Manuel Acuña

Manuel Acuña, poeta ilusionado

La trayectoria literaria de Acuña inicia en 1868, se da a conocer con una elegía a la muerte de su amigo Eduardo Alzúa, en el mismo año participa en las fundaciones de la Sociedad Filoiátrica y de Beneficencia y de la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl.

Ciudad de México, 2 de septiembre (MaremotoM).- Manuel Acuña Narro nace el 27 de agosto de 1849 en Saltillo, Coahuila y muere el 6 de diciembre de 1873 en Ciudad de México. Cursa sus estudios en el Colegio Josefino y en San Ildefonso, como carrera profesional elige medicina. Pertenece al Liceo Mexicano, como poeta romántico del grupo de Ignacio Manuel Altamirano. Colabora en El Renacimiento (1869), El Libre Pensador (1870), El Federalista (1871), El Domingo (1871-1873), El Búcaro (1872) y El Eco de Ambos Mundos (1872-1873).

La trayectoria literaria de Acuña inicia en 1868, se da a conocer con una elegía a la muerte de su amigo Eduardo Alzúa, en el mismo año participa en las fundaciones de la Sociedad Filoiátrica y de Beneficencia y de la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl.

Manuel Acuña
Busto de Manuel Acuña. Foto: Cortesía

Durante sus estudios en la Escuela de Medicina, es un estudiante distinguido que se reúne con escritores jóvenes de la época: Juan de Dios Peza, Javier Santamaría, Juan B. Flores, Agustín F. Cuenca, Gerardo M. Silva, Juan B. Garza, Gregorio Oribe, Francisco Ortiz, Vicente Morales, entre otros.

La carrera de Manuel es breve y a la vez productiva, sus primeros poemas destacados son “La Brisa”, cuyos versos nos dicen: Recoge tus leves alas, / brisa pura del estío, / que los perfumes que exhalas / vas robando entre las galas / de las violetas del río. y “La ausencia del olvido”, del cual me permito rescatar la siguiente estrofa: Iba llorando la Ausencia / con el semblante abatido / cuando se encontró en presencia del Olvido, / que al ver su faz marchitada, / le dijo con voz turbada: / sin colores, / “Ya no llores niña bella, / ya no llores, / que si tu contraria estrella / te oprime incansable y ruda, / yo te prometo mi ayuda / contra tu mal y contra ella”.

La cúspide de su vida es enamorarse de Rosario de la Peña, quien a también se le relaciona sentimentalmente con el poeta cubano José Martí y con Manuel M. Flores, el desprecio femenino presuntamente lo lleva al suicidio con cianuro en 1873, contando con sólo veinticuatro años de edad.

El poema “Nocturno a Rosario” dedicado a su amor imposible tiene los últimos versos de Acuña: Comprendo que tus besos / jamás han de ser míos, / comprendo que en tus ojos / no me he de ver jamás, / y te amo y en mis locos / y ardientes desvaríos / bendigo a tus desdenes, / adoro tus desvíos, / y en vez de amarte menos / te quiero mucho más.

En 1949 se edita su obra reunida por José Luis Martínez en la Colección de Escritores Mexicanos de Porrúa. Hasta hace poco, la Secretaría de Cultura de Coahuila cada año convocaba a los poetas a participar en el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía en Lengua Española.

 

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