Antonio León

ANTONIO LEÓN: EL DESIERTO, LA MEMORIA Y LA POESÍA QUE RUEDA

Antonio León, poeta entrañable del norte mexicano, regresa con un libro singular, distinto, íntimo: Una cabeza rodando en el desierto, publicado por el Fondo Editorial de la Universidad de Sonora. A diferencia de sus anteriores trabajos marcados por el humor y la cultura pop, este nuevo poemario se sumerge en la melancolía, la pérdida y la geografía emocional del desierto.

Ciudad de México, 7 de agosto (MaremotoM).- “El libro nació de una historia que me contó mi abuela Lupita cuando era niño”, relata León. Una anécdota impactante: una cabeza humana rodando por el desierto, tras un accidente. La imagen, tan vívida como misteriosa, lo persiguió durante décadas.

“Ellas eran puras niñas en el desierto y su mamá que las crió sola. Al patio llegó rodando la cabeza del chofer, en una pick-up, que chocó, pues llegó así: rodando en la noche. Esa imagen de la cabeza rodando en el desierto me parecía tan fuerte. Empecé a tener unas charlas con mi abuela como en  2018 y las empecé a grabar. Cuando le conté después, 35 años de que ella me contó esa anécdota o más, resulta que la anécdota era muy distinta. O sea, yo en mi cabeza le había puesto color y forma y facciones a esa cabeza y tal”, dice Antonio.

En la pandemia, durante la cuarentena, esa escena revivió en su memoria y se convirtió en el núcleo simbólico de este poemario que había titulado primero Casa de jugar en el desierto. Fue el poeta Jorge Ortega quien sugirió el título definitivo, destacando el poder visual y narrativo de esa “cabeza en acción”. Una cabeza rodando en el desierto (FEUS)

Antonio León
El libro es también un homenaje a las mujeres de su familia. Foto: Cortesía

El libro es también un homenaje a las mujeres de su familia —su abuela Lupita, su bisabuela Margarita— y un acercamiento a la muerte, la ausencia y los silencios del norte. “Es una síntesis de las mujeres mayores de mi casa”, explica el autor, “pero también es un intento de abrazar la oquedad humana, esa falta, en un paisaje como el desierto, que aunque rudo, está lleno de vida”.

León reflexiona sobre la poesía desde la periferia. “Cuando uno es un poeta de provincias, parece que está desentendido de otras escenas, peroestoy muy conectado con la poesía contemporánea. Soy un lector voraz, me emocionan los nuevos hallazgos, los jóvenes autores”, comenta. Pese a su aislamiento relativo, León defiende con fuerza una poesía escrita desde el margen, con libertad y fidelidad a sus temas y territorio.

Su manera de escribir —compartida y dialogada— encuentra eco en amistades y lectores que enriquecen su proceso creativo: Jorge Ortega, Elma Correa, el entrañable Ángel Ortuño (1969-2021). “Mis amigos son mis mejores lectores”, afirma.

Antonio León
Una cabeza rodando en el desierto no busca el efectismo de la tragedia. Foto: Cortesía

Una cabeza rodando en el desierto no busca el efectismo de la tragedia. Es una elegía contenida, un canto desde la frontera que no se rinde al narco ni a los estereotipos. “Lo que me interesa es lo que respira”, dice el poeta: los animales, los pueblos rurales, las tormentas, los restos de otras eras geológicas. En el libro se combinan memorias familiares, historias de migración y una reflexión sobre la vida en territorios que, muchas veces, parecen haber sido puestos ahí “provisionalmente”.

León escribe desde Baja California, desde ese Noroeste donde “si se va la luz, se acaba el mundo”. Aunque ya forma parte de antologías nacionales y su obra comienza a circular en librerías importantes, él insiste en permanecer fiel a su ritmo y su búsqueda. “Estoy escribiendo más que nunca. Me voy acercando a los 50 años y tengo muchas cosas que cerrar, terminar, ordenar”.

Su poesía, dice, se mantiene abierta al diálogo y al asombro. Y eso se nota, como en el poema final que él prefiere escuchar en voz de otro, como un canto que vuelve a casa:

Mi bisabuela habla con víboras de cuernitos.

En la canícula rugosa del desierto

asoman las pieles frías, las víboras y sus escamas.

Una de ellas lleva cornamenta

y bufa desde sus astas.

[…]

Mi bisabuela habla con serpientes de cuernitos,

les dice que me dejen en paz.

 

 

Comments are closed.