Haruki Murakami

Haruki Murakami, Premio Princesa de Asturias de las Letras

Convertido en autor de culto y traducido a más de cuarenta idiomas, Murakami es, según los especialistas, un escritor inquietante, con una prosa en la que se aprecian influencias de autores como Fiodor Dostoievski, Charles Dickens, Truman Capote y Mario Vargas Llosa.

Ciudad de México, 24 de mayo (MaremotoM).- La candidatura de Haruki Murakami al Premio Princesa de Asturias ha sido propuesta por María Sheila Cremaschi, directora para España del Hay Festival of Literature and Arts, entidad galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2020.

Escritor y traductor, Haruki Murakami nació en Kioto (Japón) el 12 de enero de 1949. Licenciado en Literatura por la Universidad Waseda y amante de la novela negra, durante los inicios de su carrera literaria regentó un club de jazz, siendo la música un elemento decisivo que recorre toda su obra, en la que confluyen el mundo cotidiano del Japón moderno y las referencias a la cultura pop.

Haruki Murakami
El esperado nuevo libro de relatos de Haruki Murakami. Foto: Cortesía

Convertido en autor de culto y traducido a más de cuarenta idiomas, Murakami es, según los especialistas, un escritor inquietante, con una prosa en la que se aprecian influencias de autores como Dostoievski, Dickens, Capote o Vargas Llosa (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1986).

El tono intimista, en ocasiones surrealista y con rasgos de inverosimilitud y humor, no evita, sino que se enfrenta a los más graves problemas sociales y a la lucha por la defensa de los valores humanos esenciales, insistiendo en el ansia de amor y en el sentimiento de soledad de sus personajes, que sobreviven entre lo real y lo onírico, entre la certeza y la incertidumbre constantes.

Su primera novela, Kaze no uta wo kike (1979) (Escucha la canción del viento, 2015), galardonada con el Gunzou Literature Prize para escritores noveles, dio origen a la conocida como Trilogía de la rata, que seguiría con 1973-nen no pinbōru (1980) (Pinball 1973, 2015) y Hitsuji wo meguru bōken (1982) (La caza del carnero salvaje, 1992) y por la que Murakami fue galardonado con el Premio Noma para nuevos escritores.

Haruki Murakami
De repente, fue como si me hubiera caído un rayo y supe con toda claridad que sería escritor. Foto: Cortesía

Es también autor de Sekai no owari to hādoboirudo wandārando (1985) (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, 2009), Dansu dansu dansu (1988) (Baila, baila, baila, 2012), Kokkyō no minami, taiyō no nishi (1992) (Al sur de la frontera, al oeste del sol, 2003) y las colecciones de relatos Zō no shōmetsu (1993) (El elefante desaparece, 2016), Kami no kodomo-tachi ha mina odoru (2000) (Después del terremoto, 2013), Mekurayanagi to nemuru onna (2006) (Sauce ciego, mujer dormida, 2008), Onna no inai otokotachi (2014) (Hombres sin mujeres, 2015) e Ichininsho tansu (2020) (Primera persona del singular, 2021). En 1987 alcanzó el éxito editorial con Noruwei no mori, título tomado de la canción de los Beatles Norwegian Wood, con el que vendió en su país diez millones de ejemplares y que fue traducido a 36 idiomas.

En 1991 se trasladó a Estados Unidos, donde ejerció como profesor en las universidades de Princeton y Taft. Escribió Nejimaki-dori kuronikuru (1995) (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, 2001). Ese mismo año, tras el terremoto de Kobe y el ataque con gas sarín perpetrado en el metro de Tokio, regresó a Japón para entrevistar a las víctimas y a los miembros de la secta religiosa Aum Shinrikyō, responsable del atentado.

Fruto de esas conversaciones es la obra de no ficción Andāguraundo (1998) (Underground, 2014), galardonada con el Kuwabara Takeo Academic Award (Japón).

Underground se trata de una obra rara en su producción, donde el autor de Tokio Blues y Pájaro que da cuerda al mundo, entre otros, incursiona en la no ficción y se vuelve una especie de periodista para narrar la violencia absurda que quitó la vida a una decena de personas en el metro de la capital japonesa mediante un atentado con gas sarín.

Era marzo de 1995 cuando en el mundo comenzó a hablarse de una secta religiosa llamada Aum Shinrikyo (Verdad Suprema), que protagonizó el incidente más grave del país asiático desde la Segunda Guerra Mundial. Murieron 13 personas, 54 personas resultaron heridas graves y casi mil resultaron afectadas directas.

“Me gustaría que durante la lectura de este libro prestasen atención a las historias de la gente. Antes de eso quisiera que imaginaran lo siguiente: es 20 de marzo de 1995. Lunes. Una mañana agradable y despejada de principios de primavera. El viento aún es fresco y la gente sale a la calle con abrigo.

Haruki Murakami
Tokio Blues, de Haruki Murakami. Foto: Cortesía

Así que usted se ha despertado a la misma hora de siempre, se ha lavado la cara, ha desayunado, se ha vestido y se dirige a la estación del metro. Sube a un tren lleno, como de costumbre, camino de su puesto de trabajo. Una mañana como muchas otras. Uno de esos días imposible de diferenciar en el transcurso de una vida, calcado a muchos otros, hasta que cinco hombres clavan la punta afilada de sus paraguas en unos paquetes de plástico que contienen un líquido extraño”, explica el autor de La peregrinación del chico sin color en el prólogo.

Entre 1996 y 1997, Murakami reunió 60 testimonios de familiares y sobrevivientes y la obra se convirtió en un éxito que agotó 270 mil ejemplares en sólo dos meses. Luego, para la edición inglesa, añadió los testimonios de algunos miembros y ex miembros de la secta para desentrañar los motivos que condujeron a aquel atentado.

“Aún todavía hoy existe un elemento de Aum, su poder de atracción y dirección, que no acabo de entender. ¿En qué residía su tremenda fuerza, qué atrajo a tanta gente, a mí incluido?”, se pregunta un ex miembro arrepentido de la secta, que todavía existe en Japón y cuyo líder, Shoko Asahara, ha sido condenado a muerte.

¿POR QUÉ HARUKI MURAKAMI ESCRIBIÓ UNDERGROUND?

“Una tarde me fijé casualmente en una revista que estaba encima de la mesa y me puse a hojearla. Leí por encima algunos artículos. Cuando terminé, eché un vistazo a la sección de Cartas al Director. No recuerdo por qué razón lo hice, quizá sólo por capricho, tal vez porque tenía tiempo libre, pues no suelo hojear revistas femeninas ni leer las cartas de los lectores”, explica el célebre escritor.

“Había una firmada por una mujer cuyo marido había perdido el empleo como consecuencia del atentado con gas sarín en el metro de Tokio. Por desgracia, le sorprendió cuando se dirigía a trabajar. Perdió el conocimiento, lo ingresaron en el hospital y, unos días más tarde, le dieron de alta.

Sin embargo, las secuelas que padecía le impidieron volver a trabajar en las mismas condiciones. En un principio, la situación no fue demasiado grave, pero pasó el tiempo y su jefe y sus compañeros comenzaron a hablarle con sorna. No pudo soportar la tensión creciente, la frialdad en las relaciones con los demás. Presionado por un ambiente hostil, terminó por dejar el trabajo”, agrega.

“La carta me conmovió. ¿Por qué había ocurrido algo así? No es necesario insistir en la gravedad de la situación que padecía aquel matrimonio. En lo más profundo de mi corazón me compadecí por su infortunio, pero comprendí, sin ningún género de duda, que de poco o nada serviría un simple “lo siento”. No podía hacer nada por ellos. Como la mayoría de la gente, suspiré, cerré la revista y volví al trabajo, a mi vida normal. Sin embargo, no pude olvidar la carta. Una insistente pregunta no dejaba de rondarme en la cabeza, un gran signo de interrogación: “¿Por qué?”.

Murakami, que sintió el deseo de conocer a la autora de la carta publicada en el periódico y sobre todo a su marido, víctima directa del atentado, comenzó así a hacer crecer el germen de Underground, un libro como dijimos raro en su producción, aunque leyéndolo no puede negarse la esencia de una escritura que siempre indaga en los porqués esenciales de la existencia humana.

Desde entonces, ha publicado Supūtoniku no koibito (1999) (Sputnik, mi amor, 2002), Umibe no Kafuka (2002) (Kafka en la orilla, 2006) y Afutā Dāku (2004) (After Dark, 2008). Con la recopilación de relatos Sauce ciego, mujer dormida obtuvo el Premio Internacional de Relatos Cortos Frank O’Connor (Irlanda). Entre sus últimas novelas se encuentran Ichi-kyu-hachi-yon (2009) (1Q84, 2011), Shikisai wo motanai Tazaki Tsukuru to, Kare no Junrei no Toshi (Los años de peregrinación del chico sin color, 2013) y Kishidancho Goroshi (2017) (La muerte del comendador, 2018 y 2019). Aún no traducida al español, este año 2023 ha publicado en Japón La ciudad y sus muros inciertos. Ha traducido a Raymond Carver, Francis Scott Fitzgerald, Truman Capote, J. D. Salinger y John Irving.

Premio Yomiuri (Japón, 1996) y Premio Mundial de Fantasía (EE. UU., 2006) ha recibido también, entre otros, el Asahi Prize (Japón, 2006), el Franz Kafka (República Checa, 2006), el Premio Jerusalén (Israel, 2009), el XXIII Premio Internacional de Cataluña (España, 2011) y el Hans Christian Andersen de Literatura (Dinamarca, 2016). Ha sido distinguido con la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno español (2009).

Haruki Murakami
Un gran premio para un gran escritor. Foto: Cortesía

SER UN BEST SELLER

Mientras este artículo se escribe, son innumerables las personas que abren un libro de Karuki Murakami (Kioto, 1949) en cualquier parte del mundo. “Eso es lo fascinante de ser un best seller, no hay que despreciar a quienes venden muchos libros”, dijo alguna vez en Guadalajara el autor italiano Alessandro Baricco.

El nuevo héroe japonés de la literatura, aquel que se hiciera mundialmente célebre con la inolvidable Tokio Blues ha vendido, efectivamente, muchos, muchísimos libros. Digámoslo con números: 4 millones de la novela que llevara el título de una canción de Los Beatles (“Madera noruega”), para dar cuenta de la existencia de uno de los autores japoneses más occidentalizados del mundo, después del malogrado Yukio Mishima (1925-1970).

Quizás en esa universalidad de los personajes que habitan el mundo fascinante del autor nipón, todos ellos aficionados a modos menos estructurados y poco atados a esa férrea tradición japonesa que consiste en trabajar mucho, pelear duro y mostrar poco los sentimientos, se halle la razón de quien ha pasado en poco tiempo a convertirse en un firme candidato al Premio Nobel.

Aficionado al jazz (tuvo un local de música llamado “El gato Peter”) desde que sus padres le regalaran un disco de Art Blakey & the Jazz Messengers, Murakami detesta tanto a los perros como a la celebridad. Cultiva un pánico extremo a ser conocido y son pocas las entrevistas que otorga y escasas las oportunidades en que se deja fotografiar.

Autor de una obra constante y exitosa que inició cuando tenía 30 años y, mirando un partido de béisbol en la televisión, decidió ser escritor, también ha vendido muchos ejemplares de una novela enorme de más de 600 páginas titulada Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

Vivió durante un tiempo en los Estados Unidos, donde a causa de un creciente desasosiego comenzó a experimentar una nostalgia de su Kobe, la ciudad arreciada por un terremoto en 1995 y por el Tokio de su descontento, que en ese mismo año sufrió el atentado con gas sarín en el metro que mató a 13 personas y afectó a cientos de pasajeros. Ya de regreso en Japón, Murakami acendró su origen y certificó los lazos con la tierra donde nació escribiendo sobre ambos episodios.

Las historias de Murakami comienzan a partir de un hecho trivial, insignificante y cotidiano. Tal vez así acontecen las cosas importantes en la vida. Un hombre de 30 años cocina espaguetis en la cocina de su departamento. Suena el teléfono: ese es el inicio de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. “Era un hecho tan simple, pero sentí que algo estaba ocurriendo allí”, dice Murakami. Al fin y al cabo, él escribe sólo para divertirse. “Escribo con la misma fascinación con la que leo: no sé qué va a pasar, no sé cómo sigue la historia, y eso me divierte mucho”, explica.

Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha casualmente mientras aterriza en un aeropuerto europeo una vieja canción de los Beatles, y la música le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de finales de los sesenta: así inicia la famosísima Tokio Blues. “Esa novela fue un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela, pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome”, declaró Murakami en 2007 al periódico español El País.

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Mientras este artículo se escribe, alguien, en alguna parte del mundo, está criticando a Haruki Murakami con ferocidad. Foto: Cortesía

Mientras este artículo se escribe, alguien, en alguna parte del mundo, está criticando a Haruki Murakami con ferocidad. Desde llamarlo “el mayor timo de la literatura japonesa” a “poca cosa endiosado”, los oponentes a sus libros masivos, plagados de guiños a la cultura pop, comienzan a hablar en voz alta. Lo mismo pasó con el estadounidense Paul Auster, quien cuando sacó El palacio de la luna en 1989 era un autor de culto y cuando comenzó a ser masivamente leído y célebre en el mundo, dejó de ser cool para muchos lectores snobs.

Murakami, que dice que quisiera desaparecer del mundo cuando no escribe, está ajeno a las disquisiciones sobre su obra.

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