La casa de Lucho y Rosa

La casa de Rosa y Lucho, el clown callejero llevado a los escenarios

“¡Tercera llamada!”, escuchamos, y de entre el público aparece Iván —vestido con una camisa roja y un overol de pantalones cortos— corriendo con una cuerda que simula ser un perro, invitando de inmediato a que el público —principalmente niños— participe de una manera lúdica, riendo y celebrando sus ocurrencias circenses.

Ciudad de México, 19 de febrero (MaremotoM).- Cuando pensamos en el teatro objeto o de títeres es difícil no pensar en el autores contemporáneos como el maestro Carlos Converso y El oso que no era; Pablo Cueto con un poema (literalmente) objetual que versa sobre la vida de Federico García Lorca, cuyo título es Federico Granada y primavera; Edwin Torres y su maravillosa búsqueda interna que engarza su Nayarit con la Francia en la que murió el poeta peruano César Vallejo en su Heraldos negros o Luisa Aguilar con su estupenda La otra Frida, en la que da cuenta de los primeros años de la famosa pintora coyoacanense. En sus manifestaciones artísticas no sólo requieren de la destreza escénica para interpretar a los personajes, sino la sincronicidad de sus movimientos tanto con los títeres y/o los objetos que manipulan durante la función.

El clown tiene una cercanía con el teatro objeto en tanto a la manipulación, mas a ello se le suma la gesticulación y el casi nulo uso de las palabras para contar la historia que vemos en el escenario, sin soslayar el trabajo corporal que implica. El sábado 17 de febrero se presentó, la primera de dos funciones, en el teatro Vivian Blumenthal (Tomás V. Gómez 125, Col. Ladrón de Guevara), en Guadalajara, La casa de Rosa y Lucho, una obra de Iván Pavel Eterovic (Chile) —conocido también como Pavel Clown— y la compañía 8M Escena, que versa sobre el recuerdo y la añoranza de los abuelos. Cabe resaltar que este trabajo mereció en 2017 el premio “Le Grand imbecile” en el Festival de Clowns de Montreal y ha recorrido las calles de Cuba, Alemania y México.

Los elementos que aparecen en escena son cotidianos: una mesa, cubetas, vasos, sillas, un trapeador (Rosa), un destapacaños (Lucho) y un gran esqueleto de un cubo que fungirá como la entrada a la casa de los recuerdos del protagonista que nos mostrará a Rosa y Lucho entre cada uno de los cuatro cuadros que están marcados en el escenario. Esos objetos, tan conocidos por cualquiera, cobrarán un sentido poético-divertido gracias a la imaginación y manipulación del actor en escena.

“¡Tercera llamada!”, escuchamos, y de entre el público aparece Iván —vestido con una camisa roja y un overol de pantalones cortos— corriendo con una cuerda que simula ser un perro, invitando de inmediato a que el público —principalmente niños— participe de una manera lúdica, riendo y celebrando sus ocurrencias circenses.

La casa de Lucho y Rosa
Una suerte de peripecias cómicas antes del encuentro sensible del baile de Rosa y Lucho. Foto: Cortesía

Acto seguido, ese gran cubo que tenemos en el proscenio del lado izquierdo del espectador, será girado hacia el fondo del escenario como entrada al mundo al que hemos sido convocados para atestiguar: una suerte de peripecias cómicas antes del encuentro sensible del baile de Rosa y Lucho. Entramos a un teatro dentro del teatro gracias a ese esqueleto que se erige como bastión para la imaginación donde de pronto aparece una mosca molesta que se la pasa volando de un lado a otro, de tal suerte que el actor busca a toda costa terminar con ella ya sea entre el público o en él mismo. La sinergia que se logra entre los espectadores y actor fluye tan natural que pareciera que todos somos actores invitados a participar en la edificación de un recuerdo: uno ofrece un tenis que será utilizado como teléfono, pero también como uno de los zapatos de Rosa; otros más serán invitados al escenario a asistir al clown para mover el esqueleto rojo cada que es necesario cambiar de pieza, mientras que otros colaborarán en el armado necesario para “traer a la vida” a los abuelos.

Otro momento, sin duda memorable, es cuando el actor sirve agua en tres vasos que están rotos, por lo tanto el líquido se derrama e inicia un juego divertidísimo cuyo objetivo es pasar el agua de uno a otro vasos que después de varios intentos fallidos logra, con ese virtuosismo que únicamente la habilidad del clown puede, colocarse un vaso en la cabeza, uno en la mano derecha y otro más en la mano izquierda. La celebración del público es unánime. Aplauden, gritan. Iván está mojado de pies a cabeza, pero con la sonrisa propia del que se divierte con lo que hace.

El camino ha sido preparado con risas para el encuentro dancístico de Rosa y Lucho. El trapeador de color rojo servirá como la cabeza de la abuela, mientras que el destapacaños de color verde hará lo mismo con la cabeza del abuelo. Iván se enfunda un traje cosido ingeniosamente donde las vestimentas de los abuelos están unidas en una especie de abrazo y los anima en un baile que habrá de terminar aunque sea doloroso para él. Hemos sido invitados y testigos a la producción de ese juego escénico por los objetos de uso convencional que de pronto cobran vida y nos expresan emociones gracias a la manipulación de Pavel Clown. Durante una hora disfrutan los niños, mas los adultos tenemos la posibilidad de olvidarnos también de las atrocidades que ocurren y violentan en el mundo exterior, simplemente porque nos mimetizamos con la destreza escénica del actor.

Ver La casa de Rosa y Lucho seguro nos hará pasar un momento divertido sin importar la edad que tengamos. El sábado 24 de febrero se presenta nuevamente a las 17:00 horas, en el teatro Vivian Blumenthal. El boleto cuesta $150 pesos y puede comprarse en taquillas las del teatro o en Boletia.com.

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