El cubano Ulises Rodríguez Febles, el creador del libro, quiere hacer debatir sobre ese personaje que tanto tocó nuestro imaginario intelectual a lo largo de muchos años. “No puedo decirte si era machista, sólo que lo pongo a debate”, dijo en la conferencia de prensa donde se cuidó mucho de no herir a un intelectual ya muerto y todavía muy admirado.
Ciudad de México, 3 de abril (MaremotoM).- Julio Cortázar (1914/1984) siempre distinguió entre los lectores hombre y los lectores mujeres. Hoy es vista esta teoría de la literatura como una posibilidad de llamar hombres a los más activos y mujeres, lo contrario.
De todos modos, su distinción bien vale un machismo, que era en esa época, incluso adoptado por las damas, un sello de garantía de talento o de decidir hacia donde iban las letras.
Hoy se han democratizado mucho más las novelas, los cuentos, incluso la poesía. En esa época, la de Julio, las mujeres decían: “Yo escribo como hombre”, una medalla que nos hacía mirarla con más atención.
Claro, no existían esos nombres de varones para ellas (Louisa May Alcott (A.M. Barnard), Alice Bradley Sheldon (James Tiptree Jr), Amantine Aurore Lucile Dupin (George Sand), como en la época anterior, pero la división por sexos ni siquiera existía. Para escribir había que ser hombre.
Hoy, la distinción existe, por supuesto. Las mujeres somos las que más leemos y sin embargo nos tenemos que conformar con lo que piensan sobre La nueva narrativa mexicana hombres como Vicente Alfonso, Pablo Berthely y Guillermo Fajardo. Se hace un debate sobre el rol que cumplen los periodistas y son hombres como Rafael Correa, Gustavo Sylvestre y un cineasta chileno cuyo nombre no consigo acordarme, los que dan sus opiniones. No tenemos que ir las mujeres a esos actos. Si no tuvieron tiempo para invitar mujeres (como dijo el embajador de Italia, que todas las mujeres italianas escritoras estaban enfermas), no tendremos tiempo para escuchar a tantos hombres.

No podemos buscar argumentos desde ellos. De hecho, la editorial (Almuzara, que pronto saldrá) me contestó por medio de su director, Manuel Pérez-Petit. “No se trata de un evento para presentar una editorial. De hecho la editorial no será presentada hasta el 30 de abril y en su momento tendrás noticia de la convocatoria. Del que habla Celia es de un evento particular de un autor que vive en el extranjero y que quería aprovechar para hablar de su libro, cuyo lanzamiento no está previsto hasta finales de abril, pues se encontraba de vacaciones en la Ciudad de México”.
Por eso es tan importante la producción La Maga, no soy yo, que sale de la novela Rayuela, de nuestro escritor machista Julio Cortázar. Conviene no para cancelarlo, sino para ver cómo ha ido transformándose el pensamiento y con ello la literatura a lo largo de los años.
La Maga, no soy yo, una coproducción México-Cuba, llega al Centro Nacional de las Artes, entre el 11 al 21 de abril en el Foro de las Artes.
El cubano Ulises Rodríguez Febles, el creador del libro, quiere hacer debatir sobre ese personaje que tanto tocó nuestro imaginario intelectual a lo largo de muchos años. “No puedo decirte si era machista, sólo que lo pongo a debate”, dijo en la conferencia de prensa donde se cuidó mucho de no herir a un intelectual ya muerto y todavía muy admirado.

¿Hay otra mirada aparte de la cancelación, ese demonio sin patas, para precisamente debatir y analizar cómo ha ido cambiando nuestro pensamiento y las costumbres sociales?
Como parte de la conmemoración del 110 aniversario del natalicio del escritor argentino y del 40 aniversario de su muerte, La Maga, no soy yo es una breve reinvención del personaje de Rayuela, una mujer que pone las reglas de su propio juego.

Bajo la dirección de la mexicana Dana Stella Aguilar Murrieta, esta puesta en escena retoma del personaje de Cortázar su escondida sabiduría, más allá de la que la visión masculina le otorga en el libro, esa conciencia que entre líneas se devela para permitirle un grito desde la presencia.
“Invitamos a leer al personaje con ojos distintos a los ojos con que la miró el mismo Cortázar, por ello nuestra Maga puede ser la intuición, lo vital, la inconciencia, la naturaleza, la materia, lo concreto a la vez que la razón, la conciencia, la cultura, el espíritu y lo abstracto; además de ser una Maga que abraza su maternidad”, menciona Dana Stella Aguilar.

Es la travesía de una mujer inmigrante que dialoga consigo misma al tiempo que dialoga con el autor de la novela y con Horacio, el personaje principal, viviendo experiencias parecidas o equivalentes a las de La Maga de Cortázar, en un contexto diferente en el que intenta sobrevivir junto con su pequeña hija y defender su identidad frente al poder masculino.
La Maga, no soy yo es un proyecto entre la compañía mexicana Conjuro Teatro y el dramaturgo cubano Ulises Rodríguez Febles, que cuenta con el apoyo del Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Matanzas, Cuba, a través de la Casa de la Memoria Escénica, en el marco de su proyecto “Raíces Comunes”.
Hay que verlas, hay que debatir, hay que ser inteligentes.











