El autor de No soy un robot (Anagrama) llamó a los periodistas a posicionarse políticamente para no ser sustituidos ante el ascenso de la IA y a tomarlo como un desafío para no “darnos de baja como humanos”.
Querétaro, Querétaro, 5 de septiembre de 2025. Juan Villoro (Ciudad de México 1956) escribió su más reciente libro No soy un robot, ante la imposibilidad de comunicarse con su hija millenial. “¿Por qué escribí este libro? Porque no puedo hablar con mi hija. Así, de sencillo. Mi hija tiene 25 años, pertenece a una generación digital y me comunico con ella estando en la misma casa por un WhatsApp. Si yo le hablo, se asusta y parece que se está incendiando la casa. Es una buena relación, pero es una relación que está mediada por todo este mundo robótico, luego ya nos reunimos y entonces hablamos de las series que ella vio. Cuando vamos caminando y entonces ella ve algo que le llama la atención para tomarse fotos y subirlas a Instagram y yo ya sé que nos vamos a quedar 25 minutos en esa esquina, ¿no? Es una cosa increíble”.
Al autor le pasaba exactamente igual al leer En busca del tiempo perdido, de Proust, un escritor extraordinariamente minucioso que se detiene durante páginas enteras a describir las cosas, pero como todos ha debido adaptarse y enfrentar estos predicamentos de la brecha generacional con un libro que reflexiona sobre el ascenso de la IA y la paradoja de tener que responderle a una máquina que no eres un bot.
El autor más solicitado del Hay Festival reflexionó en conferencia de prensa sobre las limitaciones literarias de la tecnología y cómo aunque se le ha pedido escribir poemas al ChatGPT, aún no puede procesar las emociones. “Entre otras cosas porque las máquinas no saben sufrir, no tienen nostalgia, no tienen emociones. Y entonces estas limitaciones les impiden superar sus quebrantos a través de la literatura porque la poesía no es otra cosa que la transformación del dolor en belleza y como las máquinas no sufren, pues no tienen este estímulo, pero pronto empezarán a sufrir de manera artificial. Es algo que parece de ciencia ficción, pero que ya está en el horizonte para nosotros. Entonces es por un lado es un desafío para ser mejores y no darnos de baja como humanos.”, vaticinó.
A punto de viajar a Bremen, donde estará seis meses dictando cátedra en la Universidad alemana, lanzó una llamada de alarma “para que no dejemos que nos sustituyan en todos los campos, lo que va a depender de la respuesta social que demos de manera organizada porque no hay una legislación al respecto, no hay medidas que se estén tomando para salvar a la gente”.
Según el también integrante del Colegio Nacional, los recientes 500 mil millones de dólares que aprobó Donald Trump para desarrollar la IA “no serán para darnos trabajo a nosotros, sino más bien para quitárnoslo”. No obstante, se confesó usuario ocasional de la IA, a cuyo chat más popular le ha preguntado cosas, aunque las respuestas no han sido de todo satisfactorias.
“La inteligencia artificial ahorita está en una fase de buena educación, de tranquilizarnos a todos porque sigue siendo programada y controlada por gente que sabe el temor que puede suscitar. Entonces, por ejemplo, te dice qué bueno que escribiste esto porque yo no tengo la creatividad para poder escribir de estas cosas.Tengo la información y me parece muy atinado cómo la llevas. O sea, se pone en su propio lugar y te da ciertos estímulos para que continúes. Evidentemente este es el uso público que tenemos ahora, pero el nivel que ya tiene la inteligencia artificial es muy superior y ya no somos la especie cognitiva más importante del planeta”.
Para él, “la gran pregunta es si la inteligencia artificial va a ser capaz de lograr lo que se llama la supersingularidad, que tenga ideas propias, que no comparta contigo y que incluso te contradiga. Es decir, que tenga esta personalidad desvinculada de los humanos”.
Una institucion de ancianos
Hace 10 años que Villoro entró al Colegio Nacional y su influjo ha traído una renovación de cuadros y una interdisciplina nunca antes vista. A pregunta expresa, habló del papel rejuvenecedor que inició en la institución a raíz de su inclusión.
El Colegio Nacional es practicamente “una institución de ancianos porque es un proyecto de jubilación y el rango que te dan es maestro, suena pomposo, pero es un poco triste porque es un maestro emérito de la nación, o sea, es un maestro jubilado de la Patria. Con el ingreso de Cristina Rivera Garza en literatura, Gaby Ortiz en música, ahora Alejandro González Iñárritu en cine, pues estamos haciendo otro tipo de cosas. Y también fomentar lo interdisciplinario”.
En esta década, Villoro participó con Carlos Coello, el investigador mexicano más influyente en computación, en los temas de inteligencia artificial. Incluso en temas de Química, materia odiada en su adolescencia. “Uno de los grandes calvarios que tuve en la vida fue estudiar la materia de química, donde nunca entendí nada y hasta la fecha me pregunto cómo pude aprobar esa materia. Y de pronto, Eusebio Juaristi, gran químico, me invitó a participar con él en el aniversario de la tabla periódica de los elementos. Era como si me hubieran invitado a celebrar una cámara de tortura, porque para mí la química era eso. Pero bueno, la literatura da para todo”.
La ponencia de Villoro al respecto versó sobre un grandísimo escritor, Primo Levi, quien fue químico y escribió una novela fantástica que se llama El Sistema Periódico, en la que cada personaje es representado con un elemento de la tabla periódica.
Villoro también ha hablado de eclipses con los astrónomos Susana Lizano y Luis Felipe Rodríguez, a propósito del eclipse que recientemente hubo en México y sobre discriminación con el jurista José Ramón Cosío. También le ha entrado a la arqueología con Eduardo Matos Moctezuma; a la capa de ozono con Mario Molina; a diseccionar la obra de José Emilio Pacheco, “uno de los conferencistas más exitosos en nuestro Colegio” e incluso “a alguna que otra travesura de teatro, recitales, performance y otras cosas medio locas”.
Sonriendo rumbo al abismo
Marcada por la amenaza tecnológica, la charla con medios giró de nuevo hacia los temas de la IA. Villoro recordó palabras del queretano Carlos Coello: “Hasta los años 90, si la máquina te daba un resultado, tú le decías, pero ¿cómo llegaste ahí? ¿Qué pasos diste? ¿Qué hiciste? Y la máquina lo tenía que hacer. Su capacidad aumentó tanto que los científicos se acostumbraron a no preguntar eso. Es decir, ahora reciben el resultado sin cuestionar la forma en que llegó ahí. Es más un acto de fe que un proceso de raciocinio, porque tú no sabes por qué tomó esa decisión. Y los seres humanos se acostumbraron, porque si no se hubieran acostumbrado, no hubieran podido seguir desarrollando con tanto entusiasmo la inteligencia artificial”.
La paradoja, según el escritor, “es que estas personas entusiastas están sonriendo rumbo al abismo. Es decir, ellos mismos serán pronto sustituidos por la máquina que están contribuyendo a desarrollar”.
Como ejemplo mencionó lo ocurrido el 21 de diciembre de 2012, cuando todo el mundo esperaba el fin del mundo según las profecías mayas y él se encontraba en Chichén Itzá haciendo una crónica.
“El ser humano, cuando tú le alertas de que algo puede suceder negativamente, no necesariamente trata de frenarlo. Al contrario, siente un morbo de ser el último testigo de eso. Toda la gente en la zona arqueológica me dijo, ya todos los hoteles están llenos, en vez de que la gente diga, se va a acabar el mundo, me refugio bajo tierra, no, lo quiero ver en primera fila, quiero estar ahí. Todo el mundo iba de turismo al Apocalipsis”.

Lo mismo ocurre con la IA, le tememos pero ahí seguimos alimentándola. Recordó también la huelga en Hollywood de los guionistas que se pusieron de acuerdo para contestar contra el uso de inteligencia artificial en los estudios de producción. “Ellos sabían que el 80 por ciento del gremio ya es sustituible. Es decir, no estaban diciendo somos mejores que las máquinas. Partían de la base de que las máquinas son iguales al 80 por ciento de ellos. Hay un 20 por ciento todavía de gran talento al que se le ocurre en Los Sopranos, Breaking Bad y algunas obras maestras más en las series, pero la mayoría son prescindibles”.
Llamado a la acción política
Villoro llamó a replicar este ejemplo, pidió a los periodista posicionarse políticamente y a organizarse socialmente porque es la única manera de lograr mantener los trabajos.
“Me tocó participar en la Semana de Derechos Digitales del Congreso hace mes y medio. Es la primera vez que el Congreso en México discute temas digitales. Pero todavía no hay una legislación. Y como ustedes saben, las leyes es una de las cosas más lentas que suceden. Entonces, cuando empiecen las primeras leyes, ya va a estar rebasada por la velocidad con que avanza la inteligencia artificial. Ya hay numerosos delitos digitales, como la sustitución de identidad, el hackeo, etc., que no se resuelven del todo. Entonces, necesitamos tener un activismo político para esto”.
Con una botella de agua en la mano destacó el enorme daño ecológica que la tecnología actual genera, pues por cada 100 palabras que se teclean en el ChatGPT, se requiere una botella de agua para enfríar el sistema”.
“Es un impacto ecológico absolutamente brutal, porque solemos pensar que la tecnología digital es etérea.Hablamos de la nube como si nuestros pensamientos estuvieran flotando entre los ángeles y la nube es un changarro gigantesco hecho de fierros, cables, etcétera, profundamente contaminante, que se tiene que enfriar continuamente con agua”.

Cada vez más nervioso sobre el tema, Villoro compartió otro dato escalofriante que sólo aumentará la brecha entre ricos y pobres. “Hay más de 20 millones de gentes que se dedican a programar a alto nivel, entonces esa gente en todo el planeta tienen un trabajo asegurado, pero los códigos LLM, que son los más importantes, están en manos exclusivamente de 200, en la cúspide de los programadores hay 200, estamos como en los tiempos de la China clásica, que los mandarines controlaban toda la inteligencia, es una superélite que gana más que un beisbolista de la serie mundial de Estados Unidos, es una cosa impresionante”.
Para concluir se dijo todavía a salvo de que mal usen su copyright, pues él firma contratos donde expresamente prohíbe el uso de IA para sus portadas o la corrección o en el proceso de creación del libro, pero pidió poner atención en temas educativos pues un estudiante que haga preguntas curiosas al CHATGPT puede hacer pasar un escrito como propio y se pierde la noción de autoría y derechos de autor porque la máquina responde con “alucinaciones”.
“Hace un cóctel de todo esto sin citas y lo que te está devolviendo es el trabajo de varias personas que durante años estuvieron investigando y opinando y te lo da como algo de inteligencia artificial y eso es particularmente grave y es algo que debemos saber. En el estado actual, la inteligencia produce lo que se llama alucinaciones, o sea, le preguntas mucho sobre algo y se siente obligada a responder y empieza a dar respuestas falsas. Incluso cuando le haces varias veces la misma pregunta como si no hubiera entendido, te da una respuesta diferente, alucinada. Entonces, las escuelas algunas están regresando a los exámenes hechos a mano, a los exámenes orales. Es decir, cuando la tecnología te rebasa, la mejor respuesta es la artesanía”.











