Mientras la economía se derrumba, el presidente argentino se sube a un escenario para cantar y gritar consignas libertarias. Longobardi, estupefacto, se queda sin palabras.
Ciudad de México, 7 de octubre (MaremotoM).- “Tomé notas y no entiendo lo que escribí, me contagió el surrealismo”, dijo Marcelo Longobardi en su canal de YouTube, todavía incrédulo frente al espectáculo que Javier Milei ofreció en el Movistar Arena de Buenos Aires.
En medio de guitarras distorsionadas, luces violetas y una puesta en escena pensada al milímetro, el presidente argentino apareció como una figura mesiánica, arengando a los suyos mientras el país se ahoga en inflación, conflictos internos y un dólar que se dispara.
En un Movistar Arena colmado, Javier Milei ofreció un concierto de rock, no un acto político. De campera de cuero y micrófono en mano, el presidente argentino salió al escenario entre luces estroboscópicas, guitarras distorsionadas y una multitud que lo ovacionaba al grito de “¡Libertad!”. Cantó versiones de “Panic Show” y “Demoliendo Hoteles”, mientras las pantallas mostraban imágenes suyas enfrentando “a la casta”. A su lado, los hermanos Benegas Lynch, Lilia Lemoine y otros de su círculo íntimo lo acompañaban como si fueran parte de una banda.
Entre canción y canción, Milei aprovechó para atacar al kirchnerismo, a “los traidores del liberalismo” y a los medios “vendidos”. También hubo menciones al escándalo de José Luis Espert (acusado de narcotraficante y que tuvo que bajarse de las listas), que lo obligó a reorganizar su campaña.
El show, transmitido por cadena nacional y redes, fue presentado como la “celebración de la libertad”, pero en realidad funcionó como un reality político-musical que buscó levantar una imagen en caída libre: las encuestas posteriores lo ubican con apenas un 35 % de aprobación, el nivel más bajo desde que asumió.
Cuando las luces se apagaron, Milei irrumpió entre humo y efectos estroboscópicos, micrófono en mano, gritando su ya clásico “¡Viva la libertad, carajo!”. Vestido de negro, con la chaqueta de cuero que suele usar en sus presentaciones, se movía como un cantante de heavy metal mientras entonaba fragmentos de sus canciones favoritas de La Renga y La Bersuit.
Mientras eso ocurría, el Banco Central vendía 500 millones de dólares para sostener un tipo de cambio insostenible. El Congreso debatía denuncias de corrupción y vínculos con el narcotráfico. La inflación mensual volvía a superar el 10 %. En ese contexto, el presidente decidió cantar.
Longobardi lo interpreta con ironía y desazón: “Milei ha vuelto a presentarse como loco, porque es mejor que te digan loco a que te digan corrupto.” La frase, citando al encuestador Jorge Giacobbe, retrata un tiempo en el que la teatralidad suplanta al pensamiento. La política se ha convertido en un escenario de gestos, y el gobierno en una gira interminable de autolegitimación.
“Me pasó algo que nunca me había pasado: no entendí lo que anoté. Me contagié de la histeria generalizada”, confesó Longobardi. Desde su escritorio, el periodista mira a cámara con un desconcierto que se vuelve diagnóstico nacional: el del absurdo.
“El poder es una forma de la locura”, cita al escritor Elías Canetti, como si buscara una explicación filosófica al espectáculo. Lo que vio no fue política, dice, sino una representación de un país fuera de sí. Un presidente convertido en personaje, rodeado de aplausos mientras la realidad se fragmenta.

Una nación en trance
Argentina se parece hoy a ese escenario: luces, humo, ruido, confusión. Un lugar donde el espectáculo suplanta a la palabra y el delirio del poder se confunde con el fervor popular. Milei canta mientras el dólar se escapa, los precios se disparan y los ciudadanos buscan un respiro que no llega.
Longobardi, que ha visto pasar dictaduras, crisis, hiperinflaciones y caídas presidenciales, esta vez se declara mudo. “No sé qué decir —repite—. Probablemente ustedes puedan decir algo más inteligente que yo.”
Su silencio, sin embargo, es el comentario más lúcido: cuando el poder se convierte en un concierto de rock, el país entero corre el riesgo de convertirse en su escenario.

¿Cuál es la encuesta hoy después del show?
Tras el evento, las encuestas e informes de opinión pública muestran un retroceso en la imagen de Milei:
Según la consultora Zuban Córdoba & Asociados: La aprobación del presidente bajó al 35,3 %, la desaprobación subió al 64,7 %.
La imagen personal de Milei es negativa para el 63,2 %, y positiva para solamente un 36 %.
Un 76,3 % de los encuestados considera que el escándalo de Espert tiene un impacto negativo en el gobierno.
Además, 6 de cada 10 argentinos no creen que “lo peor ya pasó” (una frase usada por el oficialismo).
Otros informes señalan que la caída de imagen ya era una tendencia antes del show, pero el acto no parece haber revertido ese rumbo.
En encuestas más amplias, se destaca que la corrupción se ha convertido en una de las principales preocupaciones ciudadanas, superando incluso temas económicos como inflación o inseguridad.











