En Libro de mis vidas, la autora canadiense convierte su memoria en un espejo literario donde se mezclan la ironía, la lucidez y la fragilidad de la existencia.
Ciudad de México, 5 de noviembre (MaremotoM).- A sus 85 años, Margaret Atwood sigue escribiendo como quien abre una grieta en el tiempo. Su nuevo libro, Libro de mis vidas, publicado este otoño, es una memoria luminosa y feroz: un viaje por las etapas de una vida dedicada a observar, imaginar y cuestionar el mundo. Con la mezcla de humor, inteligencia y visión profética que la caracteriza, Atwood entrega aquí una autobiografía múltiple, una reflexión sobre el arte, la escritura y la memoria que trasciende lo personal.
La autora de El cuento de la criada creció lejos de la civilización, entre los bosques del norte de Quebec, hija de un entomólogo y una madre de espíritu libre. Esa infancia nómada, sin televisión ni vida urbana, la llevó a inventarse mundos, a dialogar con animales, a pensar en el lenguaje como refugio y herramienta de supervivencia. “Aprendí pronto que lo invisible podía ser más real que lo tangible”, escribe.

En Libro de mis vidas, Atwood no narra linealmente su biografía: superpone recuerdos, escenas y voces, como si construyera una novela coral sobre sí misma. Habla de su formación, de sus lecturas, de la amistad con poetas y científicos, del descubrimiento del feminismo, del miedo nuclear, de su relación con el escritor Graeme Gibson, su compañero de vida y de pensamiento, fallecido en 2019.
Fiel a su estilo, Atwood se narra con una mezcla de ternura y sarcasmo. A lo largo de las páginas aparecen los bosques canadienses, los años universitarios, las primeras publicaciones, los viajes, los premios, las dudas. Pero también surge una autoconciencia política y moral: la de una autora que ha observado con lucidez los riesgos del poder, la censura y el fanatismo.
“Valiant attempts were made to drown me,” ironizó hace poco, refiriéndose a los intentos de “cancelarla” por defender el debido proceso en casos de acusaciones públicas. En Libro de mis vidas, esa misma frase parece resonar en cada capítulo: Atwood sobrevive al ruido del mundo con la escritura como salvavidas.
Libro de mis vidas es, en el fondo, un mapa de conexiones entre la vida y la literatura. Cada recuerdo dialoga con una obra: Ojo de gato, Alias Grace, El asesino ciego o El cuento de la criada. Atwood revela cómo cada una de ellas nació de un detalle real, de una pérdida, de una pregunta que se quedó suspendida.
“Las historias no son inventadas: se encuentran en el aire, esperando que alguien las respire”, escribe, recordando su paso por los talleres de escritura y sus años de docencia.
A través de su propia memoria, la escritora traza una historia íntima del siglo XX y de su propio país. Evoca la Guerra Fría, la irrupción del movimiento feminista, la censura literaria, los avances científicos y la devastación ambiental. La mirada de Atwood, siempre alerta, observa la historia con una mezcla de escepticismo y esperanza, sin moralismos, pero con una ética feroz: la de quien no deja de pensar.
El libro también revela a la Atwood más personal: la mujer que envejece, que enfrenta el duelo y que sigue mirando el futuro con la obstinación de quien no se rinde. En sus páginas hay un humor seco, una ternura disimulada y un deseo persistente de entender cómo el tiempo transforma a quienes escriben.
“No escribo para ser recordada, sino para entender lo que ya olvidé”, confiesa.
En ese gesto —escribir para comprender— está la esencia de una autora que ha sabido convertir la conciencia en literatura. Libro de mis vidas no busca el cierre, sino la continuidad: es la crónica de una mujer que ha vivido muchas vidas y que aún busca una más, la que existe en cada lector.
Con su agudeza habitual, Atwood demuestra que la memoria no es un archivo, sino un laboratorio de posibilidades. Su voz, capaz de anticipar el colapso ecológico y el autoritarismo mucho antes que la política o la ciencia, vuelve aquí a recordarnos que toda escritura es también una forma de advertencia.
Luminosa, reveladora y profundamente humana, Libro de mis vidas no es sólo la crónica de una trayectoria única, sino también una meditación sobre lo que significa escribir, recordar y transformar la experiencia en arte.
A los 85 años, Margaret Atwood es todavía —como ella misma se define— “una tough old bat”: dura, libre, indomable.











