Cuando Netflix anunció que estaba a cargo de una serie llamada El Gatopardo, los gestos de ironía y de desconfianza se sumaron en todo el mundo. ¿Qué va a hacer Netflix al lado de Luchino Visconti? ¿Cómo va a encontrar actores como Burt Lancaster, como Alain Delon, como Claudia Cardinali?
Ciudad de México, 7 de marzo (MaremotoM).- Imposible mirar una nueva serie adaptada al libro de Il Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, sin hacer comparaciones con la película de Luchino Visconti surgida en 1963. Sobre todo, porque es una de las que le hizo ganar fama internacional a Alain Delon, que hacía el papel del ambiguo Tancredi y estaba Claudia Cardinali, en el papel de la esposa bella que usa precisamente su hermosura para hacer escalar socialmente a su marido.
En la película, todas mueren por Tancredi. Uno dirige su mirada ese perfecto varón que es Alain Delon y corre la suerte de Concetta, la prima, que se enamora perdidamente de él y que pagará su soltería con la fidelidad a ese sentimiento.
Claro que recuerda al príncipe Fabrizio, encarnado por Burt Lancaster, ese noble que se resiste al cambio social e histórico que vive su país y que luchará, con su ironía, buena educación, elegancia, para demostrar su fe falsa en un sistema de corrupción que reemplazará a la nobleza. Su hija preferida y su hijo Francesco, que suplantará como heredero a Paolo, muerto en un accidente de caballo, siguen al fin sus principios y logran al final la recuperación de las tierras, en una línea delgada que anuncia nuevas luchas y nuevos desacuerdos.
Cuando Netflix anunció que estaba a cargo de una serie llamada El Gatopardo, los gestos de ironía y de desconfianza se sumaron en todo el mundo. ¿Qué va a hacer Netflix al lado de Luchino Visconti? ¿Cómo va a encontrar actores como Burt Lancaster, como Alain Delon, como Claudia Cardinali?
Pues bien, todos nos tuvimos que callar la boca, pues después de ver la miniserie el pasado 5 de marzo, dirigida por Tom Shankland (La Serpiente, House of Cards o The Leftovers), nos deslumbramos y nos hundimos en la historia, ya sin hacer comparaciones.

El Gatopardo de Shankland añade fragmentos inspirados en las cartas de Lampedusa que no aparecían en la novela, se ha grabado en 150 días y en unas 50 localizaciones diferentes como el desierto de Calanchi, la plaza Ortigia, el Palazzo Biscari o Villa Balguarnera. Esta nueva serie de solo 6 episodios de una hora de duración aproximadamente ha contado también con el guion de Richard Warlow, que también es el creador y productor ejecutivo junto con Benji Walters.
La nueva serie de Netflix cuenta la historia de Don Fabrizio Corbera, que es el príncipe de Salina y el patriarca de una familia aristocrática. Un hombre preocupado que ve peligrar su vida privilegiada por la revolución y los cambios sociopolíticos que está viviendo la isla Sicilia en 1860. Don Fabrizio se da cuenta de que para evitar que su familia pierda sus privilegios tiene que buscar nuevas alianzas y tomar decisiones que pueden estar en contra de sus propios principios.

Al final, Don Fabrizio se ve abocado a tomar una decisión muy difícil: Para mantener su estatus el príncipe decide arreglar el matrimonio de su sobrino Tancredi y acaudalada Angélica Sedara, aunque esto suponga un gran disgusto para Concetta, su hija.
Los protagonistas de la miniserie El Gatopardo son el actor Kim Rossi Stuart que interpreta el papel de Don Fabrizio Corbera y la actriz Deva Cassel que da vida a Angelica, la joven con la que quiere casar a su sobrino. La hija de Monica Belucci y Vincent Cassel debutó en 2023 con La Bella Estate y ahora está sorprendiendo a los usuarios de Netflix con este papel en la serie El Gatopardo.

El papel de su hija Concetta lo interpreta la actriz Benedetta Porcaroli y el actor Saul Nanni da vida a Tancredi. En el reparto de esta nueva serie están también actores como Paolo Calabresi, Francesco Colella, Astrid Meloni y Greta Esposito.
Uno ve a la hermosísima Deva (incluso, me atrevería a decir, más hermosa que su propia madre), bailar el vals con Kim Rossi Stuart (el gatopardo, el protagonista, probablemente en el mejor papel de su carrera) y se da cuenta de lo magnificente que es este trabajo.
Si en la película de Visconti, estaba Alain Delon como el gran atractivo, aquí es Kim Rossi Stuart el centro de la historia. No porque Burt Lancaster no se hubiera hecho cargo del papel del príncipe, sino que Nanni da vida a un Tancredi que se muestra (tal vez como era) muy al pie de ese noble que admira, odia y a la vez ama.
Kim Rossi Stuart nació el 31 de octubre de 1969 en Roma, Italia, en una familia con raíces artísticas. Su padre, Giacomo Rossi Stuart, fue un actor conocido del cine italiano y su madre, Klara Müller, una modelo alemana. Comenzó su carrera como actor infantil en los 70, destacándose posteriormente en la década de 1990 con películas como Polvere di Napoli (1996) y Stealing Beauty (1996), dirigida por Bernardo Bertolucci. En 2006, debutó como director con Anche libero va bene, filme que también protagonizó y que ganó el premio David di Donatello a Mejor Película. En su vida personal, estuvo casado con Ilaria Stagni, con quien tuvo dos hijos: Andrea, también actor, quien apareció en The Good Mothers (2023), donde Kim también participó y Giovanni. Ahora está casado con la actriz Ilaria Spada.

Kim es además un pianista elogiado y ganó el David di Donatello a Mejor Actor por Anche libero va bene.
“Me enviaron el guion, no recuerdo si eran los dos o los tres primeros episodios. Llegué virgen, no había leído la novela, ni había visto la película de Visconti, pero sí era muy consciente de la trascendencia histórica del título y de su importancia en términos literarios”, dijo en una de las entrevistas para dar a conocer la miniserie El Gatopardo.
“Lo que más me llamó la atención al leer el guion de los primeros episodios fueron aspectos del personaje que me resultaban tan alejados, me quedé con la imagen de un hombre imponente, grande como una montaña, pesado, brutal. Luego leí el libro y me di cuenta de que había otro aspecto del personaje que no sospechaba en un principio, uno se da cuenta de que tras ese caparazón áspero se esconde la vulnerabilidad que todos tenemos. Y eso me incentivó mucho”, agrega.











