Safaris humanos

LOS MILLONARIOS QUE CAZABAN HUMANOS EN SARAJEVO DURANTE LA GUERRA BALCÁNICA

Si los “safaris humanos” existieron, fueron la forma más extrema de una violencia que convirtió la tragedia de un pueblo en espectáculo para unos pocos. Si se confirman, serán también un recordatorio de que la oscuridad que acompaña a la guerra no siempre viene de los combatientes, sino también de quienes llegan desde lejos, sin patria en juego, para disparar desde la impunidad.

Ciudad de México, 16 de noviembre (MaremotoM).- Durante décadas, la guerra de Bosnia quedó asociada a imágenes de civiles corriendo entre disparos, calles convertidas en corredores de muerte y un asedio que marcó para siempre a Sarajevo. Sin embargo, dentro de esa tragedia hubo un capítulo tan macabro que muchos se negaron a creerlo: la existencia de “safaris humanos”, expediciones de millonarios extranjeros que, según múltiples testimonios, pagaban para disparar contra la población sitiada. Hoy, esa historia vuelve al centro del debate tras la investigación abierta por la Fiscalía de Milán y el trabajo del periodista y escritor italiano Ezio Gavazzeni, quien ha presentado una denuncia formal de 17 páginas con nombres, rutas y circunstancias que podrían cambiar la historia de aquel conflicto.

Safaris humanos
La existencia de estos safaris nos obliga a pensar qué clase de humanos somos. Foto: Cortesía

El hombre clave es Edin Subasic, un profesor bosnio de 62 años, exmiembro del Servicio de Inteligencia Militar y uno de los testigos más buscados por la prensa internacional. Vivió el asedio desde dentro y asegura que escuchó hablar de los “safaris” en 1993, cuando analizaba interrogatorios de prisioneros serbios. Un episodio quedó grabado para siempre en su memoria: el relato de un joven capturado, originario de la ciudad serbia de Paraćin, que reveló haber viajado en autobús con voluntarios serbios y “cinco italianos con equipo de caza y armas caras”. Según su declaración, aquellos hombres no eran mercenarios: pagaban para disparar.

La precisión del prisionero —la referencia a un milanés, la ruta del viaje, la escala en Pale— llevó al Servicio de Inteligencia bosnio a contactar con agentes del SISMI, la agencia secreta italiana entonces presente en la fuerza de paz de la ONU. La respuesta italiana fue contundente: según Subasic, el SISMI confirmó la existencia del grupo, localizó el punto de partida y aseguró haber desmantelado la actividad. Para el exagente, aquello dejó claro que los “safaris humanos” no eran un rumor sino un engranaje clandestino sostenido por logística militar serbia y tolerancia internacional.

Safaris humanos
El relato se vuelve aún más oscuro cuando Subasic describe la mecánica de la operación. Foto. Cortesía

El relato se vuelve aún más oscuro cuando Subasic describe la mecánica de la operación. Los “cazadores-francotiradores” utilizaban un transporte híbrido: aviones desde Italia a Hungría, desplazamientos terrestres hasta Belgrado, vuelos en helicóptero militar hasta Pale y luego inserción en las líneas de combate serbobosnias. Todo ello durante una guerra en la que los vuelos civiles estaban oficialmente prohibidos. “El safari solo podía organizarse con una estructura altamente profesional”, afirma. “El núcleo estaba formado por miembros del servicio de seguridad de Serbia”.

Años más tarde, Subasic narró sus descubrimientos en el documental Sarajevo Safari, producido por Al Jazeera Balkans, un canal que fue cerrado en julio de 2024. Fue también allí donde Benjamina Karic —alcaldesa de Sarajevo entre 2021 y 2024— vio por primera vez los testimonios que la empujaron a actuar. Superviviente del asedio, jurista y funcionaria pública, Karic presentó una denuncia penal ante la Fiscalía de Bosnia-Herzegovina, aportando pruebas, nombres y un testimonio que ya había sido aceptado por el Tribunal de La Haya: el del bombero estadounidense John Jordan, testigo de la llegada de extranjeros armados a la zona de Grbavica.

La exalcaldesa afirma que la investigación en Bosnia avanza con lentitud, pese a que existen documentos oficiales en los archivos del SISMI y del ejército bosnio. Subasic, por su parte, nunca ha sido citado por la Fiscalía bosnia. Sus declaraciones fueron enviadas a Italia a través de Ezio Gavazzeni, cuya investigación ha permitido rastrear posibles francotiradores, vuelos, mandos serbios implicados y testigos secundarios que podrían completar el rompecabezas. Gavazzeni, convertido en la figura central de esta historia, sostiene que el trabajo debe continuar en secreto para no comprometer la investigación judicial.

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Subasic insiste en que las pruebas están en los archivos. Foto: Cortesía

Los supervivientes coinciden en que los fines de semana durante el asedio eran particularmente mortales. Dzemil Hodzic, hoy editor de video de Al Jazeera en Sarajevo, vio morir a su hermano de 16 años de un disparo de francotirador. Cuatro décadas después, recuerda que cada sábado y domingo la ciudad parecía volverse más peligrosa. “Parecía que llegaban y se volvían locos. Si pagaban por hacerlo, todo tiene más sentido”, resume.

Incluso quienes cubrieron la guerra se toparon con señales difusas. El fotógrafo italiano Mario Boccia declaró haber visto jóvenes extranjeros que llegaban para luchar del lado serbio. Algunos procedían de Grecia, otros de Nueva York o Rusia. Aunque Boccia nunca confirmó pagos por matar, sí constató la presencia de hombres que viajaban expresamente para participar del conflicto. La línea que separa al “voluntario ideológico” del “cazador” podría haber sido más corta de lo que parecía.

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Tres décadas después, Sarajevo vuelve a mirar al pasado con una mezcla de rabia y esperanza. Foto: Cortesía

Hoy, la investigación en Milán ofrece la primera oportunidad real de determinar si estos crímenes —hasta ahora situados entre el horror y lo increíble— existieron. Subasic insiste en que las pruebas están en los archivos: su informe original, el interrogatorio del prisionero serbio, la comunicación del SISMI, las rutas descritas. “La justicia es lenta, pero llegará”, afirma. Karic comparte esa convicción: “Si no creyera en la justicia, nunca habría iniciado esta lucha”.

Tres décadas después, Sarajevo vuelve a mirar al pasado con una mezcla de rabia y esperanza. No es solo un intento de identificar a turistas del horror; es la certeza de que, incluso en las guerras más documentadas, existen capas de brutalidad que nunca salieron a la luz. Si los “safaris humanos” existieron, fueron la forma más extrema de una violencia que convirtió la tragedia de un pueblo en espectáculo para unos pocos. Si se confirman, serán también un recordatorio de que la oscuridad que acompaña a la guerra no siempre viene de los combatientes, sino también de quienes llegan desde lejos, sin patria en juego, para disparar desde la impunidad.

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