Leila Guerriero

LA FALTA DE BIOGRAFÍA EN LA ESCRITURA DE LEILA GUERRIERO

En la charla organizada por la Fundación Telefónica en Madrid, la periodista argentina Leila Guerriero conversa con su colega y amigo Guillermo Altares sobre su nuevo libro, La llamada, una obra de periodismo narrativo que relata la historia de Silvia Labayru, una sobreviviente de la dictadura militar argentina y del centro clandestino de detención de la ESMA. Guerriero explica los enormes desafíos éticos y emocionales de tratar una historia tan dolorosa sin juzgar a la protagonista y habla de la culpabilidad social que muchas veces cargan los sobrevivientes.

Ciudad de México, 4 de julio (MaremotoM).- Durante la conversación, Guerriero describe su método de trabajo como periodista: la importancia de investigar durante meses, entrevistar a múltiples fuentes y saber cuándo una historia está “lista” para ser escrita. También reflexiona sobre la relación compleja entre entrevistador y entrevistado, que evoluciona entre la confianza y el hartazgo mutuo.

Guerriero y Altares también dialogan sobre otros libros suyos, como La dificultad del fantasma (Anagram) y sobre sus referentes del periodismo narrativo: Truman Capote, John Hersey (Hiroshima) y Rodolfo Walsh (Operación Masacre). Comentan cómo estos autores establecieron un nuevo canon literario dentro del periodismo, fusionando investigación rigurosa con narrativa literaria. Guerriero expresa su respeto por la verdad, por los testimonios múltiples (aunque a veces contradictorios) y por el oficio como una forma de dar voz, sin distorsionar ni romantizar.

Finalmente, la conversación se mueve entre lo técnico y lo humano, entre los límites éticos del periodismo y la experiencia casi espiritual de contar historias ajenas. Guerriero remarca que su único compromiso es con el texto y la historia, no con la aprobación del entrevistado y que escribir implica una mezcla de humildad, coraje y obsesión.

Guerriero se cuida de no convertir a su protagonista en un símbolo, ni en una víctima cristalizada. “La supervivencia es un estigma”, recuerda que le dijeron a Silvia. La pregunta “¿Por qué estás viva?” sobrevuela muchas veces el relato —no como curiosidad morbosa, sino como una acusación silenciosa.

Ahí es donde aparece la Leila periodista. “Nunca me pregunté qué hizo Silvia para salir viva de ahí. Preguntar eso es asumir que hubiera sido preferible que estuviera muerta”, afirma. Esa renuncia al juicio moral es tan radical como honesta. No es desinterés; es una posición ética. “Los entrevistadores no debemos dejarnos encadenar al show del entrevistado”, dice. Una advertencia que vale oro en tiempos de reality emocional permanente.

“Mi límite es el invento.” Todo lo que escribe lo ha investigado, presenciado, escuchado o reconstruido con rigor. La verdad —palabra que ella misma trata con pinzas— se construye con matices, contradicciones y puntos de vista cruzados. “Cuando todo es demasiado perfecto y coherente, algo no está funcionando”, explica.

Otra frase memorable: “A veces la gente no miente: recuerda como puede.” Guerriero entiende que el trauma no solo distorsiona la memoria, sino que la reinventa para poder sobrevivir. El periodismo, en ese sentido, no busca certidumbre matemática, sino dignidad narrativa. Y cuando recoge un testimonio, no lo deja encerrado en una declaración judicial. Lo convierte en literatura sin traicionar los hechos.

La charla cerró con una declaración de principios que podría grabarse en la entrada de cualquier redacción:

“No escribo para hacer la autobiografía del otro, ni lo que su madre escribiría sobre él. Escribo con libertad.”

 

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