Un homenaje a Silverio Jiménez. Los primeros timbrazos de la llamada, largos y suaves, suenan antes de escuchar la voz de Alejandro, trovador mexicano con más de tres décadas de trayectoria, cinco discos propios y otros cuantos en colaboración.
Ciudad de México, 21 de agosto (MaremotoM).- Su primera guitarra llegó a él a los doce años de edad, por circunstancias del destino, cuenta Rizo en entrevista. De allí, vinieron las clases y, posteriormente, el escribir sus primeras canciones donde encontró la forma de comunicarse con él y con el mundo, descubriendo su propio estilo y, con ello, su libertad.
Alejandro, junto a grandes compositores y trovadores, ha realizado giras por el mundo: Canadá, Guatemala, Cuba y, por supuesto, visitado cada rincón de la república mexicana. Sus compañeros, Francisco Palacios y Silverio Jiménez, este último, protagonista de esta entrevista.
“Soy cantador de historias”, dice el trovador Rizo. Rememora una infancia sin influencia familiar en las artes, en la música. A excepción de su abuela, a quien recuerda con una bella voz cantando boleros, boleros que jamás a vuelto a escuchar en ninguna parte. Boleros que quedaron como notas guardadas en la memoria.
Por otro lado, comenta, creció influenciado por la música de su entorno, “noté cierta particularidad en los cantautores que pasaban por mis manos a través de sus discos”. Recuerda aquellos años de Agustín Lara, Silvio Rodríguez, Pedro Vargas. Por supuesto, del pop y del rock de aquellas décadas.
En su adolescencia, Alejandro recuerda haber llegado a un género escondido, a seres humanos que no sólo componían su música y escribían sus canciones, también las cantaban. Eso llamó la atención del trovador. A lo que continúan, “hablo de Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, Guadalupe Trigo quienes a través de su voz manifestaban esa creatividad de decir algo específico”.

Posterior a este descubrimiento del manifiesto, Alejandro Rizo ingresó a la Escuela Superior de Música, en la cual conoció a grandes cantautores que marcarían su vida: David Haro, Rafael Mendoza y Silverio Jiménez. A toda esta parte de su vida le llama “la asociación delictuosa de la canción”, lo comenta y ambos reímos.
La trova no sólo ha dejado un legado considerable en la sociedad y en la música, también en la poesía, en el arte de escribir.
“Ha existido de siempre. Desde los primeros trovadores del siglo XI ya existían una preocupación por dedicarle un tratamiento especial a la letra y combinarla con música, sonidos. En algún momento de nuestra historia humana se perdió esa tradición tomando una gran notoriedad a partir de décadas pasadas donde grandes cantores, por poner un ejemplo, el francés Georges Brassens quien fue el primer trovador de escenario. Aquí surge la popularidad de la figura de un hombre contando lo que escribe y tocando su guitarra”, expresa.
La dificultad de trasladar la realidad, la cotidianidad a una canción y convertirla en prosa, verso y, aún lado todo ello, con un toque social, de manifiesto, de amor: un mensaje, es la preocupación musical y literaria de Alejandro que se refleja en su voz, en su arte.
El protagonista de esta entrevista es su mayor maestro, amigo: Silverio Jiménez, quien ha marcado la trayectoria de Alejandro. Por ello, este viernes 18 de agosto a las 19 horas, le rendirá un sensible homenaje a su compañero que perdió la vida, en la Librería Octavio Paz del Fondo de Cultura Económica como actividad de la Gran Venta Nocturna.
“Conocí a Silverio a finales de los años ochenta, ya el siglo pasado. Un ser humano que marcó mi vida en todos los sentidos. Un gran ser humano”. Comenta Rizo con voz cortada. De tristeza, de añoranza. Pide una disculpa y expresa, “fíjate, un poeta a quien le roban las palabras es increíble”. Continúa, “con Silverio construí una considerable sociedad creativa. Canción que escribía, componía, pasaban por él primero para ser escuchadas. Siempre, siempre, busqué su punto de vista, su opinión. Tallereábamos las canciones juntos. Esto trazó una diferencia fundamental en mi trayectoria. No sólo era sólo el criterio propio, también pasaba por el escrutinio de un artista en la cual confiaba plenamente”.
Las enseñanzas que nutrieron, enriquecieron las canciones del trovador Alejandro Rizo tuvieron una vestimenta hecha minuciosamente por Silverio Jiménez para marcar un carácter objetivo, subjetivo: personalidad, dice el entrevistado. “Un gran traductor de la realidad, de la canción. Un artista que estaba preocupado por su tiempo. Obras sensibles dedicadas a las amas de casa, al obrero, al pueblo, a los amores”.
La entrevista tiene un desenlace con tono nostálgico, de duelo: “el mensaje es, siempre, que Silverio Jiménez está y seguirá presente”.











