Una biografía ficticia que corre paralela a los grandes acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI en Gran Bretaña y en la que los meandros de la historia van de la mano con las peripecias vitales de un personaje que comparte muchos rasgos con el autor. Eso es lo que dice la editorial, de una novela que en México conseguiremos en noviembre.
Ciudad de México, 14 de septiembre (MaremotoM).- Ian McEwan ha escrito una novela larga. Se llama Lecciones. Está editada en español, como sus 22 libros anteriores, por Anagrama. También tiene una versión en catalán, bajo el título Lliçons, por la misma editorial. En virtud de ello, ha dado una conferencia mundial, que como él contesta muy largo, ha tenido pocas preguntas, pero sí a un autor solícito, dispuesto a entregarse a estas dictaduras tecnológicas del zoom.
No sabemos si es por la iluminación, pero lo cierto es Ian se ve mucho más joven y claro que es recontraconocido, de hecho estamos a uno de los mejores escritores del mundo, pero algo como nostalgioso, como que no pasó hace mucho, recordamos a Martin Amis, el gran novelista desaparecido en mayo pasado, su gran amigo.
McEwan habla de su libro, obvio que habrá alguna pregunta ligada a la Inteligencia Artificial (no sabe qué contestar, la verdad), porque de eso hay que preguntarle ahora y otra relacionada con el sexo, porque siempre trae líneas, pero de pronto, cuando él recuerda a Amis y cuando trata de explicar por qué se dedicó a escribir (no quería trabajar, como todo el mundo), algo se descontractura en el ambiente y él se muestra como lo es: un autor que tiene poco para responder y que necesita ya mismo un abrazo.

Lecciones, de Ian McEwan –traducida al castellano por Eduardo Iriarte y al catalán por Jordi Martín Lloret bajo el título Lliçons–, en la que el autor inglés relata la vida de un personaje, Roland Baines, durante siete décadas. Una biografía ficticia que corre paralela a los grandes acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI en Gran Bretaña y en la que los meandros de la historia van de la mano con las peripecias vitales de un personaje que comparte muchos rasgos con el autor. Eso es lo que dice la editorial, de una novela que en México conseguiremos en noviembre.
“Se busca hogar para niño de un mes; renuncia absoluta. Escribir al apartado postal 173, Mercury, Reading”. Estas fueron las palabras con las que Rose Wort, la madre del escritor, buscó unos padres adoptivos para su primer hijo, a través de un anuncio publicado en el periódico local The Reading Mercury en 1942. El bebé había nacido de la aventura que estaba manteniendo, en plena Segunda Guerra Mundial, con David McEwan, un oficial del ejército, mientras su marido se encontraba luchando en el frente. Este, Ernest Wort, moriría dos años más tarde durante el desembarco de Normandíay Rose se casaría entonces con el que había sido su amante. Producto de este nuevo amor sería su segundo hijo, que nacería seis años después del primero y al que llamarían Ian McEwan.
No fue hasta sesenta años más tarde, en 2002, cuando el reputado novelista inglés se enteró de que tenía un hermano. Fue cuando este, un albañil que vivía a tan solo veinte kilómetros de la casa de McEwan y que se llamaba David Sharp, se puso en contacto con él gracias a los servicios del Ejército de Salvación y apareció en la vida del escritor cuando la fama y el reconocimiento ya le habían alcanzado: cuatro años antes había ganado el Booker Prize con Amsterdam y el año anterior había publicado su aclamada Expiación. Sin duda, parece una historia más propia de los mecanismos intrincados y rocambolescos de la ficción que de la vida real.
“Roland Baine es el tipo de persona que yo hubiera sido si no me hubiera dedicado a la escritura. Abandoné el colegio a los 16. Me hubiera dedicado a ser profesor de tenis a gente mayor. Una buena parte de la novela tiene una parte de descubrimiento, había algunas confrontaciones fundamentales y sin saber qué iba a pasar. De acuerdo a las lecciones de vida que todos debemos aprender, hay momentos oscuros que no están resueltos. Tienen que convertirse esos agujeros negros en parte de quien eres. Todos forman parte de ese equipaje que llevamos con nosotros. Ningún joven que escuche a una persona mayor dando un consejo, cazará nada de lo que dice. En toda forma, dar un consejo es escribir una vida y esta novela es mi lección, es el único consejo que realmente puedo dar”, afirma McEwan.

Ian McEwan (Aldershot, Reino Unido, 1948) se licenció en Literatura Inglesa en la Universidad de Sussex y es uno de los miembros más destacados de su muy brillante generación. En Anagrama se han publicado sus dos libros de relatos, Primer amor, últimos ritos (Premio Somerset Maugham) y Entre las sábanas, las novelas El placer del viajero, Niños en el tiempo (Premio Whitbread y Premio Fémina), El inocente, Los perros negros, Amor perdurable , Amsterdam (Premio Booker), Expiación (que ha obtenido, entre otros premios, el WH Smith Literary Award, el People’s Booker y el Commonwealth Eurasia), Sábado (Premio James Tait Black), En las nubes , Chesil Beach (Premio Nacional del Libro), Solar (Premio Wodehouse), Operación Dulce, La ley del menor, Cáscara de nuez, Máquinas como yo, La cucaracha y Lecciones y el breve ensayo El espacio de la imaginación. McEwan ha sido galardonado con el Premio Shakespeare.
La vida ideal para McEwan es el confinamiento. No desea que volvamos a sufrir una epidemia mundial, pero sí sabe lo afortunado que es haberse metido en su personaje a tiempo completo, con una agenda despoblada.
“Hay un elemento muy potente de memoria en esta novela. No hice ningún ejercicio de investigación, todo estaba allí para ser escrito. La memoria es como un calidoscopio y desde el inicio la novela siempre se ha interesado por narrar un tiempo subjetivo. Lo que intento decir es que la vida y la memoria se organizan de una vida distinta a la cronología. El tiempo juega con nosotros y muchos escritores han jugado con el tiempo, haciendo obras maravillosas desplegando una narrativa que no sea lineal”, dice Ian.
Una periodista le recuerda que Ian McEwan había dicho hace unos años que jamás iba a escribir sobre su hermano adoptado. Sin embargo, Lecciones, es sobre él. “Siempre me preguntaron sobre si iba a escribir mis memorias, pero enseguida estaba absorbido por una nueva novela. Estas son mis memorias, buena parte de mi vida familiar está ahí y acerca de mi hermano quería tratarlo más subjetivamente. La aparición de David fue algo muy importante, una gran alegría, pero además necesitaba una novela para explicar toda la historia. La novela es una de las maquinarias más bellas que hemos inventado para investigar la vida privada y la relación de la vida privada con la sociedad en el sentido más amplio”.
En el sentido de los hechos históricos que marcaron la vida del autor, se refiere a la Crisis del Canal de Suez, que marcó la resaca del imperio británico, ese querer dominarlo todo y ser mejor que el otro.
“Yo tenía ocho años, el autobús que me llevaba a casa, me llevó a una base del ejército donde estaba mi padre. Había una ansiedad en las autoridades británicas que los que estábamos viviendo en el norte de África (yo estaba viviendo en Libia) que podríamos estar en peligro. Durante 10 días estuve con mis compañeros de clase, sin padres, en el campo militar y pasamos los días mágicos de mi infancia. Me permitió saborear la libertad, de una manera que nunca me abandonó. La Crisis de Suez me posibilitó ser escritor, sólo podía ser libre como escritor”, afirma.











