Jonatan Frías

Los libros y el olvido

El olvido en muchos casos es sinónimo del perdón, pero también hay ocasiones en que toma la forma de la injusticia.

Ciudad de México, 19 de mayo (MaremotoM).- Comencé a leer revistas casi el mismo tiempo que empecé a leer de forma más o menos formal. Es decir, cuando comencé a leer fuera de las aulas y fuera de las responsabilidades escolares. Tenía ganas de leerlo todo, de conocerlo todo. Quería devorar libreros enteros: habitar inagotables historias.

En esto, creo, no soy un caso excepcional. Todos los que un día descubrimos que no podemos vivir sin la literatura experimentamos algo similar. Vemos libros y los queremos, los deseamos. Leemos de tres o cuatro a la vez, porque son demasiadas las ganas. Algunos, quienes pueden, van y los compran y ven sus ganas apaciguadas; otros tantos, como era mi caso, acudíamos a los amigos y los pedíamos prestados; algunos más audaces, comenzaban el más honroso de los oficios: el de ladrones de libros.

Jonatan Frías
Los libros y la lluvia. Foto: Cortesía

Las revistas entonces eran pequeñas balsas que nos sacaban de las islas remotas y desoladas en las que nos encontrábamos. En las revistas nos enterábamos de cierta actualidad. Eran (son) un espacio plural en el que se podía discutir sin temor a ser juzgado. En ese sentido, uno podía poner a prueba ese puñado de certezas que tenía sobre las cosas y enfrentarse con otras posibilidades: enfrentarse con el otro: descubrir al otro y saberse menos solo. De qué otra  forma si no se construye el diálogo. Historia, Ciencia, Arqueología, Cine, Música y por supuesto Literatura eran los temas que más buscaba.

Compraba revistas y me metía en cualquier rincón a leerlas de punta a punta. Luego ya buscaba solamente los temas que me interesaban. Así se va construyendo también ese abanico de intereses que lo definen mejor que cualquier semblanza: nací, leí algunas pocas cosas y me desvanecí. Mi casa pronto se llenó de libros y revistas que andaban por todas partes al grado que era imposible no tropezar con ellas. La casa entonces estaba completa.

Dentro de las revistas
Compraba revistas y me metía en cualquier rincón a leerlas de punta a punta Foto: Cortesía

En esas revistas buscaba con mucho entusiasmo las páginas dedicadas a las reseñas de libros, discos y películas. Me es imposible saber cuántos de los libros, discos y películas que tengo en casa se las debo a esas revistas., porque son innumerables. En todo caso sé que cuando encontraba algo que llamaba mi atención salía a las dos o tres librerías que había entonces y los buscaba, la mayoría de las veces, sin éxito. Había que encargarlos y esperar semanas a que llegaran. Para entonces el entusiasmo por el libro se había trasladado a otro libro y aquel encargo pasaba a engordar la pila que no hacía sino crecer en el buró.

De tanto en tanto, cuando visito alguna feria del libro o las librerías de viejo en donde todavía hay algunas revistas usadas, suelo buscar los números que me faltan y las leo como si fueran una novedad. De tanto en tanto me da por leer algunos de esos artículos y aún más, por volver a revisar aquellas páginas de reseñas.

Es incalculable el número de libros y autores que han caído en el olvido. Leo aquellas reseñas entusiastas, animosas, esperanzadas, que buscaban contagiar el gusto por alguno de esos títulos y pienso cuántos de esos ejemplares habrán terminado en las mesas de saldos, cuántos habrán sido revendidos, cuántos olvidados alevosamente en una banca, cuántos embodegados y cuántos destruidos. Su número seguramente se acerca al infinito. También pienso en cuántos habrán sido leídos y releídos. Cuántos habrán tenido la suerte de conmover a sus lectores. Su número seguramente también se acerca al infinito.

Es curiosa esa agua de azar que determina qué libros permanecen en la memoria de los lectores y cuántos pasan inadvertidos. Estoy seguro que alguno de ellos algún día será recogido de una caja rematada y será valorado. Quizá incluso, con algo de suerte, puede ser reeditado y entonces, quizá, pueda ser leído.

El olvido en muchos casos es sinónimo del perdón, pero también hay ocasiones en que toma la forma de la injusticia.

 

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