José Jesús Sampedro hizo una labor cultural en su región que tuvo impacto a nivel nacional, similar a su manera a la que también haría el pintor Francisco Toledo en Oaxaca: saber mirar hacia tu interior de la tierra en que naciste y hacer cosas, por ella en la medida de tu energía y tus recursos personales y más allá, es algo que pocos logran.
Ciudad de México, 23 de julio (MaremotoM).- El poeta contestatario José de Jesús Sampedro y Ozzy Osbourne se fueron al mismo día: secreta simetría que une a los hombres que rompen paradigmas.
Menos conocido el zacatecano, su revista Dos Filos fue de lo pocos casos impactantes que había en movimientos literarios en provincia. Y nos dejó un libro extraño y muy Pink Floyd llamado “Un ejemplo (salto) de gato pinto”, que ganó el Premio Nacional de poesía Aguascalientes.
Desde el título podemos ver la apuesta en turno: surrealista y de osada técnica de collage muy positiva para un libro bastante oxigenador. Había un breve poema llamado “Inmaculada Concepción”, que me costó descifrarlo, porque parecía más una bitácora de vuelo de la serie Viaje a las estrellas.
Ganador del Aguascalientes en 1975, me sorprendió ver que uno de los jurados había sido el poeta Víctor Sandoval, de ahí de Aguascalientes, cuya Poesía era muy formal y totalmente contraria a la irreverente andanada de versos que ahí lanzaba al cielo José de Jesús Sampedro.. confieso que desde ahí empecé a respetar y ver de otra manera a ambos poetas y celebrar esa apertura de mentes.
Para bastante bien, noté qué mis amigos escritores del Culiacan de los 80 miraban mucho hacia él, hacia el proyecto de Dos Filos, hacia Zacatecas. Uno de sus alumnos, el duranguense Ricardo Hernandez Echavarri, residió en la bizarra capital de mi estado y prohijó una nueva hornada de poetas. Lamentablemente, esa marea no llegó a mi Mazatlán.
Heredera de la tradición de Revistas de provincia como tierra adentro, estaciones, Dos Filos, no sólo se convirtió en un proyecto Editorial, sino que tenía un formato muy atractivo, empezando con portadas de color, un diseño asaz juvenil y también una diversidad de temas todos con calidad.
Uno podía encontrar letras Traducidas de Leonard Cohen a la a la par de un impresionante cuento de David Ojeda, llamado “Franklin Hill”, donde se relumbraba un drama contado a diferentes tonos, a diferentes voces en párrafos cerrado. Era una perfecta clase de narrativa joyceana que un amigo escritor, José Santos Torres, usaba en sus talleres
En fin, uno encontraba artículos sobre música de rock, largos cuentos, sin uso de mayúsculas o poemas que habrían hecho ruborizarse a Maiakovski. Por eso, un amigo mío muy purista, a quien mencioné arriba, me decía que era una Revista de pandilla, pero en el sentido de qué era un formato bastante lúdico y no que fuese a una caterva o capilla. Recuerdo que era una sección de recuadros que servía como necrológica. En el último en número lo que vi ha habido una titulada. “New ghost: Jerzy Kosinski”.

No era la irreverencia su mejor carta. En un momento muy complejo de la historia del país, allá en 1991 me sorprendió ver un artículo sobre la figura del político Salvador Nava, quién poco antes de morir y enfermo de cáncer, realizó una gran jornada a favor de la democracia para impugnar la elección fraudulenta del gobernador Fausto Zapata en San Luis Potosí.
José Jesús Sampedro hizo una labor cultural en su región que tuvo impacto a nivel nacional, similar a su manera a la que también haría el pintor Francisco Toledo en Oaxaca: saber mirar hacia tu interior de la tierra en que naciste y hacer cosas, por ella en la medida de tu energía y tus recursos personales y más allá, es algo que pocos logran.
Cierro con un comentario que se une lo del inicio. Si bien me atrevo a pensar que a Sampedro le hubiera hecho gracia irse a saludar a San Pedro, al mismo tiempo que Ozzy Osbourne, también hubiera sido muy digno que la Cámara de Diputados también lo hubiese hecho un homenaje más allá de una esquela. Pero también, lo más poderoso es saber que a José Jesús Sampedro esas cosas no le interesaban ni le afectaban, vivo o muerto, tal como sucede con los grandes escritores, aunque sean portentosos secretos a voces como él.











