La novela

¿QUÉ ES UNA NOVELA HOY? EL GÉNERO SE DESDIBUJA ENTRE LO HÍBRIDO, LO FRAGMENTARIO, LO IMPOSTADO

Esa hibridez no es nueva: ya en los 70 autores como Marguerite Duras, Thomas Bernhard o Clarice Lispector desbordaban la convención novelística. Lo que hoy llama la atención no es tanto la experimentación formal como la vacuidad narrativa disfrazada de profundidad emocional, en libros donde la voz del yo se impone como única brújula.

Ciudad de México, 7 de agosto (MaremotoM).- Hace tiempo que la novela dejó de ser lo que era. Atrás quedaron los años en que hablar de novela implicaba referirse a una arquitectura de trama, personajes, conflictos y subtramas sostenidos por una lógica interna que avanzaba hacia alguna forma de desenlace.

Hoy, muchas de las obras que llegan a las librerías bajo esa etiqueta son fragmentos, apuntes, memorias disfrazadas, poemas encubiertos, listas de supermercado con pretensión lírica. ¿Qué pasó con la novela? ¿Se sabe todavía cómo escribir una? ¿O estamos asistiendo a la disolución —voluntaria o no— de un género clásico?

El fin de la forma o el principio de otra cosa

Marta Sanz
La novela según Marta Sanz. Foto: Wikipedia

“La novela, como la conocimos, está en crisis, y eso no es necesariamente malo”, afirma la crítica y autora española Marta Sanz. “El mercado ha absorbido esa crisis y ha generado una etiqueta nueva: ‘novela híbrida’, que le permite vender todo lo que no sabe clasificar”. Ella, ganadora del Premio Herralde y del Premio Tigre Juan es hacedora de muchísimas novelas infaltables como Clavícula, Pequeñas mujeres rojas y La lección de anatomía, entre otras.

Esa hibridez no es nueva: ya en los años 70 autores como Marguerite Duras, Thomas Bernhard o Clarice Lispector desbordaban la convención novelística. Lo que hoy llama la atención no es tanto la experimentación formal como la vacuidad narrativa disfrazada de profundidad emocional, en libros donde la voz del yo se impone como única brújula.

Poetas que “deben” pasarse a la novela

Es una de las tendencias más sintomáticas del mercado actual: una poeta llama la atención —por su mirada, su estilo, su potencia lírica— y de inmediato las editoriales le sugieren que escriba una novela. “Como si fuera un camino natural o obligatorio”, escribe Luna Miguel en un artículo de El País. “Parece que la poesía no vende, pero la novela sí, aunque muchas veces esas novelas son apenas prolongaciones estiradas de un poema”.

Luna Miguel
Parece que la poesía no vende, pero la novela sí. Foto: Cortesía

Un ejemplo reciente es el de la escritora argentina Camila Sosa Villada. Su novela Las malas fue celebrada por su fuerza poética, pero también por su estructura libre, casi de diario. Otros casos incluyen a Gabriela Wiener, Ariana Harwicz o María Fernanda Ampuero, quienes transitan muy bien entre la crónica, el ensayo, la poesía y la autoficción sin pedir permiso a los géneros tradicionales.

Libros híbridos: ¿el reflejo de nuestro tiempo?

Algunos críticos consideran que estos libros responden a la fragmentación de la experiencia contemporánea. “No hay personajes porque no hay identidades estables; no hay tramas porque no hay narrativas lineales en un mundo que vive en scroll”, sugiere el escritor argentino Patricio Pron.

Annie Ernaux
Los años, La mujer helada o El acontecimiento son libros difíciles de clasificar, pero profundamente literarios. Foto: Cortesía

En esa línea, autores como Annie Ernaux —Premio Nobel de Literatura— han legitimado una forma de escritura donde lo íntimo y lo histórico, lo personal y lo político, lo documental y lo literario, se funden en una nueva forma de narrar. Los años, La mujer helada o El acontecimiento son libros difíciles de clasificar, pero profundamente literarios.

¿Y la novela tradicional?

Existe todavía, claro. Autores como Jonathan Franzen, Colson Whitehead, Mariana Enríquez o Valeria Luiselli continúan construyendo novelas con conflictos, tensión, estructura y desarrollo, pero  conviven, en el mismo escaparate, con textos que a veces parecen esbozos o borradores, empujados por el ritmo de publicación que exige el mercado y por el auge de lo testimonial.

“Hay muchas novelas mal escritas que se venden como literatura reveladora simplemente porque abordan temas urgentes o se dicen ‘desde el yo’”, opina el crítico mexicano Rafael Lemus. “Pero escribir desde uno mismo no garantiza profundidad ni estilo”.

¿La palabra “novela” todavía significa algo?

Eso es lo que está en discusión. La palabra ha dejado de ser una definición técnica para convertirse en una estrategia de venta. Como escribió la ensayista Vivian Gornick: “Todo el mundo quiere contar su historia, pero contarla bien sigue siendo un arte”.

A medida que el canon se reconfigura y las formas narrativas mutan, tal vez lo importante no sea el género, sino la honestidad y la tensión interna de lo que se escribe. ¿Puede una lista de recuerdos ser más poderosa que una trama perfectamente armada? Sí. ¿Puede una falsa novela disfrazada de poesía hacernos perder el tiempo? También.

Tal vez sea hora de aceptar que los géneros ya no importan tanto, pero sí la calidad, la escritura, el trabajo. No todo texto fragmentario es novedoso, ni toda historia lineal es conservadora. Lo que urge es una crítica más rigurosa, lectores más exigentes y editores menos obedientes del algoritmo.

Porque si todo es novela, entonces nada lo es.

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