Javier Milei

MILEI Y LA CORRUPCIÓN: DE LA ANTICASTA A LOS ESCÁNDALOS POR LADRÓN

No es un detalle menor que los Menem, símbolo de un peronismo neoliberal que marcó los noventa, se encuentren otra vez en la trama del poder. Martín Menem, actual presidente de la Cámara de Diputados, enfrenta acusaciones de beneficiarse con contratos millonarios, mientras que “Lule” aparece en las escuchas como socio silencioso en los negocios con Karina. El anticasta aliado con la casta.

Ciudad de México, 28 de agosto (MaremotoM).- En poco más de un año en la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei ha pasado de la promesa de “dinamitar la casta” a verse envuelto en una de las crisis de corrupción más graves desde el regreso de la democracia en Argentina. Aquella narrativa de outsider que lo catapultó a la presidencia parece hoy desgastada frente a denuncias judiciales, estafas financieras y acusaciones de negocios turbios que involucran directamente a su entorno familiar más cercano.

La promesa de pureza libertaria se resquebrajó primero con el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, promocionada por el propio presidente en su cuenta oficial de X. La operación, que en un inicio disparó el valor del activo digital, terminó en un desplome inmediato que afectó a miles de pequeños inversionistas. La Justicia argentina y la estadounidense hablan ya de un fraude multimillonario con fondos congelados y más de un centenar de denuncias, en lo que se ha descrito como un clásico “rug pull”. Que el tuit presidencial haya servido como catalizador de la estafa terminó de corroer la idea de un Milei ajeno a la especulación.

A ese episodio se sumó una denuncia todavía más delicada: los sobornos en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Grabaciones filtradas revelaron una supuesta red de coimas que habría beneficiado a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, y a su operador de confianza, Eduardo “Lule” Menem.

Según las investigaciones, se trataba de un esquema de cobro ilegal de porcentajes por contratos de medicamentos, con cifras que rondarían entre 500.000 y 800.000 dólares mensuales. Los allanamientos judiciales y la denuncia penal presentada por la oposición colocaron a la hermana del presidente en el centro de un huracán político.

Javier Milei
Atacaron con piedras la caravana de Milei en Lomas de Zamora. Foto: Cortesía

No es un detalle menor que los Menem, símbolo de un peronismo neoliberal que marcó los noventa, se encuentren otra vez en la trama del poder. Martín Menem, actual presidente de la Cámara de Diputados, enfrenta acusaciones de beneficiarse con contratos millonarios, mientras que “Lule” aparece en las escuchas como socio silencioso en los negocios con Karina. El anticasta aliado con la casta.

La calle no tardó en reaccionar. Durante un acto en el conurbano bonaerense, Milei tuvo que ser evacuado entre piedras, insultos y gritos de “estafador”. Esa imagen —el presidente rodeado de seguridad, escapando de la misma gente que lo había votado como esperanza— se convirtió en metáfora del desgaste.

Las encuestas recientes muestran una caída marcada en la popularidad del mandatario. Su índice de aprobación, que rondaba el 55 % en los primeros meses, se ubica ahora en torno al 35 %, un descenso significativo aunque todavía respaldado por un núcleo duro de jóvenes y votantes desencantados con la política tradicional, quienes lo siguen viendo como la única alternativa al kirchnerismo y al peronismo clásico.

Javier Milei
Un dibujo en las redes sociales. Foto: Cortesía

Ese apoyo residual es, en cierto modo, lo que mantiene con vida al proyecto libertario. La retórica de Milei contra la “casta” todavía resuena entre sectores que creen que la corrupción generalizada no lo deslegitima, sino que confirma la imposibilidad de transformar un sistema “tomado” desde hace décadas. Sin embargo, la contradicción es evidente: el presidente que se presentó como paladín de la limpieza hoy aparece rodeado de acusaciones que lo vinculan al mismo pantano del que decía huir.

Argentina asiste, una vez más, al espectáculo de la política enredada en sus propias trampas. Milei, que supo capitalizar el enojo social como pocos, enfrenta ahora el juicio implacable de la realidad. Si el “león” se vendía como incorruptible, los últimos meses lo muestran más bien como un animal político atrapado en la misma jaula que juró romper, sumado a la ineficacia de su equipo (no saben absolutamente nada de la política) y a su grado de salud mental, cada vez más cuestionada.

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