Óscar Garduño Nájera

Comunicado carta o no sé qué diablos es

Si recordarle a un cliente que tiene un adeudo por treinta mil pesos es “amenaza” o “extorsión” estamos en un mundo donde ya no entiendo el significado real de las palabras y mucho menos si se confunde un comunicado con una carta. Ahora bien, si intenté llegar a un acuerdo para que esto no se nos fuera de las manos y le volví a pedir los treinta mil pesos que quedaron pendientes a Ximena Céspedes fue por necesidad, pues creo que nadie trabaja gratuitamente.

Ciudad de México, 27 de septiembre (MaremotoM).- La carta que se publicó en este medio el día 25 de septiembre, “Carta aclaratoria a Óscar Garduño Nájera” es tal cual su inteligencia lo demuestra: breve. Celebro que así lo sea. No hubiera podido con tanta inteligencia. No me provocaría nada, la carta, de no ser porque en alguna parte (tendríamos que definir nuevamente el género epistolar para entender que esto pretende ser una carta mal redactada) se solicita la “firme retirada inmediata de la mencionada nota de su plataforma y la publicación de (aquí no sé si falta un acento) una rectificación que aclare los hechos de manera veraz”. Punto.

Así es como se pretende violentar la libertad de expresión que tengo para señalar una inconformidad laboral valiéndome de mi columna en La Jornada Zacatecas, donde gracias a su Director, Raymundo Cárdenas, tengo más de diez años publicando, no me hacen un favor, es mi trabajo como periodista cultural por más de veinte años, su dichosa carta ni siquiera se tendría que haber considerado para publicarse en un espacio que es para las columnas, acaso en el buzón de los lectores, acaso lo mismo que una esquela, donde me quieren a mí como “cadáver” (espero entiendan el sentido del entrecomillado).

Y claro, pretenden que Hagerman Abogados sea la nueva Santa Inquisición y diga qué se puede publicar o no, dónde, cuándo y cómo, porque así es como funcionan ellos: así que, por favor, Hagerman Abogados, háganme llegar sus correos electrónicos para mandarles previamente todas mis colaboraciones, porque deben de saber que no solo colaboro en La Jornada Zacatecas y para que, con base en esa inteligencia que los lleva a confundir una carta con un comunicado, me digan si están de acuerdo o no con el contenido. Prometo acatar todas las órdenes. Y si se me dice que un comunicado con firma es una carta, lo aseguraré incluso en los libros de texto. Que ustedes dirijan lo que se debe o no se debe decir. ¿Para eso sirven los abogados?, no lo sé, la verdad procuro alejarme de ellos en cuanto sé cómo es que se mueven.

Otra vez. Para que les quede claro, abogados: coartar la libertad de expresión es un malicioso ejercicio que se sigue llevando a la práctica en un país que se precia de sus libertades individuales, pero yo no pienso tolerar que se me diga qué puedo publicar y qué no y menos retractarme porque no mentí en nada de lo que aseguro; supongo que lo mismo opinará el director de La Jornada Zacatecas: no podemos permitir que se pretendan este tipo de ejercicios donde se advierte de las consecuencias en caso de que no se elimine un contenido. Eso es violentar la libertad de expresión y hay que dejarlo bien claro porque es un derecho que ha costado sangre y muchas batallas de gente que no se ha dejado silenciar ni por un grupo de abogados ni por ningún poder.

Se agrega en la carta, insisto, hay que definir el género literario nuevamente: “aunado a que mis representadas están siendo amenazadas y extorsionadas por el señor (agradezco que me llamen “señor”, eso sí) Óscar Garduño Nájera.

Lo que se considera amenaza, supongo que un grupo de inteligentes llegaron a tal conclusión luego de reunirse durante horas, son correos electrónicos que le hice llegar a la distinguida señora Ximena Céspedes, directora de la agencia MWGROUP, para pedirle que me pagara la cantidad de treinta mil pesos de un presupuesto total de 100 mil pesos. Las cuentas ella las tiene. Las sumas y las restas incluso me hizo el favor de hacerlas. Si se requiere cuento con las facturas, porque, eso sí, no se quiso firmar un contrato de prestación de servicios y se pidió confiar en MWGROUP, pero con factura en mano.

El tiempo que se dio para la corrección de estilo y edición fue de muy pocos días, por lo que le comenté a Ximena Cespedes, y se lo dije en más de una ocasión, que al ser un trabajo exprés yo sí lo podía realizar, porque me considero apto y con más de veinte años de experiencia en la industria editorial, pero que se le cobraría un treinta por ciento sobre el presupuesto último. Ahora hagan cuentas.

Así se le hizo llegar y ella, la señora Ximena Céspedes, lo aprobó o al menos no hizo ningún señalamiento, por lo que, si las matemáticas no fallan, el costo total del trabajo del Tercer Informe del Gobierno de Sonora, presidido por el Gobernador Alfonso Durazo Montaño fue de 130 mil pesos.

Si recordarle a un cliente que tiene un adeudo por treinta mil pesos es “amenaza” o “extorsión” estamos en un mundo donde ya no entiendo el significado real de las palabras y mucho menos si se confunde un comunicado con una carta. Ahora bien, si intenté llegar a un acuerdo para que esto no se nos fuera de las manos y le volví a pedir los treinta mil pesos que quedaron pendientes a Ximena Céspedes fue por necesidad, pues creo que nadie trabaja gratuitamente.

Esa “amenaza” o “extorsión” son los correos electrónicos donde le cobré de una y mil maneras y nunca encontré respuesta; procedí a buscar una respuesta por parte del gobierno de Sonora y ocurrió lo mismo; procedí a buscar respuesta con el Gobernador Alfonso Durazo Montaño y… “all the rest is silence”. Algo ya estaba podrido para entonces y me tenía que hacer a la idea decirle adiós a esos treinta mil pesos, porque Ximena me acusó de trabajar no por gusto al trabajo sino al dinero.

Hasta aquí creo que me he apegado a la verdad, así que ni “extorsionador” ni “amenazador”, grupito de inteligentes, que confunden carta con comunicado: exigí los treinta mil pesos que se me adeudaban (el verbo en pasado es porque a esos treinta mil ya hasta les puse alitas y les canté las golondrinas) por un trabajo intelectual que se hizo y el cual se tuvo que explicar una y otra vez, pues las capacidades cognitivas del equipo del gobernador y de la propia Ximena son muy básicas y lo son, lo de las capacidades cognitivas, porque Ximena Céspedes no ha entendido que nos estaríamos ahorrando estos chismes de vecindad si ella hubiese cumplido con el contrato, si me hubiese pagado lo que aceptó y si no hubiera recurrido a prácticas de abuso laboral, porque aun sabiendo que parte del dinero del adelanto del trabajo lo había empleado para comprar una computadora y que mi hermana me prestó su TDC, me dijo: “si quieres hacer el trabajo dímelo de una vez, si no ya tengo quien lo haga, me devuelves el dinero que te di y punto” (no es la primera vez que me enfrentó a este tipo de violencia) o “no vuelvas a pedirme dinero, no te voy a dar más”  o soportar la comunicación errónea cuando le pedía que nos reuniéramos con el equipo del gobernador, una y otra vez y no ocurría.

Se entregó el trabajo, pasaron unas cuantas horas y la agresiva respuesta de Ximena Céspedes fue: “no están de acuerdo con el trabajo y no sé ni siquiera si nos vayan a pagar”. Y claro que me preocupé, no tanto por mi manutención, que como escritor uno aprende a perderle el miedo al hambre, pero sí por mi hermana, por lo que le adeudaba de una computadora que me había comprado con su TDC.

Y le pregunté a Ximena que era lo que no les había gustado, porque eso de “no están a gusto con el trabajo” puede aplicar lo mismo al Sensacional de Barrios que a la Enciclopedia Británica, con Borges incluido. Y Ximena Céspedes no me contestó. Entonces me señalaron una serie de errores, revisé el texto y le dije que yo no encontraba esos errores. Y otra vez el silencio. La ceguedad de Borges era propia de quien no encuentra los detalles de un texto de más de 500 páginas que se manejó en Word. Iba dando bastonazos porque no se me aclaraba cuáles eran los detalles. Se nombró uno y yo lo acepté: sí, Ximena, fue mi culpa, pero el error no era tan grave y de así quererlo se hubiese corregido en ese mismo momento.

Entonces le solicité a Ximena Céspedes que tuviésemos una reunión con el equipo del gobernador y con carácter de urgente, para que yo me enterara de aquello con lo que estaban inconformes de un documento de más de 500 páginas y hasta le aseguré que cualquier cambio aún lo podía mejorar ese mismo día y nada: otra vez el silencio, me dejó con “no sé siquiera si nos vayan a pagar”, hasta que días más tarde me pagó, pero sin los treinta mil pesos que ella, al no leer la cotización, supongo, me decía iba a ser un bono (como los que me daban en los call centers) y se me iba a dar como a los niños: si me portaba bien y entregaba el trabajo, lo cual, visto desde cualquier ángulo, es absurdo.

Recurrí a exponer el caso en distintos medios digitales porque de la parte contratante no había sino un muro de silencio. Ni una palabra. Ni un gracias. Es más: ni un insulto, que igual me habría gustado porque muestra la honestidad en la comunicación. Nada. Silencio total. Ximena Céspedes y su agencia pretendían desaparecer de manera impune sin pagar los treinta mil pesos que tenía pendiente porque, insisto, ella los aceptó en el presupuesto. Claro que ahora es fácil escudarse en negar lo mismo que San Pedro, porque ella misma sabe que nuestra comunicación fue por Whats y que ahora entiendo por qué, ella que tanto sabe de la comunicación digital me aplicó la de no dejar huella luego de cometer el crimen, como en las mejores novelas de suspenso, pienso ahora mismo en una de mi gran Simenon.

Al final de la carta y sí que tendríamos que imaginar un nuevo significado de carta, se amenaza a La Jornada Zacatecas y se asegura que “se están tomando las acciones legales correspondientes y espero que eso incluya el pago de los treinta mil pesos y que les corten las alitas para que aterricen en mi cuenta bancaria y luego en la de mi hermana, en contra del periódico, de La Jornada Zacatecas, sus editores y quien resulte responsable. Agradezco su atención y quedo a la espera de una respuesta”. ¿Quedo a la espera de una respuesta? Encima de que confunden comunicados con cartas firman sus comunicados como si se tratase de una carta de López Velarde a Margarita Quijano: quedo a la espera de una respuesta. ¿Qué falta? Sinceramente suyos.

Léase, por favor, lo entrecomillado en voz alta e identifíquese las peligrosas palabras: ¿Acciones legales en contra de un periódico?, ¿pretenden cerrar las oficinas de La Jornada Zacatecas? Esto dice Wiki de la libertad de expresión, listillos: “la libertad de expresión es un principio que apoya la libertad de un individuo o un colectivo de articular sus opiniones e ideas sin temor a represalias, censura o sanción posterior”. Léanlo en voz alta. Tan estoy en la libertad de ejercer mi libertad de expresión que, en la siguiente entrega, aquí o en otro medio, publicaré un texto relacionado con la fundación que acaba de dar a conocer Ximena Céspedes, ¿qué van a hacer, listillos?, ¿mandarme una amenaza para que no lo escriba?, ¿amenazar nuevamente al director del medio?, ¿van por la vida creyendo que la abogacía es coartar las libertades mediante amenazas?, son solo palabras, listillos, palabras: sono solo parole. Así que hagan lo que se les venga en gana.

Supongo que el presupuesto también lo aprobó el Gobierno de Sonora, el inteligente equipo del Gobernador Alfonso Durazo, ¿no se han dado cuenta que lo único que se está peleando es un incumplimiento de contrato donde quedó estipulado un 30% extra por tratarse de un trabajo exprés? ¿O es que Ximena no los puso al tanto y eso me correspondía a mí? ¿Puso Ximena al tanto a los abogados de lo riesgoso que es para ellos que pretendan censurar un periódico como La Jornada Zacatecas que se considera parte de un periodismo crítico e independiente?, quien resulte responsable, acusan los listillos abogados. No hay que darle tantas vueltas al asunto, amigos, el que resulte responsable es el que esto escribe.

Lo de tomar acciones legales contra el periódico es violentar la libertad de expresión de un medio de comunicación. ¿Pretenden advertirle al Director, Raymundo Cárdenas, qué es lo que se tiene que publicar o no?, ¿pretenden que me dejen de dar un espacio en el que tengo más de 15 años escribiendo de lo que se me pegue la gana, pues tal es la libertad que me da Raymundo Cárdenas.

No pienso contestar más y si lo hice es por la gravedad de la amenaza del texto, que no carta. No entiendo a qué medidas se refieren para corregir la información. Arriba están los números. Los resultados. Las condiciones en que se dio un trabajo bajo mucha presión. Esa es la verdad. No me gusta mentir.

Llevo más de treinta años escribiendo para distintos medios y afortunadamente he escrito para las revistas más importantes. Como autor también tengo una novela publicada y dos obras de teatro. Sé del periodismo y sé de lo peligroso que puede llegar a ser que se amenace a un medio de comunicación.

Que quede bien claro, por favor: el autor del texto soy yo, Óscar Garduño Nájera, y no La Jornada Zacatecas y el mismo periódico señala que las opiniones de sus autores son independientes a las del periódico, por eso es que durante más de veinte años La Jornada Zacatecas nunca me ha censurado ningún tema.

No se vale agarrarla contra un medio y contra sus editores. ¿Qué les van a hacer a los editores?a ¿laes van a advertir de lo peligroso que es publicar textos que no se tienen que publicar? ¿Les van a pedir que mientan con tal de afectar a un tercero?, de verdad, ¿qué van a hacer?

Amenazas. Extorsiones. ¿En serio, Ximena? Te Invito a que las des a conocer junto con todos los correos electrónicos, pero ya no en La Jornada Zacatecas, porque el equipo, que me mostró solidaridad, ya no se va a involucrar más, así que busca tus propios medios, tus redes sociales, tu blog, escribe un libro y yo te hago la corrección de estilo y la edición, ahora sí contrato firmado de antemano.

Yo lo puedo hacer, claro, lo de publicar todo lo antes señalado, pero, ¿saben?, es agrandar más un chisme de vecindad donde lo único real es que no se hizo un pago de treinta mil pesos de un presupuesto aceptado por la parte contratante. Sí, Ximena, fui un estúpido: no te pedí que firmaras un contrato y eso te da la libertad de manejar ahora la información a tu antojo. Alguien me lo advirtió: Óscar, no firmar un contrato de prestación de servicios es como ponerte una pistola en la cabeza. ¡Y mira que balazo de treinta mil pesos me ha costado!

Si es necesario también daré a conocer las capturas de pantalla donde, otra vez, se te hace llegar un presupuesto que aprobaste (con todo y esas caritas sonrientes), con el extra de los famosos treinta mil pesos.

Tengo también los recibos de honorarios a nombre de MWGROUP, ¿te acuerdas que en una ocasión ni siquiera me reconocía el RFC y me pediste confiar en la empresa? Se puede demostrar cuánto se pagó y se puede comparar con el presupuesto que en todo momento se le mostró a Ximena y cuando hubo que modificarlo también se hizo y ya de últimas le sugerí que pusiera atención a lo que leía, porque al parecer no nos estábamos entendiendo. Vinieron amenazas. Vinieron “escríbele a tal” y ese tal no contestaba hasta que ella lo autorizaba.

No pienso contestar a nada más y deslindo absolutamente a La Jornada Zacatecas, a su Director, Raymundo Cárdenes, periodista con una larga e importante trayectoria, y a sus editores (sé ve que los abogados desconocen las funciones de un editor en un periódico lo mismo que la diferencia entre carta y comunicado).

No volveré a publicar nada en este medio que tenga relación con el “affaire Tercer Informe de Gobierno del Gobierno de Sonora”. No volveré a insistir con el gobernador Alfonso Durazo Montaño, pero eso no me exime de poder escribir en otros medios, en otras revistas. Yo le advertí a Ximena: lo que se está haciendo es una injusticia y algo haré puesto que no me gustan las injusticias. Y menos la de quienes se aprovechan de la precariedad en el mercado editorial para tratar de manera violenta a profesionales. Y menos la de quienes se amparan en abogados para hablar a falta de una comunicación directa. No tengo miedo. Y ya se ve que la historia se repite: defiendo la verdad. Y seguiré dando la batalla. Esto no termina aquí.

 

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