdés y Amador Pérez “Dimas”. “Es un laboratorio sonoro que reúne y transforma mis raíces musicales —explica—. Conservo la complejidad de lo académico, pero quiero que la música siga siendo cercana, que haga pasar un buen rato a quien escucha”.
El quinteto que lo acompaña lo integran Clara Stern (bandoneón), Nadia Cano (violín), Cristina Arista (violonchelo), Alex Martínez (contrabajo) y el propio Matus al piano y dirección musical.
La música latinoamericana hoy
Matus no pierde de vista el lugar que ocupa la música de la región en el panorama global: “La música latinoamericana está muy viva. Ha pasado por resistencias, pero hoy es probablemente la más escuchada en el mundo. El reguetón, Shakira, Bad Bunny han abierto caminos. En la música académica también estamos saliendo de burbujas. Arturo Márquez es un ejemplo: con Danzón No. 2 logró mostrar que nuestras raíces son materia de concierto. Eso es lo que quiero hacer: reinventar el folclore desde lo que soy y desde lo que me tocó vivir”.
El escenario como ritual
Para el pianista, subirse al escenario no es solo un acto musical: “El escenario y la creación artística son espacios de encuentro. En un mundo hipertecnologizado, asistir a un concierto nos devuelve algo esencial: la experiencia compartida. Es un ritual que alimenta nuestra humanidad, imposible de sustituir por clics o reacciones digitales”.
Aunque hoy disfruta de su quinteto, Matus confiesa su sueño: “Me encantaría dirigir una orquesta, hacer arreglos, trabajar con músicos de distintas disciplinas. Estoy cumpliendo un sueño al dedicarme de lleno a la música, pero no dejo de pensar en lo que viene”.
El concierto del 5 de octubre en el Auditorio Blas Galindo del CENART será la oportunidad de escuchar cómo un músico veracruzano entrelaza tango, son jarocho y danzón con la música de concierto contemporánea, para recordarnos que la identidad latinoamericana es, ante todo, mestiza y viva.











