Candidatas al Nobel

¿UN NOBEL PARA EL SUR? CRISTINA RIVERA GARZA Y SAMANTA SCHWEBLIN, CANDIDATAS

Si este año el Nobel decide escuchar a América Latina podría encontrarse con dos escritoras en plenitud. Schweblin encarna la precisión del terror íntimo que desarma certezas. Rivera Garza levanta un territorio de palabras donde caben duelo, amistad y planeta. Cualquiera de las dos honraría el premio. Juntas ya honran a la lengua.

Ciudad de México, 30 de septiembre (MaremotoM).- A días del anuncio del Nobel de Literatura, dos escritoras de América Latina concentran miradas: la argentina Samanta Schweblin y la mexicana Cristina Rivera Garza. Trayectorias sólidas, obras que renuevan géneros, lectores fieles en varios idiomas y una conversación estética y política que marca época.

Samanta Schweblin
Editó Random House. Foto: Cortesía

Samanta Schweblin: el filo de lo extraño

Schweblin (Buenos Aires, 1978) es hoy una maestra del cuento en español. El buen mal confirma su registro: relatos que parecen cotidianos hasta que un pliegue mínimo desbarata la normalidad. La autora trabaja con atmósferas, silencios y cuerpos en tensión. “El miedo es un estado que me fascina, casi hipnótico… te pone fuera de todo control racional”, dice desde Berlín, ciudad donde vive desde 2012. En su poética, lo raro no es ornamento: funciona como una alarma que obliga a mirar de nuevo.

Su trayectoria comenzó temprano con El núcleo del disturbio y se consolidó con Pájaros en la boca, Siete casas vacías y las novelas breves Distancia de rescate y Kentukis. Reúne premios mayores en ambos lados del Atlántico y traducciones que la convirtieron en autora de culto. En El buen mal aparece otra constante: Hurlingham como geografía íntima, borde entre ciudad y campo que habilita personajes al límite. También una pregunta contemporánea sobre el cuidado, la maternidad y la muerte, no como clausura sino como umbral.

Schweblin asume herencias rioplatenses —Cortázar, Bioy, Di Benedetto— y las actualiza con un oído preciso para el habla y un pulso que administra la ansiedad del lector. Su obra dialoga con el terror íntimo de Shirley Jackson y con el extrañamiento de la mejor tradición latinoamericana. No busca moralejas. Busca atención absoluta.

Cristina Rivera Garza: cuerpo, lenguaje, territorio

Rivera Garza (Matamoros, 1964) transita con naturalidad la narrativa, el ensayo y la poesía. Después de El invencible verano de Liliana —libro clave contra el feminicidio que detonó conversación pública y obtuvo el Pulitzer— publica Terrestre, un volumen de relatos y piezas híbridas que piensa el cuerpo en movimiento sobre la Tierra: rutas, ciudades, litoral, memoria. “Quería hablar de lo grave que nos atraviesa y también de lo que hace posible la vida cotidiana y la resistencia”, afirma.

Su escritura se sostiene en investigación y ética de la escucha. La autora examina cómo contar experiencias ajenas sin domesticar su complejidad y propone una “no ficción especulativa” que abre el lenguaje a lo no humano: plantas, animales, clima. Terrestre extiende su proyecto literario hacia un optimismo crítico que no niega la violencia ni la precariedad, las enfrenta desde la imaginación y el cuidado.

Cristina Rivera Garza
El invencible verano de Liliana, una edición de Literatura Random House. Foto: Cortesía

Rivera Garza piensa la literatura como práctica colectiva: leer, preguntar, contrastar archivos. Su obra arma puentes entre academia y calle, entre México y Estados Unidos, entre justicia y belleza. No hay panfleto: hay forma, ritmo y riesgo.

Dos caminos, una conversación

El cuento como laboratorio. Schweblin lo empuja hacia lo inquietante y lo físico; Rivera Garza lo mezcla con ensayo y documento para tensionar la mirada.

Cuerpos y miedo. En ambas, el cuerpo es territorio político y sensible. El miedo funciona como umbral de atención y aprendizaje, nunca como espectáculo.

Lenguaje sin obediencia. Las dos desmontan etiquetas de “normalidad”, maternidad obligatoria o discurso oficial. La apuesta es estética y también cívica.

Latinoamérica, aquí y ahora. Una escribe desde Berlín con los pies en Hurlingham; la otra mira México desde un mapa ampliado que incluye fronteras, archivos y comunidades lectoras jóvenes.

Influencia real: obras leídas en escuelas, clubes, universidades y plataformas digitales en varios idiomas.

Renovación de formas: expanden el cuento y la no ficción, hibridan géneros sin pérdida de rigor.

Vitalidad del idioma: prueban que el español contemporáneo puede ser audaz, dúctil y popular a la vez.

Efecto cultural: instalan conversaciones sobre violencia, cuidado, género, clima y comunidad lectora.

Si el Nobel mira al sur

Un premio para Schweblin o Rivera Garza no sería una corrección geográfica. Sería la validación de una literatura que piensa el presente con precisión quirúrgica y potencia imaginativa. La primera captura lo anómalo de la vida diaria hasta volverlo revelación. La segunda convierte archivos y trayectos en escritura que repara y transforma.

Si este año el Nobel decide escuchar a América Latina podría encontrarse con dos escritoras en plenitud. Schweblin encarna la precisión del terror íntimo que desarma certezas. Rivera Garza levanta un territorio de palabras donde caben duelo, amistad y planeta. Cualquiera de las dos honraría el premio. Juntas ya honran a la lengua.

Comments are closed.