Roberto Saviano

ROBERTO SAVIANO, EL ESCRITOR QUE GRITA BAJO ESCOLTA

El escritor napolitano vive bajo escolta desde 2006. Su vida es un corredor de vigilancia, coches blindados y domicilios secretos. No hay calle ni bar donde pueda sentarse sin plan previo. La libertad que perdió se transformó en la voz que no calla. Desde Gomorra hasta hoy ha seguido escribiendo sobre el poder criminal, la economía del miedo y la corrupción del lenguaje. Cada libro es un acto de resistencia. En Grita vuelve a hacerlo, esta vez para rendir homenaje a quienes también se atrevieron a levantar la voz.

Ciudad de México, 20 de octubre (MaremotoM).- Roberto Saviano regresa al territorio de la palabra como quien vuelve al frente. Después de la novela dedicada a Giovanni Falcone, Los valientes están solos (Anagrama) el juez que enfrentó a la Cosa Nostra y pagó con la vida, publica Grita (Anagrama), un libro coral, vibrante, que recoge voces, biografías, silencios y rebeliones. Es un compendio de nombres que se transforman en ecos: Anna Ajmátova desafiando a Stalin, Anna Politkóvskaya denunciando la guerra de Chechenia, Jamal Khashoggi entrando en el consulado saudí sin saber que no saldría vivo. Saviano los convoca no como mártires, sino como seres humanos que decidieron hablar.

El escritor napolitano vive bajo escolta desde 2006. Su vida es un corredor de vigilancia, coches blindados y domicilios secretos. No hay calle ni bar donde pueda sentarse sin plan previo. La libertad que perdió se transformó en la voz que no calla. Desde Gomorra hasta hoy ha seguido escribiendo sobre el poder criminal, la economía del miedo y la corrupción del lenguaje. Cada libro es un acto de resistencia. En Grita vuelve a hacerlo, esta vez para rendir homenaje a quienes también se atrevieron a levantar la voz.

El autor lo sabe: el silencio es cómplice. Por eso elige la palabra como arma. “Las historias que voy a contarte podrán servirte de escudo, incluso de munición”, escribe al comienzo del libro. No hay retórica en esa declaración, solo la conciencia de un hombre que vive en la mira. Las ilustraciones de Alessandro Baronciani acompañan el recorrido: imágenes que traducen el temblor, la urgencia, el grito.

Roberto Saviano
El autor lo sabe: el silencio es cómplice. Foto: Cortesía

Saviano amplía el mapa. No se queda en los periodistas asesinados ni en las víctimas del totalitarismo. Incorpora a Jean Seberg, a Pier Paolo Pasolini, a George Floyd. Habla de la monja Cabrini, de la superviviente del Holocausto Settimia Spizzichino, del poeta obrero chino Xu Lizhi. Denuncia el cinismo contemporáneo: el periodismo de paparazzi digitales, la exposición humillante, la crueldad disfrazada de entretenimiento. Recuerda el caso de la web Gawker, el video íntimo de la viceministra Karina Bolaños, la pornografía del escarnio público.

Roberto Saviano
Editó Anagrama. Foto: Cortesía

Su mirada se desplaza de la mafia a la estructura global del poder mediático. Lo que cambia es el escenario, no la violencia. El enemigo ya no lleva pistola, sino cámara. El verdugo ya no dispara, publica. Saviano explora esa mutación y advierte que el riesgo de hablar sigue siendo alto. En su caso, hablar equivale a existir.

Quien lo escucha en entrevistas recientes percibe la serenidad de quien no se rinde. Es un hombre que cita a Hipatia, a Giordano Bruno, a Zola, a Martin Luther King. Ve en ellos un linaje: el de los que se atreven a gritar cuando la historia ordena callar. “Puro no es el corazón que se esconde —escribe—, sino el que se la juega siempre. Tú grita que late.” Esa es la consigna, el pulso de un libro que no busca consolar sino despertar.

En Grita, Saviano vuelve a recordarnos que la literatura puede ser una forma de coraje. No habla desde la impunidad, sino desde la amenaza. Su cuerpo custodiado es la evidencia de que las palabras aún pesan. La Mafia no logró silenciarlo. Tampoco lo hará el miedo. Vive, escribe, denuncia. Su vida entera es ya un manifiesto: el de quien eligió contar el crimen a riesgo de convertirse en su blanco.

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