“La ficción y la no ficción, para mí, son las dos caras de la literatura. Y las dos son igual de atractivas, porque no depende de mi voluntad. Hay veces en las que quieres contar las cosas como son y hay veces en que quieres transformar la experiencia en ficción. En la ficción vives una especie de trance, estás descubriendo cosas que no sabías y eso es lo que más me gusta”.
Ciudad de México, 20 de diciembre (MaremotoM).- Un escritor que se ha lucido en la reciente Feria Internacional del Libro en Guadalajara ha sido el español Antonio Muñoz Molina. Nacido en Jaén, el 10 de enero de 1956, este también periodista presentó su novela de amor, No te veré morir (Seix Barral), un libro que aparece entre la lista de más vendidos de distintas publicaciones y también ha incorporado a su frecuente lista de lectores a nuevos seguidores de una literatura profunda y divertida.
“Durante su juventud, Gabriel Aristu y Adriana Zuber protagonizaron una apasionada historia de amor que parecía destinada a durar para siempre. El futuro, sin embargo, tenía otros planes para ellos. Separados durante cincuenta años por un océano de incomunicación, ella atrapada en la España de la dictadura, él viviendo el éxito profesional en Estados Unidos, vuelven a encontrarse en el ocaso de sus días. Miradas, caricias, deseos acallados y viejos reproches dejarán paso entonces a la constatación de que la nostalgia de aquel primer amor lo es también de la persona que una vez fuimos”, es la sinopsis de una novela imperecedera y maravillosa.
“En No te veré morir, he descubierto vidas de personajes que, aunque vagamente basadas en historias que he escuchado, han cobrado vida para mí, como si brotaran de mi interior. Allí cuento la historia de dos amantes que se reencuentran después de casi 50 años sin verse. Un hombre nacido en 1940, muy aficionado a la música y de formación económica, que migró a Estados Unidos en el año 67 y que vuelve a reencontrarse con esta mujer, con su gran amor. Una mujer que ha tenido que hacerse una vida con dificultades muy grandes, pero con una voluntad tremenda de sobrevivir y de ser leal a sí misma”, dice en entrevista a su editorial, Planeta.

Antonio Muñoz Molina vuelve al territorio de la ficción con una novela soberbia marcada por la musicalidad de una prosa que recuerda al mejor Thomas Bernhard. Para él las dos cosas son valiosas: ficción y no ficción. “La ficción y la no ficción, para mí, son las dos caras de la literatura. Y las dos son igual de atractivas, porque no depende de mi voluntad. Hay veces en las que quieres contar las cosas como son y hay veces en que quieres transformar la experiencia en ficción. En la ficción vives una especie de trance, estás descubriendo cosas que no sabías y eso es lo que más me gusta. Es decir que no soy yo exactamente quien llevo el control, que no es mi conciencia ni mi voluntad. Que me está guiando el poder de la narración. Eso en la no ficción no pasa.
Ganador del Premio Nacional de Literatura, del Premio Planeta, del Premio Princesa de Asturias, en 2004 es nombrado director del Instituto Cervantes de Nueva York, cargo que ocupa durante dos años. Muñoz Molina es además miembro desde 1995 de la Real Academia Española, en la que ocupa el sillón “u”. Su labor periodística le lleva a obtener en 2003 el Premio González-Ruano de Periodismo y el Premio Mariano de Cavia. En 2007 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Jaén como reconocimiento a toda su trayectoria. Además de los ya citados, ha recibido distintos premios como el Ícaro, el Crisol o el Euskadi de plata.
“Si pudiera elegir de nuevo su profesión, ¿sería la de escritor?”, interrogó el periodista Alberto Cabezas. Antes de responderla, el autor de El dueño del secreto quiso hablar de cómo empezó su idilio con la lectura. “Cuando tenía quince años, España era muy cerrada con la literatura, su prosa era muy seria”, dijo.

Fue testigo de la llegada de esos libros que ya hacían tanto ruido en América Latina: títulos de Gabriel García Márquez, Bioy Casares, Vargas Llosa, “que eran en mi propia lengua, pero era otra. Más viva, más poética”. Agregó que entonces se dio cuenta de que el español de su país era apenas “una provincia de un lenguaje muy grande”. Al dejar eso en claro, precisó que “para ser o no ser algo no sólo interviene la vocación y la voluntad”. Explicó que existen muchos obstáculos para que una persona pueda desarrollar todas sus capacidades, aunque lo más importante siempre será una buena educación, justicia social y buenos profesores. “El mérito y la excelencia son una mentira cuando no hay justicia social”.
¿Considera que hay resabios del franquismo en España?: “No, porque la extrema derecha que tiene presencia ahora es contemporánea. Es como echarle la culpa a algo que pasó hace cinco siglos”, dijo.
¿La formación católica influyó en su escritura?: confesó que en su adolescencia se declaró ateo, pero su madre siguió involucrándolo en sus rezos, una muestra más de su cariño. ¿Qué piensa de los movimientos sociales que se están gestando?
“Actualmente, las dos fuerzas más fuertes son el feminismo y el movimiento ecologista, pues no sólo muestran ideas igualitarias, sino que obligan a que se cambien ciertos comportamientos, que el cambio se ponga en práctica”, expresó.
¿Qué es el éxito? Tan distinto para cada persona como metas tiene en la vida. La frase “Lo que menos me gusta es la vida de escritor. La única vida que me gusta es la de escribir”, afirmó Antonio Muñoz Molina.











