Desde diciembre de 2024, una guerra implacable ha cobrado la vida de varios influencers en México. Aparecieron volantes en avionetas sobre Sinaloa con rostros famosos acusados de vincularse al narcotráfico. Hoy, al menos seis ya han sido asesinados en lo que se ha vuelto un patrón mortal.
Ciudad de México, 19 de agosto (MaremotoM).- La cara y el cuerpo de Camilo Ochoa parece deshacerse frente a Adela Micha, la famosa periodista de La Saga. Ella no sabe comprender porqué él, un influencer y una persona empeñada en llamar la atención, vive así. Ha sido narcotraficante, ha sido torturado por los zetas durante un secuestro, ha estado preso y hoy cuenta sus “aventuras” frente a una pantalla.
A los pocos días de esta entrevista, Ochoa perecerá a manos de un hombre encapuchado, en el propio baño de su casa, con muchos balazos en el cerebro y el corazón y un crimen más en esta guerra de los influencers.
A principios de 2025, en Sinaloa, “La Mayiza”, facción del Cártel de Sinaloa, dejó caer desde avionetas volantes que señalaban a 25 influencers como “lavadores de dinero”, agregándoles amenaza de muerte.

Algunos nombres incluidos fueron: Peso Pluma, Markitos Toys, El Horny y Ana Gastélum.
Gail Castro (“Gail Toys”)
Asesinado el 28 de marzo de 2025 en Ensenada cuando llegaba a un restaurante. Era hermano del influencer Markitos Toys y su familia ha sido blanco de incendios, amenazas y ataques.
Otros influencers abatidos en Sinaloa: El Gordo Perucci, El Chilango (Juan Carlos López), El Jasper (Jesús Miguel Vivanco García) y El Pinky (Agustín Paúl), todos señalados en los volantes y víctimas de sicarios.
Camilo Ochoa (“El Alucín”) fue acribillado el 16 de agosto en su hogar en Temixco, Morelos, fue encontrado sin vida en el baño. Había sido incluido en la lista de amenazas y grabó un video póstumo denunciando persecución desde diciembre de 2024.
La violencia escaló con los volantes lanzados en enero de 2025, marcando a influencers como objetivos específicos del crimen organizado. Desde entonces, el flujo de asesinatos se mantiene constante.
Una tendencia alarmante
Estamos frente a un fenómeno sin precedentes. Influencers, jóvenes y figuras populares, se convirtieron en blancos directos del crimen organizado. Lo que empezó con una campaña de intimidación pública escaló a una cacería sistemática. México enfrenta hoy no solo una crisis de seguridad, sino también una violación alarmante del entorno digital.
Este conflicto no se limita a redes sociales: plantea dilemas sobre libertad de expresión, protección a creadores de contenido y la capacidad del Estado











