¿Seguirá igual de fuerte la continuación de la historia? Borges opinó sin ironía que los primeros cincuenta años de Cien años de soledad fueron los mejores y Gabo reconocía que al final el libro tenía mucho vapor. Veremos dentro de un año el resto de el siglo de García Marquez si no acontece otra turbulencia social o económica en el moderno sistema de estudios. Vivimos desde Los soprano y The wire la era dorada de la series y muchos no nos hemos dado cuenta, así que gocémosla con sentido crítico y paciencia.
Ciudad de México, 15 de diciembre (MaremotoM).- Iniciemos con el inevitable e indescifrable lugar común: se dice que un buen libro nunca da una buena película y viceversa. No siempre será el caso, pero son dos artes tan diversas y dispersas que la discusión en pie se mantiene.
Netflix lo asume, luego de que en vida y éxito, Gabriel García Márquez se negara a dar al paso al celuloide. Llegó a rechazar a Anthony Quinn cuenta la conseja. Sus dos hijos herederos ahora decidieron dar ese paso en el formato de la series, el lenguaje del Siglo XXI, ya que así se permitiría la versión extendida. Y les creo: alguna vez García Márquez declaró que siempre deseó hacer una telenovela, pero se refería a algo bien hecho y no a los melodramas de los 80.

Comienza la polémica y empiezan las réplicas. Sergio del Molino, flamante Premio Alfaguara 2024, opinó en El País lo siguiente sobre la serie Cien años de soledad transmitida en Netflix:
“Una fotografía más propia de un anuncio que de un drama, composiciones de planos que parecen pósteres y una desgana interpretativa que a veces raya en la parodia hacen de Macondo y los Buendía algo muy aburrido y plano. Cuando el niño Aureliano empieza a mostrar sus dotes premonitorias, ni la propia Úrsula (insípida, como casi todo el elenco, donde ni un personaje brilla o enamora) parece sorprenderse demasiado: a esta magia se le ve el truco todo el rato”.
Sergio del Molino por el momento es un buen escritor español posicionado por el premio; quisiera leer la opinión de algún colombiano. ¿Qué tanto les parecerá a ellos un montaje o el rescate de una página recuperada del calendario de los amados bisabuelos?
Personalmente coincido en varios detalles, pero si la he disfrutado es porque permite acercarnos a un entorno lo más parecido al que provocó la novela. Solo la familia tiene acceso directo a las verdaderas claves de Melquiades. Solo los hijos de García Márquez podrían y pueden vislumbrar qué tipo de ambientes, objetos y rostros, nutrieron el imaginario de su padre al enfrentar la escritura de esta irrepetible novela.

Quizás como siempre, falla el tono al adoptar un aliento narrativo canónico, muy respetuoso del original -como debe ser- y hubiera venido bien un aire de jocosidad como él del viejo cine mexicano, del cual sin duda abrevó García Márquez, ya que la novela tiene un ritmo de bolero: no es por nada que la sangre de un asesinado se va directo a la casa de la madre como si fuera la letra de un tango.
La actuación tan solemne y hierática tal vez haya sido parecida a la actitud cotidiana de esas personas aisladas, mas cercanas a la naturaleza salvaje y al mundo indígena, que a la cultura criolla. Eso se agradece en un mundo donde vemos historias ambientada en Roma o el antiguo Egipto donde los protagonistas tienen entre sí un trato chabacano, como gringos de clase media en la mesa del comedor, y nada que ver con la solemnidad de los grupos tribales y patriarcales del ayer.
Ese riesgo para algunos ser un lastre. El único actor que noto “suelto” es al capitán Roque Carnicero en los tiempos finales, pero no olvidemos como el monolitismo de Pedro Armendáriz y Dolores del Río era tomado muy natural por los espectadores.
Ese tratamiento con un tono de las Santas Escrituras puede crear una brecha ante el espectador; a ratos me parece más una adaptación de Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, cuyos capítulos finales son muy parecidos a los primeros de “Cien años de soledad”… incluyendo la armadura descubierta en la selva y las mariposas volando en un sepelio.
Me hubiera gustado un narrador en tono neutro o costeño, pero el libro es de todos los colombianos. Y los colombianos también son formales, por algo le hablan a la novia de “usted” en todas las narcoseries, nuestra lamentable referencia más inmediata. Ese país en el pasado ha dado series dignas como La otra raya del tigre sobre sus inmigrantes alemanes o “Escalona”, artista del Vallenato y amigo de Gabo. Ésta revela cuidado, decoro y la producción nos permite ver cómo poco a poco se construye un pueblo.
Hay calidad, superior a la de otras series latinoamericanas de Netflix. Pero que mejor que la haga un equipo de talento con conocimiento inmediato y no tener que esperar 50 años -el tiempo de vigencia de los derechos de autor- a que otro “crew” nos imponga un verdadero anuncio de café colombiano con la fobias y luchas sociales de aquel futuro e impensable momento.
Hallazgo y guiño:
Hay una escena, a los 10 minutos del capítulo 3, en la que Aureliano Buendía va a la tienda de los turcos a comprar ácido y hojas de oro es un guiño familiar y al futuro: la chica que lo ve al otro lado del mostrador es una versión previa de Mercedes Barcha, quien era hija de inmigrantes árabes y de quien Gabriel García Márquez se enamoró viéndola en la tienda familiar, aunque aquí no la mira.
Aureliano es una versión alter ego de joven Gabriel García Márquez, mientras que José Arcadio hijo, de su hermano disoluto y burdelero que en la vida real mandaron al reformatorio, pero aquí mejor se va con los gitanos. Y al parecer el padre de don Gabriel era bastante irresponsable, pasaba días en locos proyectos como lo hace el mismo de la novela y la serie, solo que en vez de alquimista era un falso médico homeópata un poco adepto a las infidelidades. (Léase “Vivir para contar la”)
Existe una escena similar en la novela, pero es casi al final, cuando Macondo se ha convertido en una versión moderna de Barranquilla… ¿si se dieron cuenta? ¿La recuerdan, lectores de la novela? Ahí compara a la dependienta con una mirada de serpiente del río Nilo.
Secreto guiño que hicieron los hijos al incluir a sus padres, simbólicamente, en la serie. Para eso sirven el cine y la literatura: unir a los vivos y a los muertos en un solo instante de realismo mágico.
¿Seguirá igual de fuerte la continuación de la historia? Borges opinó sin ironía que los primeros cincuenta años de Cien años de soledad fueron los mejores y Gabo reconocía que al final el libro tenía mucho vapor. Veremos dentro de un año el resto de el siglo de García Marquez si no acontece otra turbulencia social o económica en el moderno sistema de estudios. Vivimos desde Los soprano y The wire la era dorada de la series y muchos no nos hemos dado cuenta, así que gocémosla con sentido crítico y paciencia.











