¿Qué tan arriba es arriba?

RESEÑA | ¿Qué tan arriba es arriba?

Un punto extra muy importante: es una obra teatral para todo tipo de público. Surge entonces una pregunta: si es una obra teatral que expone directamente a la muerte y a la vida cómo es que es para todo público. Y he aquí uno de los puntos más importantes de esta puesta en escena que, lamentablemente, solo se presenta hasta el 15 de diciembre.

Ciudad de México, 11 de diciembre (MaremotoM).- De entrada, hay que señalarlo: es una obra de teatro que trata de la vida, pero también de la muerte. Y de la ausencia. Se trata de entender los procesos por los que las personas que queremos, las que están alrededor de nuestra vida nos abandonan para no volver jamás porque ellas mismas se quedan sin aire, justo como se queda sin él Mamá Luz, la abuela y guía de Pequeña Estrella.

Hay otra observación: si ella se queda sin aire, si ellos, que son tan queridos, nos dejan para no volver es porque nosotros emprenderemos también esa supuesta y romantizada partida donde en realidad al sitio donde se llega luego de partir es a la ausencia y Pequeña Estrella acabará por aceptarlo al finalizar la obra.

Un punto extra muy importante: es una obra teatral para todo tipo de público. Surge entonces una pregunta: si es una obra teatral que expone directamente a la muerte y a la vida cómo es que es para todo público. Y he aquí uno de los puntos más importantes de esta puesta en escena que, lamentablemente, solo se presenta hasta el 15 de diciembre.

La obra, su desarrollo, lo que se nos presenta, se relaciona directamente con una obra infantil: hay personajes increíbles, ¿pájaro?, ¿pájara?, ¿pájare?… que no tiene alas, situaciones divertidas y preguntas de esas que se les hacen a los “adultos”, porque creemos, confiamos, en que son ellos los que tienen todas las respuestas cuando en realidad algunas de las respuestas más sencillas de la vida las encontramos en las miradas de los niños y de las niñas, en sus palabras y sus increíbles historias, como la que aquí se le cuenta a Pequeña Estrella para aclararle sus dudas frente a la perdida de una persona querida.

¿Qué tan arriba es arriba?
No hay día sin noche, pero tampoco hay noche sin un nuevo día: el tiempo no puede detenerse. Foto: Cortesía

Me quedé pensando luego de ver “¿Qué tan arriba es arriba?” cómo es que se le podría explicar a los niños y las niñas el contenido tan profundo e intenso de una dramaturgia con algunos momentos realmente destacables.

Para que consigan entenderme, la obra teatral tiene un eje medular que es la vida y la muerte de las personas que están a nuestro alrededor, de las que más queremos. Pero la forma en lo que explica el texto y los personajes que nos presentan es muy útil tanto para público infantil como para público adolescente. Nos remiten a los ciclos. Aquí hay uno de los momentos con mayor intensidad de la propuesta teatral.

Si consigues que los personajes que admiras en escena puedan explicar lo que son los ciclos y no finalizar asegurando que la vida es un ciclo que tiene final, sino exponiéndolo a través de la incesante búsqueda de Pequeña Estrella por encontrar los mecanismos adecuados que le permitan congelar el tiempo, porque, en su incredulidad, ella cree que las personas queridas no morirán si es capaz de congelar el tiempo, de conseguir la eternidad a través de detener los relojes.

Aquí el comienzo de “¿Qué tan arriba es arriba?”: hay una búsqueda que se plantea Pequeña Estrella y dicha búsqueda la llevará, junto con su entrañable amigo, amiga, a lugares desconocidos donde se encuentra con Magos que le insisten que lo que ella busca es imposible. Pero no solo eso. Cada uno de los Magos con los que se encuentra le confirma la idea filosófica de por qué la vida no puede ser eterna si se detiene el tiempo. Lo que es mejor: le explican cómo es que alteraría a la naturaleza (por eso es una obra filosófica infantil) ese congelamiento del tiempo que busca ella para que su madre no fallezca.

¿Qué tan arriba es arriba?
Otto Minera sabe darle a este montaje un toque entrañable con su visión. Foto: Cortesía

Ya se podrán dar cuenta que no se trata de una obra teatral sencilla. Sin embargo, lo es. Y eso se debe a las herramientas con las que cuenta la dramaturgia para transmitir el texto al público en general. La creación de personajes increíbles. Darle voz al sol y a la luna. Una escenografía que demuestra lo mucho que se puede conseguir con muy pocos elementos y demasiado ingenio. La misma Estrella. Y claro: la naturaleza que la rodea. La lección es básica. Si me apuran hasta les pudo decir que es una lección con la que cualquier estudiante de filosofía arranca sus estudios. El estudio de la naturaleza que nos rodea para entender los ciclos de vida. Pero también para aprender a desprendernos de las personas que nos son queridas. Ya sea porque la ficción de la eternidad del ser humano se derrumba cuando llega esa ausencia de alguno de nuestros seres más queridos. Ya sea porque somos nosotros mismos los que van a partir. Por eso la obra teatral tiene una lección que es paralela a la principal: si los otros son finitos es porque nosotros mismos también lo somos y el saberlo nos hace enfrentarnos al acto de que tarde o temprano vamos a partir y nos lleva, casi de la mano de Estrella, a aprovechar el poco tiempo que estemos con vida y disfrutar de cada instante por muy bueno o malo que sea. Al final vamos a partir. La realidad natural es que comenzamos a morir desde el instante en que nacemos. Eso lo aprende Estrella, pero no de una forma catastrófica, sino de una forma dulce, porque el texto, la representación, las actuaciones, la escenografía, los personajes, así nos lo hacen saber.

 Ignoro cómo es que yo contestaría a mi hija o hijo si al salir de la obra teatral me hicieran preguntas acerca del contenido. Supongo que tengo las respuestas, pero hay que tener cierta delicadeza para explicarlas. Y eso es lo que en general hace esta propuesta. Es delicada, amena, divertida, sin llegar al defecto de creer que los niños y adolescentes son idiotas y que tienen que recurrir a las manzanas y los patitos de hule para poner sobre la mesa las temáticas. No lo tiene, se los puedo asegurar.  

Hay que dar créditos a quien los merece, al equipo que se encuentra tras de este proyecto que yo al menos pondría como obra teatral obligatoria en los niveles básicos educativos: la compañía teatral es “Hasta la China”; la dramaturgia es de Brendan Murray y la traducción y la dirección es de Otto Minera; el elenco está conformado por Aleida Méndez, Itzhel Razo, Gilary Negrete, Jesús Delgado, Aketzali Reséndiz y Sandra Corona Loya (alternan funciones). Se complementa con Aranza Atilano en la producción general y Kenia Celic en la producción ejecutiva; el diseño de escenografía e iluminación está a cargo de Félix Arroyo, el diseño de vestuario es de Giselle Sandiel, el diseño sonoro de Joaquín López “Chaz”, Erick Guerrero, Emiliano Jiménez- RAIZ 440; en la asistencia de dirección está Cecilia Domínguez, en asistencia de iluminación y escenografía Daniela Espino, y como asistente general está Zaidee Morlán.

“¿Qué tan arriba es arriba?” se presenta los sábados y domingos a las 13:00 hrs. hasta el 15 de diciembre en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández, en el Centro Cultural del Bosque, justo detrás del Auditorio Nacional, el costo del boleto es de 80 pesos.   

 

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