El franquismo fue, dice el autor, una ecuación simple: crueldad más mediocridad multiplicado por corrupción. Medio siglo después, aún cuesta explicarlo sin que alguien acuse de “reabrir heridas”. Pero los datos son tozudos: durante cuarenta años, España vivió bajo un Estado totalitario que negó libertades, prohibió lenguas, persiguió ideas y concentró en una sola persona —Francisco Franco Bahamonde— el poder más absoluto desde Fernando VII.
Ciudad de México, 28 de octubre (MaremotoM).- Cuando falta menos de un mes para que se cumplan cincuenta años de la muerte de Francisco Franco, España se enfrenta a una paradoja: una parte de su juventud no sabe quién fue, qué hizo ni qué significó su régimen. El dato es contundente: uno de cada cinco jóvenes cree que los años del franquismo “fueron buenos o muy buenos” y un porcentaje similar considera que la democracia actual es peor que aquella dictadura.
La conversación volvió a encenderse con la publicación del libro FrancoFacts, del historiador Fernando Hernández Sánchez y el dibujante Pedro Vera, presentado en el programa La Ventana de la Cadena SER, conducido por Carles Francino. El volumen desmonta, con rigor histórico y humor corrosivo, los mitos que aún circulan sobre el régimen franquista, esa “época de extraordinaria placidez” que algunos sectores de la ultraderecha han querido blanquear.

El libro nace, como explica Hernández Sánchez, de una preocupación que lleva décadas incubándose: el vacío educativo en torno a la historia reciente de España. “Desde hace más de treinta años, los programas de secundaria rara vez llegan al franquismo. Se estudian la Edad Media, la Moderna, pero el siglo XX se queda sin cierre. Ese agujero negro de conocimiento se agranda con el tiempo”, dice el autor.
Ese vacío es terreno fértil para la desinformación y la nostalgia. En las redes sociales, jóvenes que nunca vivieron la dictadura comparten memes, marchas legionarias o frases del Caudillo como si fueran piezas de cultura pop. “El cuñado digital”, lo llama el profesor, un personaje que repite bulos con total impunidad: que Franco fue incorruptible, que mantuvo a España neutral en la guerra, que no fue fascista sino “autoritarista”.
Cada uno de esos mitos tiene su capítulo y su ilustración: Franco saliendo de una cápsula de café con la marca “Ñespresso”, el dictador y Hitler compartiendo un plato de espaguetis “como en La dama y el vagabundo” o el general inventando el menú del día. Con humor, el libro recuerda que bajo el régimen no hubo paz sino miedo, censura, cárcel y muerte.

“Hay que sacar a Franco del Valle de los Caídos, sí —dice Hernández—, pero también hay que meterlo en las aulas.” Su propuesta es clara: una enseñanza sistemática y valiente de la historia reciente, para que el negacionismo no avance. Porque hoy los profesores enseñan bajo el miedo al señalamiento. “Existe lo que llamamos el ‘efecto escalofrío’: padres que acusan a maestros de adoctrinar solo por hablar del franquismo.”
El franquismo fue, dice el autor, una ecuación simple: crueldad más mediocridad multiplicado por corrupción. Medio siglo después, aún cuesta explicarlo sin que alguien acuse de “reabrir heridas”. Pero los datos son tozudos: durante cuarenta años, España vivió bajo un Estado totalitario que negó libertades, prohibió lenguas, persiguió ideas y concentró en una sola persona —Francisco Franco Bahamonde— el poder más absoluto desde Fernando VII.
“Este libro —escriben los autores en su prólogo— es una carga de demolición contra los lugares comunes que han blanqueado la dictadura.” Y lo es también contra el olvido, esa forma silenciosa de impunidad.
Porque cuando un chico de diecisiete años tararea “El novio de la muerte” en su móvil, no está homenajeando la historia: está celebrando una mentira. Y la historia, como recuerda FrancoFacts, no puede quedar en manos del algoritmo.










