¿Es Murakami un autor de mercado o un clásico moderno en construcción? ¿Se ha vuelto repetitivo, predecible o sigue siendo el cronista espiritual de una generación extraviada?
Ciudad de México, 6 de agosto (MaremotoM).- Desde que Tokio Blues (Norwegian Wood) irrumpió como un fenómeno global a fines de los años 80, Haruki Murakami ha sido una presencia constante en las listas de los más vendidos.
Más de tres décadas después, el escritor japonés —que acaba de publicar La ciudad y sus muros inciertos (Tusquets), su primera novela larga en seis años— continúa generando devoción y polémica por igual. ¿Es Murakami un autor de mercado o un clásico moderno en construcción? ¿Se ha vuelto repetitivo, predecible o sigue siendo el cronista espiritual de una generación extraviada?
Biografía mínima del escritor que corre
Haruki Murakami nació en Kioto en 1949, pero se crio en Kobe. Hijo de un profesor de literatura japonesa, creció más influenciado por la música occidental —el jazz, el rock, el soul, los Beatles— que por la tradición literaria nipona. Estudió teatro y abrió un bar de jazz con su esposa, antes de empezar a escribir casi por accidente a los 29 años. “Sentí que podía hacerlo. Compré papel, una pluma y empecé”, diría años después.
Su primera novela, Escucha la canción del viento (1979), obtuvo el premio Gunzo y dio inicio a una carrera insólita, marcada por la mezcla de realismo cotidiano y atmósferas oníricas, por la constante referencia a la cultura pop y por un tono introspectivo que, sin ser abiertamente confesional, resulta profundamente íntimo.
Entre sus libros más celebrados se cuentan Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla, 1Q84 y Hombres sin mujeres. Además de novelista, Murakami es un reconocido traductor (ha traducido a Carver, Fitzgerald, Capote) y ensayista y ha escrito sobre el atentado del metro de Tokio (Underground) o sobre su pasión por correr (De qué hablo cuando hablo de correr).
¿Literatura “fácil”? ¿Repetitiva?
La pregunta sobre si Murakami es un autor liviano o denso ha dividido aguas durante años. Sus tramas, cargadas de simbolismo y atmósferas extrañadas, pueden parecer simples en la superficie —hombres solitarios, gatos que hablan, mujeres enigmáticas, pozos que conectan realidades paralelas—, pero a menudo encierran un tejido emocional profundo, asociado con la pérdida, el vacío, la memoria y el deseo de trascendencia.

Al mismo tiempo, su estilo claro, minimalista y su manera de dosificar el misterio y el erotismo lo hacen accesible para lectores jóvenes o casuales. Esa ambigüedad es, quizás, una de sus claves de éxito: Murakami puede ser leído tanto por un adolescente de 15 años como por un académico de literatura comparada. ¿Liviano o laberíntico? Probablemente, ambas cosas.
Lo que sí es cierto es que su universo narrativo tiene repeticiones: el protagonista masculino taciturno, el mundo paralelo que irrumpe sin previo aviso, la música de The Beatles o de Thelonious Monk, los gatos perdidos, las chicas peculiares. Aunque más que una fórmula, esto ha creado un estilo reconocible, una marca Murakami.
¿Un autor de mercado?
Murakami es, sin duda, un autor de mercado: vende millones de libros, es traducido a más de 50 idiomas y cada nuevo lanzamiento es un evento global. Sin embargo, esta masividad ha sido, durante años, un obstáculo para su legitimación plena en el ámbito del “canon literario”.
En Japón, su figura genera cierto rechazo entre los círculos más tradicionales, que le reprochan no cultivar la herencia japonesa en su literatura y en Occidente ha sido varias veces ninguneado por los jurados del Nobel, a pesar de ser candidato permanente.
Esta tensión entre popularidad y reconocimiento intelectual todavía persiste. A diferencia de otros best-sellers, Murakami no banaliza los temas que toca: su literatura se pregunta por el sentido de la vida, por la identidad, por el trauma, por la historia oculta de las guerras, pero lo hace sin arrogancia, con una prosa que fluye como una canción suave, algo que le permite trascender generaciones. Su lenguaje tiene un instinto filosófico, sin caer de ninguna manera en la literatura “para el bienestar”.

¿Lo siguen leyendo los jóvenes?
A pesar de que su auge comenzó hace más de 30 años, Murakami sigue teniendo un fuerte vínculo con las generaciones más jóvenes. Tal vez porque habla del aislamiento, del vacío emocional y de la confusión existencial con una naturalidad que resuena incluso en tiempos digitales. Los adolescentes encuentran en él una forma de explorar el mundo interior sin ser juzgados, mientras que los adultos lo leen como un espejo melancólico del pasado perdido.
Además, su universo literario ha logrado insertarse en la cultura pop global: hay murakami-cafés en Tokio, adaptaciones cinematográficas (Drive My Car, basada en un cuento suyo, ganó el Oscar a mejor película internacional) y festivales temáticos. Su estilo ha influido en decenas de autores de distintas lenguas y su estética se ha vuelto reconocible incluso fuera del ámbito literario.
La ciudad y sus muros inciertos: ¿el regreso esperado?
Publicada en japonés en 2023 y ya disponible en español, La ciudad y sus muros inciertos es una novela que retoma muchas de las obsesiones murakamianas: la memoria, la pérdida, las ciudades invisibles, el amor que atraviesa dimensiones, pero también muestra una voluntad de síntesis, de serenidad.
Algunos críticos señalan que no hay sorpresas, que el estilo Murakami ya se ha vuelto demasiado predecible. Otros, en cambio, celebran el regreso a una forma más contenida y depurada, luego de las ambiciones mastodónticas de 1Q84. Lo cierto es que Murakami, a los 76 años, escribe como quien ya no tiene que demostrar nada, como quien ha comprendido que su universo es suficiente.
El peso de la soledad, la música de fondo
Haruki Murakami no es un revolucionario de la lengua ni un innovador estructural, pero es un autor con un oído perfecto para la tristeza, un narrador que ha sabido capturar las emociones más complejas con una delicadeza inusual. Es un escritor para quien la soledad no es un defecto, sino un estado del alma; para quien la música —de jazz o de pop inglés— es una forma de ordenar el caos del mundo.
¿Seguirá siendo leído en 50 años? Nadie puede garantizarlo. Aunque su literatura, tan repetitiva como necesaria, ha marcado a millones. Y eso, en tiempos de fugacidad, es una forma de permanencia.











