Dionisio sin maletas

DIONISIO SIN MALETAS | Crisis de la 4Ta. edad

Nosotros —la izquierda, los académicos, los profesores— hemos abandonado la política en manos de aquellos para quienes el poder real es mucho más interesante que sus implicaciones metafóricas, escribió Tony Judt en El refugio de la memoria.

Ciudad de México, 19 de mayo (MaremotoM).- En 1994 fui a mi primer mitin político en una plaza a reventar. El Ingeniero Cárdenas, en lo alto de un templete improvisado, megáfono en mano gritaba frases sobre una nueva izquierda, moderna, nacionalista y a favor de los más necesitados. Uno no podía más que electrizarse con la arenga y pensar que sí, que otro mundo era posible. Luego los años me ayudaron a abrir más los ojos y aprender que en México la politica es cíclica, y que ése mismo discurso lo escucharíamos cada periodo electoral cuando el país se refunda y uno, iluso,  se decanta por la Oposición que dice estar a la izquierda: “desde abajo”, “primero los pobres”, “igualdad”, “cambio ya”, “democracia”… palabras que no eran vacías hasta que esa misma izquierda llegó al gobierno.

Crecí en el noreste del país donde la empresa, el qué tal de chamba, el dime qué tienes y te diré quién eres, permean las relaciones sociales. Por ello es entendible que el PAN sea la fuerza partidista que mueve el pandero, así que, ser uno de esos que hablan de izquierda se vuelve harto complicado. Alguna vez en la escuela a la que iba a hacerme güey pedí en clase que leyeramos El Capital de Marx, ya no para ponerlo en práctica, sino por lo menos para entenderlo. Huelga decir que a partir de allí el estigma de rojillo me acompañó como valija vacía.

Cuento esto porque (como a muchos otros y otras) la real posibilidad de la llegada de AMLO al poder, a la realpolitik, significó un aura de Ya Chingamos, por fin ganamos, haremos lo que tanto anhelamos. Colaboré en la campaña, desde adentrito, sin saber muy bien qué azares del destino me llevaron a esos altos escenarios. La noche del 1 de julio del 2018 estuve festejando en el bunker del Hotel Hilton del Centro Histórico de la CDMX la algarabía de haber llegado al poder. Sí, creí, ¿y? Sigo pensando que ya no había espacio para seguir solapando el saqueo del PRIAN, pero muy pronto me di cuenta, como muchos, que las promesas de campaña son sólo eso, promesas.

Dionisio sin maletas

En el ocaso del sexenio de López Obrador sigo preguntándome, sin obtener respuesta alguna, cómo es que los que nos decimos de pensamiento de izquierda seguimos solapando que el Ejército se apropie de todo. ¿Dónde quedó la memoria de la Guerra Sucia? Poco falta para que los verdes empiecen a organizar, cuidar y regentear hasta las elecciones.

Cómo es que toleramos ver a MORENA convertirse en el viejo PRI, jugando al tapado aunque aún falten dos años de un gobierno que suena a vacío. Sí, como antaño, la elección está allí, en estos momentos y al interior del partido. Lo demás, en junio del próximo año, será una pantomima para jugar a que somos un país democrático.

Cómo soportamos la construcción del Tren Maya sin chistar, sin alzar la voz, sin pedir las mínimas explicaciones necesarias para embarcarnos a una obra de tal impacto. ¿Dónde quedó el cuidado de la Tierra por y para los pueblos originarios? Guardados en el baúl de los discursos de campaña porque, a la hora de ser gobierno, se hace lo que el gran tlatoani dicta, sin chistar, tragándose los sapos a la hora de decir Yo Apoyo a AMLO para luego repetir como chachalaca de antaño que el PRI robó más, que los conservadores, que los fifís, que la prensa vendida, bla bla.

¿En serio la 4T se enfrascó en una lucha -contra natura- pa’ darle en la madre al INE? Neta?! Si López Obrador llegó al poder fue por décadas de lucha, de censurados, acorralados, encarcelados, ¡muertos!, para que los móndrigos votos se contaran como debe ser, de uno en uno, sin maquilleo ni trucos y ahora resulta que el que llegó al poder -gracias a ello- quiere darle en la torre.

¿En serio Loret de Mola es un periodista serio? Con la tirria que le trae el presidente hasta parece que sí, qué ironía. Todos esos casos del hermano de López Obrador, lo turbio del hijo del presidente, Bartlett, Sansores, Guadiana, Salgado… qué, ¿nos hacemos como que no vemos y debemos decir que antes robaban más, que quieren desviar la atención y descarrilar a la 4T? De verdad, ¿no podemos autocriticar porque ello nos haría vernos débiles?

Entrado en mis cuarenta y muchos vuelvo a cuestionar casi todo. Muchas de mis respuestas conllevan la pesadumbre de un país que se nos va de las manos. Sí, puede ser la crisis de la mediana edad. Pero, quizá, solo es que al despertar, nos dimos cuenta que el dinosaurio todavía seguía allí.

 

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